No miren arriba ni cierren los ojos a la crisis climática

El problema que enfrentan los astrónomos es que ni con la evidencia científica, nadie les cree. Los poderes político y empresarial, los medios y la sociedad prefieren mirar hacia otro lado.

Este artículo no es una crítica cinematográfica sobre Don't Look Up (No miren arriba). Si bien es una ficción apocalíptica, el humor negro y la sátira reflejan de manera hiperbólica varias y brutales realidades como el negacionismo de la ciencia, la dificultad para comunicar los hallazgos científicos, el manejo peligroso de la tecnología, la voracidad de las corporaciones/empresarios multimillonarios en la búsqueda de las ganancias, la información y los datos personales pese a la adversidad; la mezquindad de los políticos, la amenaza del populismo, la destructiva polarización social; la banalidad, manipulación y distorsión de los medios de comunicación; la enajenación de las redes sociales, la estupidez de algunos retos virales, las fake news y la posverdad, así como la indiferencia de la sociedad.

Don’t Look Up es la película más reciente de Adam McKay, escritor y director de The Big Short (La gran apuesta) y Vice (El vicepresidente: más allá del poder), entre otras, además de haber sido el guionista principal del programa de comedia y sketches de televisión en vivo en Estados Unidos, Saturday Night Live, de 1995 hasta 2001, y desde hace 10 años quería hacer una cinta sobre el cambio climático.

En 2018, después de leer uno de los informes sobre cambio climático de la ONU, McKay sintió temor ante las amenazas de ese fenómeno de origen antropogénico, lo cual lo llevó a trazar el camino hacia el filme, porque se dio cuenta que “sucede ahora, no dentro de 80 años, es ahora”.

En efecto, los científicos del clima advirtieron las amenazas décadas atrás y los hechos devastadores lo han confirmado; hoy resaltan que los efectos adversos serán más potentes y más frecuentes, mientras el planeta siga calentándose y los gases de efecto invernadero continúen aumentando.

En una entrevista con Vanity Fair, días previos a la premier de Don’t Look Up, McKay dijo que después de conocer el informe del IPCC de la ONU sintió el deber de hacer algo, “porque el cambio climático es una locura”.

Junto con su amigo David Sirota, columnista de The Guardian y exasesor de Bernie Sanders, después del triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales, comenzaron a perfilar la película sobre el rechazo de la ciencia.

Pero la idea dio un vuelco gracias a una metáfora que Sirota empleó en una de sus columnas, en la cual exponía que el cambio climático es como un cometa que se dirige a la Tierra y a nadie importa. Muy cierto. Después de tantas cumbres climáticas y promesas, aún seguimos durmiendo el sueño de los justos.

Don’t Look Up, de manera hilarante, cuenta cómo dos científicos, interpretados por el actor y activista climático Leonardo DiCaprio –por fin se le hizo dar voz a la comunidad científica en un filme– y Jennifer Lawrence, ganadora del Oscar, descubren un cometa del tamaño del monte Everest, al que identifican como mataplanetas, que hará colisión con la Tierra en seis meses y 14 días.

El problema que enfrentan los astrónomos es que, con todo y la evidencia científica –corroborada por la NASA y otros científicos–, nadie les cree. Los poderes político y empresarial, los medios de comunicación y la sociedad prefieren mirar hacia otro lado, aun cuando haya tiempo para hacer algo.

Es una brutal y atinada burla hacia el mundo real. Gobiernos, sociedad e industrias tuvieron mucho tiempo para mitigar los efectos del cambio climático, pero no lo hicieron, se prefirió priorizar el crecimiento y el desarrollo en detrimento del planeta. ¿Ahora, cómo reparar el daño hecho?

Cuánto mal hizo el negacionismo de la ciencia en la era trumpista. Qué desgracia son los gobernantes aferrados a los combustibles fósiles. Muchos corporativos en pos de las ganancias buscan la mínima pérdida y se escudan en el greenwashing.

El personaje de Peter Isherwell representa el capital rampante que ve una extraordinaria oportunidad en el peligro inminente que es el mataplanetas. Manipula a todos con un discurso de bienestar y riqueza, porque al destruir el cometa en varias partes –cargado de oro y otros metales que valen billones de dólares– se crearán empleos, se acabará la pobreza y la desigualdad social y se protegerá la biodiversidad. Promesas que compra el poder presidencial.

Isherwell puede ser cualquiera o todos los multimillonarios tecnológicos y espaciales, o la industria de las combustibles fósiles, que sabiendo el daño que ocasionan, se frotan las manos con el deshielo del Ártico, porque podrán extraer crudo de yacimientos aún intactos, conscientes de lo devastador que sería para ese hábitat único y para la humanidad.

Mirar a otra parte en lugar de ver lo que la ciencia ha advertido durante décadas está cavando la tumba de la humanidad y otras especies, éstas sin deberla ni temerla. Estamos llegando al momento de decir: “La cosa es que, en verdad, lo teníamos todo”, como lo expresa el personaje de DiCaprio.

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