Países ricos sacuden su responsabilidad climática

Los resultados de la COP29 de Bakú, Azerbaiyán, son decepcionantes. Esta cumbre climática evidenció que el multilateralismo está en la tablita y puede desbarrancarse con la llegada de uno de los negacionistas más poderosos del mundo a la Casa Blanca en enero ...

Los resultados de la COP29 de Bakú, Azerbaiyán, son decepcionantes. Esta cumbre climática evidenció que el multilateralismo está en la tablita y puede desbarrancarse con la llegada de uno de los negacionistas más poderosos del mundo a la Casa Blanca en enero próximo.

Los países más ricos, a regañadientes, en los últimos momentos de las negociaciones, acordaron pasar de un financiamiento de 100 mil millones de dólares anuales a 300 mil millones hasta 2035 para las naciones menos desarrolladas, pero esa cifra, dicen los expertos, no se acerca ni tantito a los mil millones de dólares anuales requeridos para sus necesidades de adaptación y mitigación.

Mantener el aumento de la temperatura media del planeta por debajo de 1.5 grados centígrados está siendo muy difícil, pero sin recursos ni cooperación multilateral ni voluntad política ni tecnología y sin eliminar los combustibles fósiles, es muy probable que se rebase el umbral.

Las naciones menos desarrolladas y más vulnerables se fueron de Bakú con un mal sabor de boca.

Ali Mohamed, de Kenia, representó al grupo de países africanos y se dijo extremadamente decepcionado con lo acordado.

India rechazó el financiamiento de 300 mil millones de dólares anuales. La delegada Chandni Raina señaló a los demás representantes que es “una suma insignificante… no abordará la enormidad del desafío que todos enfrentamos”.

Los delegados de las naciones menos desarrolladas indicaron que el financiamiento es una combinación de subvenciones y préstamos, y los países ricos deberían ayudar a las economías emergentes a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) porque son en éstas donde se ha producido el crecimiento de las emisiones en la última década.

Analistas indican que las promesas financieras se perciben como cláusulas de escape para las naciones ricas, al trasladar la carga a empresas privadas e instituciones como el Banco Mundial, en lugar de asumir una responsabilidad directa.

Sumado a ello, en esta ocasión la delegación estadunidense, si bien ayudó a elaborar el acuerdo sobre el financiamiento climático, no pudo asumir el papel de líder de alto perfil, como en las COP anteriores, porque se vio imposibilitada de ofrecer garantías para cumplir las promesas debido al triunfo de Donald Trump como el próximo presidente de Estados Unidos.

No hay que pensarle mucho, Trump volverá a sacar a EU del Acuerdo del París, cancelar aportaciones y privilegiar la producción de combustibles fósiles. De hecho, ya dijo que perforará hasta encontrar más petróleo y gas.

Y ya que estamos, en la COP29, la salida de los combustibles fósiles brilló por su ausencia.

Un punto que generó tensiones fue el de considerar a China, Singapur, países del Golfo, así como India, dentro de la lista de Estados que deben contribuir a las finanzas climáticas, debido a que éstos han crecido y se han enriquecido en las últimas décadas. Como China se opuso, el texto del acuerdo de Bakú sólo invita a los Estados no desarrollados a aportar recursos de manera voluntaria.

Si bien hubo acuerdo en el establecimiento de normas para los mercados de carbono, mecanismo que permite a los países intercambiar créditos de carbono, persisten dudas sobre la transparencia y efectividad del sistema.

Y quizá uno de los logros más significativos de la COP29 es la decisión de garantizar la plena operatividad del Fondo de Pérdidas y Daños, esperado largamente por los pequeños Estados insulares y las naciones africanas. En las negociaciones, Australia anunció una aportación de 32 millones de dólares a este fondo.

El manejo de los textos de negociación en Bakú también generó controversias. De acuerdo con The Guardian, un delegado saudí realizó modificaciones directas a un documento clave sobre transición justa sin consulta previa con otros países. Este incidente pone en duda la integridad de los procesos de negociación y refuerza la percepción de que intereses particulares prevalecen sobre el bien común.

Con todo esto, algunos líderes climáticos manifestaron su decepción sobre los resultados alcanzados en Bakú.

El exvicepresidente estadunidense y líder de The Climate Reality Project, Al Gore, indicó que el acuerdo alcanzado en la COP29 “evita un fracaso inmediato y está lejos de ser un éxito. En cuestiones clave como el financiamiento climático y la transición hacia el abandono de los combustibles fósiles, esto es, una vez más, el mínimo indispensable”.

Para Al Gore, Bakú es ejemplo de las deficiencias de la estructura y proceso de la COP, incluida la enorme influencia de los intereses de los combustibles fósiles que obstaculizaron los trabajos y criticó a Arabia Saudita por obstruir las negociaciones.

Simon Stiell, secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, trató de ser un poco más optimista y señaló que, si bien las negociaciones de la COP29 fueron difíciles, se logró un acuerdo de financiamiento al cual lo calificó como “una póliza de seguro para la humanidad” en un contexto de recrudecimiento de los impactos climáticos.

Las decisiones tomadas en Bakú no reflejan la urgencia que demanda el enjambre de desastres climáticos y el costo de la inacción seguirá aumentando de aquí a Belém, Brasil, donde se llevará a cabo la COP30.

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