Se hacen humo los compromisos climáticos
Mientras los países más industrializados y los que están en desarrollo posterguen más las acciones de mitigación y adaptación al cambio climático, la cantidad de dióxido de carbono, del poderoso metano y de otros gases de efecto invernadero, seguirá creciendo y, ...
Mientras los países más industrializados y los que están en desarrollo posterguen más las acciones de mitigación y adaptación al cambio climático, la cantidad de dióxido de carbono, del poderoso metano y de otros gases de efecto invernadero, seguirá creciendo y, entonces, la humanidad verá alejarse peligrosamente el objetivo de limitar la temperatura a 1.5 grados centígrados.
Así que, ¿cómo evitar el Apocalipsis climático? Ya no bastan sólo las promesas, se requieren compromisos y cumplirlos, además de cooperación multilateral, financiamiento, voluntad política y el involucramiento de todos los sectores de las sociedades, de otra manera, se habrá fracasado.
La paradoja es que los combustibles fósiles están más caros —sí, el conflicto entre Rusia y Ucrania y la pandemia de covid-19 muchísimo han abonado a ello, entre otros aspectos de incertidumbre política—, y las energías renovables, como eólica y fotovoltaica, son más asequibles y esto debería reflejarse en recortes más profundos en las emisiones de carbono, lo cual significaría un círculo virtuoso de costo-beneficio para los países y, por supuesto, para las personas.
Es un hecho que las energías solar, eólica e hidrógeno verde tienen cada vez mayor potencial que los combustibles fósiles, pero éstos siguen siendo, para muchas naciones, esenciales para sus economías, cuando están dadas las condiciones para pasar a un desarrollo económico basado en la descarbonización y la electrificación. Tan sólo hay que voltear a ver los planes de las principales armadoras para ser cero emisiones en todos sus procesos y vehículos eléctricos o híbridos hacia 2030. ¡Las gasolinas y diésel deberían ser cosa del pasado!
La Agencia Internacional de Energía indicó, en su reporte de mayo pasado, que las energías eólica y fotovoltaica tienen un enorme potencial, por ejemplo, para reducir la dependencia del sector eléctrico de la Unión Europea del gas natural de Rusia para 2023.
Además, señaló que el crecimiento en lo que va del año ha sido mucho más rápido de lo esperado, “impulsado por un fuerte apoyo político en China, la Unión Europea y América Latina, que compensan con creces el crecimiento más lento de lo previsto en Estados Unidos”, esto porque la perspectiva de la Unión Americana “se ve nublada por la incertidumbre sobre los nuevos incentivos para la energía eólica y solar y por las acciones comerciales contra las importaciones de energía solar fotovoltaica de China y el sudeste asiático”.
Si bien debido a los elevados precios de los productos básicos y la logística, se prevé que los costos de la energía solar y eólica sean más altos en este año y el próximo respecto a los niveles previos a la pandemia, su competitividad es mejor, ya que los aumentos en los precios del gas natural y el carbón son mucho más pronunciados.
Lo cierto es que los gobiernos nacionales han ido asumiendo compromisos, desde el Acuerdo de París hasta los de la COP26 de Glasgow, para tratar de evitar el Apocalipsis climático.
De hecho, el viernes pasado, en una tercera reunión virtual, el presidente de EU, Joe Biden, pidió a los líderes mundiales convocados redoblar los esfuerzos para combatir el cambio climático y mejorar la seguridad energética, pues alertó que la invasión de Rusia a Ucrania ha agudizado la necesidad de una acción urgente.
Esta tercera reunión virtual del Foro de Grandes Economías (MEF, por sus siglas en inglés) se da antes de la conferencia mundial sobre el clima, la COP27, a realizarse en Sharm el-Sheikh, Egipto, en noviembre próximo, en la cual se espera que cada una de las Partes tenga la hoja de ruta para implementar el Acuerdo de París.
Biden solicitó acelerar las acciones para reducir las emisiones de metano, objetivos ambiciosos para pasar a vehículos de cero emisiones y limpiar el transporte marítimo global.
Sin duda, compromisos prometedores, pero, en primer lugar, el propio presidente estadunidense no la tiene fácil ni con los legisladores de su partido —se avecinan las elecciones intermedias y los demócratas podrían perder el Senado— y, en segundo lugar, los republicanos son reacios a aprobar su plan climático.
Por otro lado, ninguna promesa o compromiso para reducir emisiones de GEI debería incluir la construcción de más refinerías ni coquizadoras —donde se transforma el combustóleo en gasolinas—, cuando la tendencia global es el cierre de refinerías, minas de carbón y de otras infraestructuras de combustibles fósiles.
Ojalá y los planes e inversiones de cada nación para reducir las emisiones de metano se cumplan, porque este potente gas tiene la mala virtud de calentar la atmósfera 80 veces más que el CO2.
Como se ve el panorama, llegaremos a 2030 con un planeta más caliente, menos habitable, más pobre, más hambriento y con mayores conflictos. Es más, no nos vayamos muy lejos, en la COP27 el Acuerdo de París podría iniciar su desmoronamiento. ¡La voluntad política no se ve por ningún lado!
