Soluciones bioclimáticas en beneficio de miles de mujeres
Más de mil millones de personas en el mundo viven en asentamientos informales, en condiciones precarias y sin acceso a servicios básicos. La expansión urbana refleja la desigualdad y se agrava con los efectos del cambio climático, que impactan con mayor dureza a ...
Más de mil millones de personas en el mundo viven en asentamientos informales, en condiciones precarias y sin acceso a servicios básicos. La expansión urbana refleja la desigualdad y se agrava con los efectos del cambio climático, que impactan con mayor dureza a mujeres, niñas y niños.
En países de ingresos bajos y medios, la planificación urbana ha sido incapaz de integrar a las poblaciones vulnerables.
A casi una década de la aprobación de la Agenda 2030, en septiembre de 2015, por los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas, el Objetivo de Desarrollo Sostenible 11 —que busca ciudades inclusivas y sostenibles— sigue enfrentando profundas barreras estructurales. Aunque contempla metas, como mejorar los barrios marginales, los avances son limitados.
En este contexto, el enfoque de género es crucial: las mujeres en asentamientos informales asumen el cuidado del hogar en entornos sin servicios adecuados, mientras enfrentan mayores riesgos de violencia.
La transformación urbana requiere políticas integradoras que reconozcan estas desigualdades y promuevan justicia social y ambiental para construir ciudades verdaderamente resilientes.
A pesar de estas dificultades, las mujeres tienden a liderar las redes comunitarias, exigiendo acceso a servicios, seguridad y participación en la toma de decisiones.
Hay investigaciones de campo y documentales que indican que, cuando se realizan intervenciones de la mano de organizaciones de la sociedad civil y los gobiernos (locales y federales) para mejorar las viviendas de los barrios marginales, éstas suelen tener impactos positivos en la vida de las familias.
Un ejemplo de ello es un estudio reciente de Hábitat para la Humanidad Internacional, el cual arrojó que regenerar las viviendas de los asentamientos informales mejora las condiciones de salud de las mujeres y las aleja de la violencia de género, además, los impactos positivos se extienden al resto de sus habitantes en educación, economía y todas las áreas del bienestar.
En el primer año de intervención o mejora en la vivienda en México se evitarían alrededor de 190 mil enfermedades relacionadas con el calor, 230 mil incidentes de violencia de género y 50 muertes maternas, de acuerdo con las proyecciones de la iniciativa Hogar es 2025 (Home Equals), dijo en entrevista María Carrizosa, directora asociada de Política Global de Vivienda de la organización.
Mientras que a nivel global, agregó, el informe Mejoras en asentamientos informales y salud de las mujeres halló que pueden prevenirse 20.3 millones de enfermedades infecciosas, respiratorias y reproductivas, así como padecimientos relacionados con el calor; 43 millones de incidentes de violencia de género, que incluye uno de cada 17 casos de violencia sexual, así como más de 80 mil muertes evitables (una de cada cuatro muertes maternas y una de cada seis por golpes de calor o desastres relacionados con el clima).
Para Carrizosa, los datos toman relevancia porque en el mundo hay alrededor de mil 100 millones de personas que viven en asentamientos informales y, de esa cifra, en América Latina y el Caribe, según la ONU, hay 95 millones de habitantes en barrios marginales, lugares que concentran vulnerabilidades.
Aseguró que si los gobiernos le apostaran a la regeneración de los asentamientos, los resultados en términos de PIB, educación y salud mejorarían significativamente.
Ejemplificó que el mundo sería 4% más saludable de mejorar la vivienda o en términos de PIB significaría para algunos países hasta un aumento de 10.5 por ciento.
El informe es el resultado de la revisión de literatura que cubre 10 años, en más o menos 180 estudios y reportes cuantitativos para saber cuánto mejora la salud de la mujer y qué tipo de intervención en la vivienda se requiere en los asentamientos.
Se encontraron 29 conexiones entre mejoras en la vivienda y la salud de las mujeres, por ejemplo, el acceso a áreas verdes puede disminuir en 65% el golpe de calor, porque ellas, biológicamente, son más frágiles que los hombres, o el que haya un sanitario privado no compartido puede disminuir en 78% las infecciones urinarias.
En México, Hábitat para la Humanidad tiene presencia desde hace más de 35 años y ha trabajado con familias vulnerables en tres mil 500 comunidades de 27 estados.
Lacmi Rodríguez, directora ejecutiva nacional del organismo, explicó que se han beneficiado más de 431 mil personas en su mayoría mujeres, quienes pasan más tiempo dentro de las viviendas.
El portafolio de soluciones está conformado por reforzamiento estructural de viviendas, mejoramiento a través de diseño bioclimático, infraestructura básica en agua y ecotecnologías, entre otras intervenciones.
Para mejorar la habitabilidad en lugares muy calurosos, las soluciones bioclimáticas se centran en la ventilación y el uso de materiales que mitiguen el calor, como la pintura antirreflejante en techos.
Los resultados en las viviendas en donde se han implementado las soluciones, explicó Rodríguez, se miden cuando las familias expresan cómo antes no podían habitarlas y cómo ahora estar adentro se ha vuelto agradable, a esto se suma que el gasto en energía eléctrica se ha reducido en alrededor de 20% porque utilizan menos los ventiladores.
Para esta organización, con presencia en más de 70 países, la vivienda es el centro de sus acciones para que las familias menos favorecidas puedan tener un hogar asequible y seguro, más cuando los peligros del cambio climático pueden dejarlas sin un techo.
Pero, como siempre, son requisitos voluntad y la transformación de las políticas públicas. Lo cual es escaso.
