Una loca entrevista

Ampliamente favorecida por las palabras “escándalo”, “censura”, “prohibido” que han convertido en fenómenos mediáticos y comerciales a muchas películas, a veces de dudosa calidad, se suma a esa lista Una loca entrevista The interview, Estados Unidos, 2014. ...

Ampliamente favorecida por las palabras “escándalo”, “censura”, “prohibido” que han convertido en fenómenos mediáticos y comerciales a muchas películas, a veces de dudosa calidad, se suma a esa lista Una loca entrevista (The interview, Estados Unidos, 2014). Aunque a raíz de las amenazas de Corea del Norte que sólo motivaron que se le diera amplia difusión a través de internet y redes sociales, también se estrenó comercialmente y llegó a México el jueves pasado.

Llevando en la mano la bandera de la “libertad de expresión”, el realizador y protagonista Seth Rogen, el actor y coproductor James Franco, los guionistas y el resto del equipo junto con Sony Pictures y Columbia Pictures, deben seguir privados de risa ante el fenómeno (rayando en lo ridículo) que se echó a andar cuando el pueblo norcoreano y su dictador Kim Jong-un se sintieron amargamente agraviados por la parodia “a la gringa” que se hace de su país, su gobierno y su persona en una pésima película, mal escrita, boba, vulgar hasta la saciedad y muy mal actuada. Una loca entrevista hubiera pasado sin pena ni gloria, pero el escándalo vende, y vende bien.

Cuando los norcoreanos se vieron caricaturizados en Una loca entrevista, se lanzaron a amenazar con supuestos ataques terroristas contra las salas en las que la película se viera exhibida en territorio norteamericano, poniendo a ambos países al borde de un conflicto diplomático. “¿Recuerdan el 11 de Septiembre?”, fue la pregunta y con ella la provocación que atemorizó a Sony, que ya tenía una larga cola bien pisada por las intervenciones a la privacidad de sus altos ejecutivos, a través de la exhibición pública de sus cuentas de correo electrónico, supuestamente ejecutadas por malosos hackers norcoreanos.  El pavor al sentirse responsables de una nueva incursión terrorista llevó a Sony a cancelar el estreno de su película y a motivar que muchos personajes, entre ellos el actor George Clooney y el propio presidente Obama, reprobaran la decisión de Sony y defendieran la exhibición de la cinta con el argumento de la libertad de expresión.

A toro pasado puede resultar fácil decir que se hizo demasiado teatro en torno al hecho. Empezando por Corea del Norte que exagera su reacción ante una película que los parodia ácidamente, sí, pero que dista mucho de tener un valor cinematográfico o artístico, que es basura.

Este tipo de comicidad, escatológica y plagada de burdas referencias sexuales, no es nueva en la carrera de Evan Goldeberg y Seth Rogen, autores el guión. En particular éste último se ha caracterizado junto con Seth Macfarlane, por sus argumentos tanto para cine como televisión que podrían resultar en buenas sátiras o parodias, pues reconozco que ambos tienen mucho talento, pero que asociados siempre con un sentido del humor “muy gringo” y barato acaban por hacer difícil hasta verlas completas.

La historia en Una loca entrevista ya es de todos conocida: Dave Skylark (insufrible James Franco) es el conductor de un exitoso late show que produce su socio y amigo Aaron Rapaport (Seth Rogen, con mejores momentos). Plagado de guiños y alusiones de temática muy local —la homosexualidad de Eminem, la calvicie de Rob Lowe, la cabra supuestamente “montada” por Matthew McConaughey— de momento se percibe una buena crítica a lo que en los medios se justifica como “lo que el público quiere ver”.

El programa nocturno resulta ser uno de los favoritos del dictador Kim Jong-un y les concede una entrevista para lo que tendrán que viajar a Pyongyang. Cuando la CIA se entera de este acercamiento a una figura odiada por su autoritarismo y maldad (como si fueran blancas palomas), deciden reclutar a  Skylark y Rapaport para que desaparezcan, diluyan, desvanezcan, maten al presidente Kim.

La premisa es francamente muy atractiva, y bien desarrollada con sentido del humor de otra índole, hubiera resultado divertida, hasta digna de alterar al joven dictador de Corea del Norte, pero, insisto, los recursos en el guión para burlarse del país asiático son verdaderamente lamentables.

No gaste su dinero.

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