Dos días, una noche

La actriz francesa Marion Cotillard va construyendo una carrera impresionante en lo que hace a la buena selección de proyectos que son valorados por la crítica a nivel internacional. Muy expresiva, sensible, talentosa, y con un rostro con el que la cámara se entiende ...

La actriz francesa Marion Cotillard va construyendo una carrera impresionante en lo que hace a la buena selección de proyectos que son valorados por la crítica a nivel internacional.  Muy expresiva, sensible, talentosa, y con un rostro con el que la cámara se entiende bien, Cotillard domina el lenguaje corporal y no verbal, y su cálido estilo interpretativo recuerda al de su paisana Juliette Binoche.

El reto de dar vida a todo un icono francés, Edith Piaf, en La vida en rosa, le valió entre muchos premios el Oscar a la Mejor Actriz en 2007. Su segunda nominación, de nuevo por una película hablada en francés,  la obtiene por la película que hoy nos ocupa: Dos días, una noche (Deux jours, une nuit, Francia 2014), escrita y dirigida por Jean Pierre y Luc Dardenne.

En muchos sentidos, la cinta presenta las características de las otras películas de estos realizadores: el tema gira en torno a las dificultades del mundo de los obreros y clase trabajadora de suburbios de Francia y Bélgica; la puesta en escena es austera y honesta, recrean a seres humanos comunes y corrientes con los que por lo tanto es fácil identificarse; la cámara no se despega de la protagonista haciendo que el espectador casi sienta los latidos de su corazón. Son grandes directores de actores con los que establecen un fuerte lazo que se refleja en la pantalla, y que favorece la confianza y entrega de los intérpretes. Seguramente Marion Cotillard repetirá muy pronto en un trabajo a las órdenes de los Dardenne.

El argumento en Dos días, una noche plantea, como en otras de sus películas, la crisis personal, de pareja, familiar, profesional y hasta de amistad, de Sandra, una mujer que ha estado temporalmente separada de su trabajo como obrera en una fábrica a causa de una depresión nerviosa. Como una muy representativa muestra de la clase trabajadora europea, Sandra vive con su esposo Manu (Fabrizio Rongione) y dos hijos pequeños. Salen adelante con dificultades económicas, pues el sólo sueldo de su marido es insuficiente para sostener su modesto tren de vida.

La historia arranca un sábado cuando Sandra se entera de que sus patrones han decidido despedirla, pues en su ausencia confirmaron que el mismo trabajo que hacían 17 empleados, lo pueden hacer 16. De manera casi perversa proponen a los compañeros de trabajo, y más que eso, amigos de Sandra, que elijan entre despedirla definitivamente de la fábrica y que se les adjudique a cada quien un bono de mil euros,  o que la reinstalen sin que nadie reciba esa gratificación extraordinaria. La decisión se tomará en una votación el lunes siguiente.

Cargando todavía con su enfermedad y en una delgadez extrema, Sandra decide dedicar los dos días y la noche del fin de semana a visitar, uno por uno, a sus compañeros de empleo, y con ese recurso los Dardenne despliegan un mosaico de conductas y reacciones humanas, que van desde la agresión física con el  rechazo absoluto a apoyarla, a la solidaridad incondicional aun a riesgo de no recibir un muy necesario bono, pasando por la desconfianza, el escepticismo, el egoísmo, el desinterés.

Marion Cotillard conmueve en su recreación de Sandra, que además de luchar contra el tiempo y algunas reacciones indiferentes de los compañeros a quienes consideraba sus amigos, lucha sobre todo contra ella misma, casi sucumbe a los remanentes de su depresión, su falta de fe en sí misma, la densa pesadez que la invade.

Dos días, una noche es también una historia de amor, la de Sandra y Manu, que se mantiene firme junto a ella. Paciente, gentil, entusiasta, amoroso en los meses de su aguda depresión, y que ahora la estimula a seguir adelante, a tratar de convencer a cada uno de esos 16 de los que depende que ella recupere su tan necesitado empleo.

Junto con la desgarradora El niño, ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2005, ésta puede ser una de las mejores películas de los hermanos Dardenne.

                No se la pierda.

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