Se agota el agua en todo el país

Estamos en la recta final de febrero, el segundo mes del año, y estados del norte,así como los del centro, se encuentran en situación crítica; mientras que varias alcaldíasde la Ciudad de México vuelven a resentir los efectos de la escasez y las pipas de aguaregresan a formar parte del paisaje urbano.

La crisis hídrica en México ha alcanzado niveles alarmantes en los últimos años, afectando tanto a las zonas urbanas como rurales. La combinación de sequías prolongadas, infraestructura obsoleta y una gestión ineficiente del agua ha puesto en jaque el suministro en diversas regiones.

Estamos en la recta final de febrero, el segundo mes del año, y estados del norte, así como los del centro, se encuentran en situación crítica; mientras que varias alcaldías de la Ciudad de México vuelven a resentir los efectos de la escasez y las pipas de agua regresan a formar parte del paisaje urbano.

Si bien la temporada de lluvias de 2024 alivió la sed, en lo que va de este año los niveles de las presas empiezan a disminuir rápidamente.

En la primera quincena de febrero, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) reportó que, a pesar de las lluvias superiores al promedio en estados como Tlaxcala, Puebla, Veracruz, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Campeche y Quintana Roo, gran parte del territorio nacional experimentó precipitaciones por debajo de lo normal.

Esta situación propició un aumento de la sequía que va de moderada a excepcional, especialmente en los estados de Sonora, con 72 municipios afectados; Chihuahua, con 67; Durango, con 34, y Sinaloa, con 18 municipios secos.

Al 15 de febrero, 41.8% del país tenía algún grado de sequía, reflejando un incremento de 1.3% respecto al 31 de enero pasado.

La temporada de estiaje, que comenzó a finales de noviembre de 2024, se extenderá hasta mayo, según pronósticos de la Conagua.

La sequía pone en riesgo actividades económicas clave a escala nacional y el almacenamiento de agua para uso agrícola se encuentra en un crítico 43 por ciento.

Sinaloa, el granero de México, además de enfrentar conflictos entre grupos del crimen organizado, también atraviesa una situación delicada, pues el nivel de llenado de sus 11 presas es de tan sólo 12.2 por ciento.

Datos de la Conagua indican que la presa Adolfo López Mateos, ubicada en Badiraguato, Sinaloa, una de las más grandes de México, está al 7.9% de su almacenamiento; mientras que la presa Luis Donaldo Colosio, en el municipio Huites, en la misma entidad, está prácticamente seca, con 3% de disponibilidad.

Y la lección no se ha aprendido, ante la sequía, las autoridades sinaloenses reaccionan tarde y pretenden bombardear las nubes para hacer que llueva.

La sequía en el país, exacerbada por el cambio climático, no sólo impacta la producción de alimentos, sino también aumenta la vulnerabilidad y el deterioro de los ecosistemas.

En cuanto a las principales metrópolis del país, la Ciudad de México ya resiente la falta de agua.

Una de las medidas tomadas por el gobierno central fue la reducción del suministro durante todo febrero para 280 colonias distribuidas en 10 alcaldías: Álvaro Obregón, Coyoacán, Cuajimalpa, Gustavo A. Madero, Iztapalapa, Magdalena Contreras, Milpa Alta, Tláhuac, Tlalpan y Xochimilco.

Pero, además de la falta de agua, otro de los problemas es la mala calidad; por ejemplo, hace unos días, en la alcaldía Cuauhtémoc se reportó agua turbia y maloliente, afectando a, por lo menos, tres colonias de las más céntricas de la demarcación, como Juárez y Tabacalera.

Habitantes y restauranteros, frente a la situación, han tenido que comprar más garrafones de agua purificada, así como pipas, pero este paliativo no soluciona el problema, porque también representa gastos extra y excesivos, lo cual impacta sus economías.

La Secretaría de Gestión Integral del Agua de la CDMX informó que se hicieron los trabajos para eliminar los sedimentos acumulados en las tuberías y restablecer la calidad del agua, pero no ha sido suficiente.

Si de algo adolece la ciudad es de una infraestructura obsoleta, deficiente e insuficiente, a lo cual se suma la pérdida de casi 40% de agua potable por fugas.

El reto del Gobierno de la CDMX es enorme y no se solucionará con la venta de garrafones, con precio subsidiado de cinco pesos, para dar bienestar a la población con mayores problemas de falta de agua.

José Mario Esparza, el primer secretario del Agua de la CDMX, ha dicho que para abordar los desafíos, para 2025 se tiene una bolsa de 15 mil millones de pesos para mejorar la infraestructura, reducir las pérdidas por fugas y garantizar un suministro más eficiente y equitativo del recurso.

La estrategia integral incluye la rehabilitación de pozos, el aumento del tratamiento de aguas residuales y la implementación de tecnologías avanzadas para la detección y reparación de fugas. Además, se quiere promover una cultura de uso responsable entre la población y establecer tarifas que reflejen el verdadero costo del recurso, incentivando su uso eficiente.

Pero la sobreexplotación de los mantos acuíferos, que abastecen poco más de 66% del agua, y el crecimiento poblacional contribuyen a la escasez.

Y es en lo que deben poner mucha atención las autoridades, porque la demanda supera la capacidad de recarga natural de los acuíferos, llevando a un descenso drástico de los niveles freáticos y al hundimiento del suelo en algunas zonas de la ciudad.

Tampoco hay que perder de vista que las presas del Sistema Cutzamala, que aportan 25% de agua a la CDMX y su zona conurbada, al 23 de febrero tenían un almacenaje de 60.79%: Villa Victoria (45.2%), Valle de Bravo (67.15%) y El Bosque (62.14).

Entre el cambio climático, el deterioro ambiental y la ineficiencia, los cuerpos de agua superficiales y subterráneos están en declive continúo.

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