Turismo: generador de riqueza… y contaminación
Si bien el turismo se encuentra entre los principales motores de crecimiento económico y creación de empleos, tanto para países desarrollados como naciones de renta media y baja, también debe decirse que genera impactos ambientales y socioeconómicos, pues se trata ...
Si bien el turismo se encuentra entre los principales motores de crecimiento económico y creación de empleos, tanto para países desarrollados como naciones de renta media y baja, también debe decirse que genera impactos ambientales y socioeconómicos, pues se trata de un sector intensivo en la generación de contaminantes y desechos sólidos, incluidos los plásticos, que, como sabemos, son un problema global sin final visible.
El turismo es responsable del 8% de las emisiones globales de dióxido de carbono —precursor del cambio climático—, que va del momento de elegir destino, transporte —terrestre, aéreo o marítimo— y hospedaje, hasta alimentos, paseos y compra de souvenirs, entre otros factores.
Debido a la pandemia de covid-19, el sector se vio tremendamente afectado a raíz del confinamiento a partir del segundo trimestre de 2020. Fue hacia mediados de 2021 que inició, poco a poco, su recuperación; ya para este año empieza a tener mejores cifras.
Así, el turismo internacional experimentó, en el primer trimestre de 2022, un incremento interanual de 182%, es decir, “los destinos de todo el mundo recibieron unos 117 millones de llegadas internacionales, frente a los 41 millones del primer trimestre de 2021”, indica el Barómetro del Turismo Mundial de la Organización Mundial del Turismo (OMT).
Mientras que los pronósticos del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés) apuntan a que el sector tendrá una contribución al Producto Interno Bruto mundial para este año de 8.5% y será responsable de crear uno de cada tres empleos a nivel global en la próxima década.
¡Nada mal! Sin embargo, el sector sigue siendo altamente contaminante.
Los desechos plásticos ya eran una de las mayores amenazas para el globo antes de la pandemia de covid-19, puesto que ocho millones de toneladas de este material van a parar a los océanos cada año y esas islas plásticas son responsables de la muerte de un millón de aves marinas, 100 mil mamíferos marinos —como delfines y ballenas— y tortugas marinas, además de una incuantificable cifra de peces, moluscos y crustáceos.
Por ejemplo, durante la temporada alta de turismo, la basura marina en la región del Mediterráneo aumenta hasta 40 por ciento.
Lo frustrante y alarmante es que 20% de la producción de petróleo podría utilizarse para la fabricación de plásticos para 2050, según la Iniciativa Mundial sobre Plásticos para el Turismo de la organización One Planet: Handle with Care.
Desafortunadamente, el brote de coronavirus suma millones y millones de desechos, como mascarillas o cubrebocas, guantes, botellas de alcohol-gel y desinfectantes, entre otros, que se ven, puede decirse, en todas las playas y flotando en los mares.
Un dato: 80% del turismo global se da en las zonas costeras.
En general, un turista genera, en promedio, casi dos kilogramos de basura al día, que se suma al kilogramo de residuos sólidos producido por un residente en ese mismo lapso. Los turistas son responsables del doble de los desechos sólidos que los locales, de acuerdo con la OMT.
Esto contribuye a mayor presión en los sistemas de gestión de residuos, porque puede ocasionar el desbordamiento de los vertederos y las plantas de tratamiento de aguas residuales (si es que las hay).
La mala gestión de residuos no sólo hace que los destinos turísticos, como las playas, se vean menos atractivos debido a la basura, lo peor es que esto perjudica la salud de los ecosistemas, de la vida silvestre y de la población misma, además, merma los beneficios económicos.
No hay que olvidar los productos químicos tóxicos de turistas, hoteles y cruceros.
¿Sabía usted que el bloqueador solar es extremadamente nocivo para los arrecifes de coral, uno de los ecosistemas marinos más diversos que existe?
Esto se debe a la oxibenzona y el octinoxato, compuestos químicos del filtro UV que usan la mayoría de los bloqueadores, pues deforman y alteran el ADN del arrecife haciéndolo más susceptible al blanqueamiento. Si bien ya hay productos sin esos elementos, hay que revisar que, efectivamente, sean biodegradables. ¡Vaya encrucijada para el turista!
¡Qué decir de la contaminación provocada por los cruceros! No sólo es la quema del combustible y las emisiones de CO2, hay que contabilizar las aguas grises provenientes de lavabos, duchas, fregaderos, piscinas y lavadoras; aguas negras de los baños y aguas contaminantes de los motores y turbinas. Además de otros desechos sólidos y desperdicio de alimentos.
Esto es tan sólo una pincelada de los impactos ambientales negativos del sector turístico.
La buena noticia es que el turismo tiene potencial para convertirse en un sector realmente sostenible, inclusivo y resiliente, así como jugar un papel protagónico en la regeneración de los ecosistemas costeros y marinos, pero requiere de todos: los tres niveles de gobierno, cooperación internacional, empresas y comunidades locales.
