Tres días en mayo

Tras su paso exitoso por el Teatro Helénico a mediados del año pasado, la obra Tres días en mayo tiene una nueva puesta en escena que se prolongará hasta el 9 de abril en el teatro Julio PrietoXola de la Ciudad de México. Además, ha salido de gira en numerosas ...

Tras su paso exitoso por el Teatro Helénico a mediados del año pasado, la obra Tres días en mayo tiene una nueva puesta en escena que se prolongará hasta el 9 de abril en el teatro Julio Prieto-Xola de la Ciudad de México. Además, ha salido de gira en numerosas ocasiones y se puede ver en otras ciudades del país.

La obra, escrita por el joven dramaturgo Ben Brown, con traducción de Noé Morales y dirección de Lorena Maza, es una producción de la Sociedad Artística Sinaloense, y gira en torno a tres días aciagos para Sir Winston Churchill y sus colaboradores más cercanos a la cabeza del Imperio Británico, que en 1940 llevaba ya un año enfrascado en la Segunda Guerra Mundial con un costo muy alto en vidas y una baja notable en armamento.

La acción sucede en una sala de juntas del 10 de Downing Street, residencia oficial del primer ministro de Gran Bretaña, cargo que a la sazón Churchill acababa de asumir tras la caída en desgracia de Neville Chamberlain por el fallido acuerdo de Múnich.

La escenografía en Tres días en mayo se compone únicamente de una larga mesa y las sillas de esta sala de juntas, cuyas paredes se visten de un enorme mapa, en blanco y negro, que representa la Europa de la Segunda Guerra Mundial. Una iluminación tenue enmarca a siete hombres sumergidos en una discusión. Los conservadores se inclinan por pactar con Italia y Alemania, los laboristas quieren confrontar a Hitler con más fuerza y determinación. Ésa era la intención de Churchill, quien dudaba de poder convencer al Parlamento de que tras el fracaso en Munich no se podía confiar en el führer.

Sergio Zurita, que ya caracterizado guarda un parecido sorprendente con Churchill, es quien lo interpreta en el escenario; su trabajo es bueno, aunque por momentos fuerza demasiado la voz. Lo acompañan Luis Miguel Lombana, muy convincente como Neville Chamberlain; José Carlos Rodríguez también convence como Lord Halifax, Pedro Mira es Clement Atlee, José Carriedo es Arthur Greenwood, Nicolás Sotnikoff es el primer ministro de Francia Paul Reynaud y Juan Carlos Beyer da vida al general Dill, ministro de guerra de Gran Bretaña. Fernando Bonilla interpreta a Jock Calville, secretario del primer ministro, y además juega un doble papel al dirigirse al público, siempre desde su personaje, para dar una suerte de hilo conductor a la trama.

Se trata de una buena puesta en escena, con ritmo, suspenso y hasta pinceladas de sentido del humor, que recrea una polémica intensa, muy grave. El espléndido texto de Ben Brown desarrolla una ficción bien armada con bases históricas y reinventa lo que pudieron haber sido esas 72 horas que hicieron la diferencia entre el sometimiento al poder nazi o la libertad y soberanía con el alto costo de las vidas de más de 60 millones de personas. La feroz maquinaria de guerra de Hitler no dejaba alternativas; probablemente el mapa del mundo sería diferente hoy en día.

Es muy recomendable. Le recuerdo que se representa hasta el 9 de abril.

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