Vale más Taylor Swift que el Fondo para Pérdidas y Daños
Los impactos más severos del cambio climático pueden observarse en los pequeños estados insulares, asentamientos costeros y naciones en desarrollo afectados por el aumento del nivel del mar, como sucede, por ejemplo, con las Islas Marshall, Fiji y Tuvalu; con la ...
Los impactos más severos del cambio climático pueden observarse en los pequeños estados insulares, asentamientos costeros y naciones en desarrollo afectados por el aumento del nivel del mar, como sucede, por ejemplo, con las Islas Marshall, Fiji y Tuvalu; con la comunidad de El Bosque, Tabasco, en México o Bangladesh. El acecho crece tanto como la inmensidad del océano.
Se suman los fuertes y devastadores ciclones tropicales, el aumento de las temperaturas de la atmósfera y los océanos, las ondas de calor y el frío extremos, sequías e inundaciones —que en este 2023 han roto récords como en ningún otro—, migraciones forzadas, entre otros fenómenos, que afectan mucho más y con cuantiosas pérdidas a los países más pobres y a las economías emergentes, aunque no se salven del golpe las ricas naciones industrializadas.
Justo a estas últimas se les atribuye el origen del cambio climático antropogénico, al basar su crecimiento y desarrollo en la explotación y la transformación de los combustibles fósiles. Por ello, tienen una gran deuda histórica. De ahí que los países más afectados y pobres se unieran para pedir, desde varios años atrás, ayuda financiera y, así, hacerles frente a las consecuencias del cambio climático que no ocasionaron.
El año pasado, en la COP27 de Sharm el-Sheikh, Egipto, los representantes alcanzaron un acuerdo sobre la creación del Fondo para Pérdidas y Daños. Justo en la COP28 de Dubái, en los Emiratos Árabes, se logró la puesta en marcha de ese mecanismo con poco más de 700 millones de dólares aportados por ocho países, entre ellos el anfitrión, Reino Unido, Estados Unidos y Alemania. Y quizá este fondo sea de lo más positivo que hubo en la COP28, a la que se le puede calificar como una cumbre de claroscuros. Sin embargo, aunque 700 millones de dólares para cualquier mortal pueden significar mucho dinero, para solventar las pérdidas y los daños en las comunidades afectadas por el cambio climático alrededor del mundo es, la verdad, insignificante.
Para una sola persona, pues sí, es todo el dinero del mundo.
Este año, según Forbes, Taylor Swift “vale” 740 millones de dólares frente a los 365 millones de 2020 y sin contar las ganancias de The Eras Tour. O el jugosísimo contrato por 700 millones de dólares de la estrella japonesa del beisbol Shohei Ohtani para ser parte de los Dodgers de Los Ángeles por los próximos 10 años.
Si los convertimos con la cotización de ayer, son 12 mil 54 millones 430 mil pesos que no alcanzarían para reconstruir Acapulco tras el paso del huracán Otis. De acuerdo con la Coparmex, se requerirán entre 200 mil y 300 mil millones de pesos para tal efecto. Así, el Fondo para Pérdidas y Daños, que gestionará el Banco Mundial, tiene muchas dudas sobre operatividad y reglas; además, cómo se elegirán a los primeros beneficiados y qué otros países darán más recursos y cuándo. La cuestión es que, cuando de responsables y dinero se trata, siempre hay discusiones y líneas defensivas. Si bien en la COP28 los combustibles fósiles por primera vez se incluyeron en el Balance Mundial —aunque no queda claro cómo será la eliminación gradual justa, equitativa y ordenada—, además de los tímidos recursos en algunos fondos, volvió a quedar a deber.
En entrevista, Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, dijo que está siendo costumbre que en las Conferencias de las Partes (COP), aunque hay algunos avances que no son despreciables, “están muy lejos de que cambien lo que estamos viviendo por el cambio climático, sabemos por los modelos y las previsiones lo que viene en las próximas décadas, entonces siempre nos quedamos muy lejos”.
Agregó que en el documento final de la COP lo ponen como el principio del fin de la era de los combustibles fósiles, “es un paso importante, pero cómo hacemos que ocurra, además, aunque parece un logro el mantener viva la esperanza de no rebasar el aumento de la temperatura de 1.5 grados centígrados, es decepcionante, sobre todo cuando la situación es que la temperatura global ha aumentado ya 1.2 grados y no queda mucho margen como para no rebasar este umbral… todos los récords de este año relacionados con el clima se han roto una y otra vez y, aun con todas estas señales tan claras, no se ha hecho la tarea a nivel global para reducir las emisiones, se sigue postergando”.
Sobre el Fondo para Pérdidas y Daños, el también investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM fue claro al decir que, si bien es un avance importante, que se había perseguido por más de una década, el presupuesto que se promete (700 millones de dólares) es alrededor de 0.2% de lo que se necesita, “eso es terrible y no queda claro cómo se estructura el financiamiento de los países con mayor responsabilidad sobre el cambio climático a los países que han tenido menor responsabilidad y que reciben los mayores impactos… No queda claro si esto es como un préstamo que no tiene que repagarse o si son recursos a fondo perdido”.
Para José Antonio Benjamín Ordóñez Díaz, director honorífico de la ONG Servicios Ambientales y Cambio Climático (SACC) y profesor en el Tec de Monterrey y la UNAM, las negociaciones en las COP son “un lobby de negocios, no tienen el mínimo compromiso con las personas ni mucho menos con el planeta… las personas que se juntaron en la COP28 fueron para mostrar carteras de negocios”.
Queda muy claro que si en la COP28 la mitigación del cambio climático sigue a lenta velocidad; adaptación, vulnerabilidad y reducción de riesgo no sólo son los grandes pendientes, sino que también son enormes desafíos a enfrentar. No son cuestiones a futuro. El planeta se hace más frágil ante la indiferencia.
