Ruido, la contaminación que (literal) quita el sueño
La sobreexposición a sonidos fuertes causados por diversas actividades humanas no sólo ensucia el paisaje sonoro, sino también está teniendo severos impactos negativos en la salud de las personas y alteraciones en el comportamiento de especies animales, tanto ...
La sobreexposición a sonidos fuertes causados por diversas actividades humanas no sólo ensucia el paisaje sonoro, sino también está teniendo severos impactos negativos en la salud de las personas y alteraciones en el comportamiento de especies animales, tanto terrestres como acuáticas.
La contaminación acústica, los incendios forestales mortales y el ciclo de vida disruptivo son las tres amenazas ambientales identificadas en el nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) —presentado la semana pasada—, los cuales requieren de toda la atención y acción por parte de los gobiernos y de la sociedad en general.
Así, Frontiers 2022: Noise, Blazes and Mismatches (Frontiers 2022: ruido, llamas y desajustes) señala que la contaminación acústica urbana —objeto de esta entrega— se está convirtiendo en una amenaza para la salud pública global, pues, por lo menos en la Unión Europea, provoca 12 mil muertes prematuras y 48 mil nuevos casos de cardiopatía isquémica al año, además de que 22 millones de personas sufren de molestias crónicas por ruido.
Sí, la contaminación acústica tiene impactos en la salud física y mental: estrés, de severo a crónico; por la noche, perturba el sueño y afecta el bienestar al día siguiente; deterioro cognitivo; deficiencia auditiva, hiperacusia y tinnitus, además de resultados adversos del nacimiento.
Dormir bien es necesario para el control hormonal y regula el funcionamiento cardiovascular.
Frontiers 2022 indica que cada vez hay más evidencia sobre la exposición al ruido del tránsito vehicular, por ejemplo, es factor de riesgo al desarrollar trastornos cardiovasculares y metabólicos, como presión arterial elevada, enfermedad coronaria y diabetes.
Además, cita dos estudios realizados en un periodo de 15 años de duración entre residentes de Toronto, Canadá, y los hallazgos apuntan a que la exposición al ruido del tránsito elevó el riesgo de infarto agudo de miocardio, insuficiencia cardiaca congestiva y aumentó la incidencia de diabetes mellitus en 8% e hipertensión en dos por ciento.
Por algo, la OMS catalogó la contaminación acústica como la segunda causa de enfermedad por motivos ambientales.
Y, en el mundo, el límite de ruido para que no sea perjudicial es de 65 decibeles máximo, el cual es difícil no rebasar. El ruido generado por el tránsito moderado puede alcanzar los 70 decibeles, pero un concierto masivo genera 115 y un avión 160 decibeles.
No perdamos de vista aquellos aeropuertos dentro o muy cercanos a una urbe, lo cual tiene un impacto en la tranquilidad de quienes viven o trabajan cerca.
La Ciudad de México no sólo es una de las metrópolis más grandes del mundo y, por lo mismo, tiene mayor contaminación acústica junto con Nueva York, Argel, Bangkok, Damasco, Dhaka e Islamabad, entre otras.
Tan es importante la contaminación auditiva que ya se ha legislado al respecto a nivel mundial.
En marzo del año pasado, el Congreso de la Ciudad de México aprobó reformar la Ley Ambiental de Protección a la Tierra del Distrito Federal para regular el límite de ruido permitido, además de sancionar con multa o apercibimiento a las personas que infrinjan esos límites permitidos. También establece que aquellas fuentes contaminantes auditivas, como obras, actividades e instalaciones que produzcan ruido excesivo podrán ser clausuradas temporal o definitivamente. Incluso, los vecinos ruidosos pueden ser reportados.
Y no debemos olvidarnos de los impactos de la contaminación acústica en las especies animales.
Frontiers 2022 señala que el ruido antropogénico amenaza a los animales, pues altera la comunicación y el comportamiento de especies como aves, insectos y anfibios.
Muchas de las especies animales dependen de los sonidos que emiten para advertir sobre el peligro, atraer parejas y aparearse, identificar a sus crías o manadas, además de buscar alimento.
El estudio señala que en ciudades europeas los petirrojos cantan más por la noche para evitar la alta interferencia acústica durante el día; en Bogotá, Colombia, los gorriones de collar rufo cantan al amanecer cuando están en alguna zona con mucho tránsito vehicular durante el día.
La contaminación acústica, cuando inhibe la capacidad de comunicación en los animales, puede eliminarlos de sus hábitats, lo cual tendrá implicaciones ecológicas.
El informe del PNUMA recomienda que la planificación urbana debe considerar como prioridad la reducción del ruido a través de movilidad alternativa, como mayor uso de la bicicleta; infraestructura con paisajes sonoros positivos, como cinturones de árboles, muros verdes, techos verdes y más espacios verdes.
De hacerlo, habrá beneficios para la salud auditiva de los habitantes de las grandes urbes.
