¿Y la deuda ambiental?
El 29 de julio gastamos todos los recursos regenerativos de este añoy a partir del 30 a la fecha y lo que falta de 2019 ya le quedamos a deber a la Tierralos recursos que ésta nos puede dar.
Pese a que la crisis climática y el colapso ambiental son hechos catastróficos y no pronósticos a suceder, la humanidad no los está tomando en serio. Es más, algunas naciones y sectores industriales están dando pasos hacia atrás en sus compromisos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. También se recortan recursos para proteger a la gente y lo que queda de los ecosistemas.
Ayer mismo, la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, dijo que las guerras civiles son provocadas por un planeta que se calienta y eso no sólo tiene un impacto devastador en los entornos naturales, sino también en el respeto a los derechos humanos a nivel global.
“El mundo nunca ha visto una amenaza a los derechos humanos de este alcance... las economías de todas las naciones; los tejidos institucional, político, social y cultural de cada Estado y los derechos de toda la gente y de las generaciones futuras se verán afectados”, advirtió la también expresidenta de Chile.
Ni un ser vivo se salva de la crisis climática y la degradación ambiental.
Todos los sistemas naturales ya están desequilibrados. Los ecosistemas se hunden. Cada día se suman más especies animales a la lista roja de la extinción. Y el golpe de los fenómenos naturales es más fuerte, destructivo y mortal.
Los océanos albergan millones de toneladas de desechos plásticos. También se acidifican velozmente y la sobrepesca está poniendo en jaque la vida marina, por lo tanto, este conjunto está llevando a la vulnerabilidad a pueblos enteros.
Qué decir de los incendios forestales que cada año consumen millones de hectáreas. Prácticamente en todo el globo hay quemazones y el Círculo Polar Ártico se deshiela más rápido de lo previsto.
Estos hechos apenas han generado un puñado de declaraciones a nivel mundial y no un escándalo como debiera ser.
Agua, viento y fuego están destrozando a millones de seres vivos, incluidos árboles y plantas indispensables para poder respirar. Y será aún más difícil vivir mientras no se entienda la urgencia de disminuir el uso de los combustibles fósiles para la movilidad terrestre, aérea y naval.
Las emisiones de carbono siguen calentando el planeta y estamos ante una emergencia global que pocos ven.
El tiempo se diluye para limitar el calentamiento a 1.5 grados centígrados, para recortar las emisiones globales de CO2 para 2030 hasta lograr cero alrededor de 2050. De no hacerlo, la batalla estará perdida, pues no habrá manera de revertir daños en prácticamente todo el globo y a millones de personas.
Ahí no para el daño infligido al ambiente. El 29 de julio gastamos todos los recursos regenerativos de este año y a partir del 30 a la fecha y lo que falta de 2019 ya le quedamos a deber a la Tierra los recursos que ésta nos puede dar.
De seguir con ese ritmo, llegará el tiempo en el cual habremos agotado alimento, agua y otros insumos necesarios para seguir con nuestras vidas.
Y frente a la emergencia ambiental y climática, ¿qué camino está tomando México?
Pregunta de difícil respuesta, pues aún no tenemos claridad ni de cómo cumplir con los compromisos adquiridos voluntariamente en el Acuerdo de París ni de cómo cuidar la casa.
En 2010, el gobierno de Felipe Calderón ofreció una reducción de 30% de las emisiones hacia 2020, pero, de acuerdo con organizaciones, como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, no vamos ni a la tercera parte de lo prometido.
Lo que sí sabemos, tan claro como el cristal, es que este gobierno tiene apuestas muy ambiciosas. No sólo involucran los programas sociales, sino también el rescatar a la petrolera nacional a como dé lugar y la construcción de la refinería de Dos Bocas, lo cual requiere y tendrá carretadas de recursos.
La protección de los recursos naturales y la enorme biodiversidad perderá frente a los hidrocarburos.
La Secretaría de Hacienda proyecta, para este año, un subejercicio que ronda los mil 100 millones de pesos y, adicional a ello, para 2020 la Semarnat sufrirá un recorte, en términos reales, de 7.7%, es decir, la tijera será de alrededor de dos mil 500 millones de pesos.
Con estas mermas, México seguirá teniendo una deuda ambiental. Hay que recordar que el cambio climático influye sobre la desigualdad social, genera inseguridad alimentaria, destruye viviendas y hace difícil el acceso a servicios básicos.
Ya se han desperdiciado, por lo menos, diez años en materia climática y en la protección de nuestros recursos. Y los próximos cinco no pintan mejor.
