Por Francisco Francisco André* y Francisco Vera Manzanares**
El momento histórico que vivimos está marcado por la tecnología a niveles nunca antes experimentados por la sociedad. Hoy, como en ningún otro momento de la historia, tenemos acceso a información en diversos formatos que van desde aplicaciones, bibliotecas digitales y archivos sonoros, hasta la inteligencia artificial.
Esta tecnología abre un universo de posibilidades, haciendo más accesible el conocimiento para todos y todas y permitiendo ser más eficaces en la manera en la que abordarmos los retos públicos, desde la salud hasta el medioambiente. Al mismo tiempo, esta tecnología nos expone a la desinformación y a la polarización, siendo en ocasiones un obstáculo para la convivencia y el diálogo.
La tecnología, sea mala per se, como dijo algún día del siglo XVI el médico Paracelso, el veneno está en la dosis: la tecnología es una herramienta que puede servir para apoyar la producción de conocimiento o puede servir para hacernos más dependientes y menos críticos.
En este marco, se presentan las ferias del libro que, a nivel local o internacional, aún siguen teniendo lugar a lo largo y ancho de nuestro mundo como una manera de reivindicar el pensamiento crítico, el valor de la lectura y del diálogo y el encuentro colectivo con otras personas como un pilar importante del tejido social.
Justamente en días pasados se llevó a cabo la Feria Infantil y Juvenil Filiaz Aztlán (FILIAZ) en la Ciudad de México, cuyo invitado de honor fue la Unión Europea.
¡Cuántas oportunidades nos abre la lectura! En esta FILIAZ hemos podido ver las brillantes ideas de cambio que están en las mentes de los niños, niñas y adolescentes mexicanos, con los sentimientos que compartimos y las manos que erigirán aquellas realidades que tanto deseamos. Porque hablar de literatura infantil es hablar de futuro, de inclusión y de prosperidad para todos.
En tiempos que parecen tan oscuros en todo el globo, donde estamos padeciendo una crisis climática que es, a la fecha, la amenaza existencial que enfrentamos; en donde observamos conflictos armados de la mayor brutalidad; en donde aún nos enfrentamos a hambrunas, desigualdad y pobreza; y en donde los autoritarismos están en ascenso, la lectura se erige como un símbolo de Ecoesperanza porque nos permite imaginar otros mundos. Imaginar y dialogar es el primer paso para poder construir y hacerlo posible un mundo más sostenible y en paz.
Leer nos permite imaginar y necesitamos leer mucho para imaginar y construir colectivamente otros presentes y futuros posibles mucho más inclusivos, pacíficos, sostenibles y respetuosos con las personas, los animales y los ecosistemas, otros futuros en donde dejemos de estar en guerra con la vida.
La crisis ambiental y climática no es sólo una cuestión de tecnología o políticas públicas, sino también de comprensión y de cultura. En un mundo saturado de información rápida y fragmentada, la lectura profunda se convierte en una herramienta esencial para desarrollar pensamiento crítico, entender la complejidad de los sistemas naturales y combatir la desinformación. Leer nos permite recuperar la memoria ecológica —recordar los paisajes que fuimos—, fortalecer nuestra capacidad de atención y, sobre todo, reconstruir el vínculo emocional con la naturaleza. Porque difícilmente protegeremos aquello que no comprendemos ni sentimos.
Las ferias del libro, como la FILIAZ, son punto de encuentro entre personas de diferentes pensamientos, orígenes, edades y formas de habitar el mundo constituyen una manera de construir un marco de convivencia democrático basado en el respeto.
Quisiéramos destacar dos actividades que tuvieron lugar en el pabellón de la UE en la FILIAZ. En la primera, niños y niñas mexicanos escribieron cartas de solidaridad, amor y apoyo a niños y niñas de Ucrania, un país que ha sufrido una terrible agresión por parte de Rusia desde hace unos cuatro años. Estas cartas representan la esperanza en las generaciones futuras y en la importancia de la empatía en las relaciones humanas, incluso a miles de kilómetros de distancia. También tuvimos el gusto de presentar EKOLOKID, un libro-guía que conecta el viaje con la conciencia ambiental desde la infancia, demostrando que también se puede aprender a cuidar el planeta pasando páginas.
Mientras vivamos en esta tierra ningún dolor que sufra otro humano nos es ajeno y es a través de los libros, las ferias y los encuentros que lo recordamos y nos sensibilizamos.
En estos tiempos retadores que vivimos, leer nos permite cambiar el mundo y soñar. Apostar por la lectura es, en última instancia, apostar por una ciudadanía más informada, más sensible y mejor preparada para afrontar el gran desafío de nuestro tiempo: imaginar y construir un futuro sostenible.
Gracias a todas las personas que hacen posibles estos espacios.
*Embajador Francisco André.
**Francisco Vera Manzanares, creador del movimiento Francisco Activista.
