Otra COP (la 27) que el planeta perdió
En la primera semana de la COP27 de Sharm elSheikh, las negociaciones de los temas más sensibles y apremiantes van lentas, como el fondo para resarcir pérdidas y daños causados por los impactos exacerbados del cambio climático, pese al clamor de “acciones, no más ...
En la primera semana de la COP27 de Sharm el-Sheikh, las negociaciones de los temas más sensibles y apremiantes van lentas, como el fondo para resarcir pérdidas y daños causados por los impactos exacerbados del cambio climático, pese al clamor de “acciones, no más palabras”..
La agenda de pérdidas y daños, que por primera vez se incluye en una COP desde 1994, cuando la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) entró en vigor, se refiere a la “implementación de estrategias para afrontar los efectos adversos del cambio climático de una manera completa, integrada y coherente” en las naciones más vulnerables, como las insulares, que ya viven el aumento del nivel del mar o el golpe de huracanes y tormentas más violentos.
Hay presiones, por supuesto, sobre quién o quiénes deben pagar por esas pérdidas y esos daños. Es importante que en esta COP se logre un acuerdo de cómo podrían transferirse los recursos para los países que los requieren. Pero ese financiamiento no debería considerarse en la bolsa para la mitigación y la adaptación.
De ahí que la discrepancia gire en torno al instrumento a utilizar para transferir las compensaciones, que podría ser uno de nueva creación y vinculado a la CMNUCC o a través de algún mecanismo existente, como el Fondo Verde del Clima o el Fondo de Adaptación.
Si bien Estados Unidos se dijo listo para abordar el tema de pérdidas y compensaciones, también ha sorprendido su postura, así como la de la Unión Europea.
Resulta que John Kerry, enviado especial de EU para el Clima, en su participación de la semana pasada, dejó muy claro que su país no apoya la creación de un nuevo fondo con estructura legal sobre responsabilidad, pero “estamos listos para lidiar con el tema de pérdidas y daños y estamos discutiendo alternativas de financiamiento”, es decir, debería emplearse alguno de los mecanismos existentes.
Indicó que no es conveniente que las conversaciones sobre pérdidas y daños pesen sobre el resto de las negociaciones, por lo cual, se dijo para favor de encontrar una manera de resolver el mecanismo y no se descarrile la agenda.
Mientras que el jefe de la delegación de la Unión Europea en las negociaciones, Jacob Werksman, señaló que “no creemos que este proceso esté listo para acordar, en principio, que un fondo o mecanismo sea el único camino a seguir, no lo estamos excluyendo… es una parte importante de la conversación”.
Del otro lado, están las naciones vulnerables que presionan para que se establezca un nuevo mecanismo de financiamiento.
Ayer se dio a conocer el borrador del texto sobre pérdidas y daños, grosso modo, se observa la división de posturas, pero el proceso podría alargarse y, quizá, entrar en operación hasta 2024, es decir, en la COP29.
Otra vez a postergar acciones urgentes. Lo inquietante es que se vislumbra que daños y pérdidas podrían convertirse en el ítem clave. Así, sin una hoja de ruta bien definida, las demás negociaciones podrían estancarse.
De hecho, la discusión sobre el compromiso de dotar al Fondo Verde del Clima con los prometidos 100 mil millones de dólares podría alcanzarse en 2023. En una de ésas, seguirá postergándose más tiempo.
Entre lo más destacado durante la primera semana de la COP27 de Egipto ha sido la participación de Ucrania.
Svitlana Grynchuk, viceministra de Medio Ambiente de ese país, advirtió el domingo pasado que la invasión de Rusia no es sólo una guerra, se trata de terrorismo de Estado y ecocidio.
Dijo que la invasión rusa ha matado vida silvestre, generado contaminación y causado inestabilidad social, “nuestro ambiente está bajo amenaza debido a este ataque terrorista”.
Grynchuk estimó que la reconstrucción de sus ciudades e industrias destruidas por los ataques generará la emisión de alrededor de 50 millones de toneladas de dióxido de carbono.
Sin embargo, Ucrania se comprometió a realizar una transición rápida hacia energías renovables, para romper el dominio ruso de los combustibles fósiles, que tiene a Europa en un caos energético.
En un video proyectado el martes a los delegados de la COP27 y líderes mundiales, el presidente Volodímir Zelensky había dicho que “no puede haber una política climática efectiva sin paz”.
Así, con más dudas y cierto desánimo, arrancó la segunda y última semana de la Conferencia de las Partes, pues continúa la discusión del dinero para ayudar a las naciones a adaptarse al aumento de las temperaturas y lograr mayor resiliencia.
Sobre la mesa de negociación está el que los países se comprometan a aumentar sus objetivos de reducción de emisiones en 2023, es decir, pasar a los recortes drásticos, pero todo apunta a que la resolución se alargue otro año más.
En la presentación del Índice de Desempeño Climático (CCPI, por sus siglas en inglés) se evidenció que absolutamente ninguna nación se encamina a limitar el calentamiento del planeta a 1.5 grados centígrados.
Por el momento queda muy claro que combatir la crisis del clima seguirá dependiendo del dinero y la voluntad política. Falta ver si el planeta lo resiste.
