Niños y jóvenes en peligro… y sólo se trata del tema climático
Un análisis reciente de Unicef encontró que alrededor de 242 millones de estudiantes, desde preescolar hasta secundaria, en 85 países, interrumpieron su educación debido a los impactos de fenómenos climáticos extremos en 2024
Olas de calor, sequías prolongadas y huracanes devastadores están interrumpiendo la asistencia escolar, dañando la infraestructura educativa y agravando las desigualdades preexistentes en niños, niñas y adolescentes en el mundo.
Un análisis reciente de Unicef encontró que alrededor de 242 millones de estudiantes, desde preescolar hasta secundaria, en 85 países, interrumpieron su educación debido a los impactos de fenómenos climáticos extremos en 2024.
Esta cifra es un reflejo de los peligros que representa el cambio climático, porque no sólo devasta comunidades, también es un obstáculo para el cumplimiento de uno de los derechos fundamentales de la infancia y la adolescencia: la educación, en un contexto en el que el aprendizaje está en crisis en países en desarrollo y en los más pobres.
El informe Aprendizaje interrumpido: Panorama global de las interrupciones escolares relacionadas con el clima en 2024, halló, al menos, diez impactos, entre los que destacan que uno de cada siete estudiantes interrumpió su escolaridad por riesgos climáticos; en 85 países o territorios las escuelas fueron afectadas y 23 naciones experimentaron múltiples cierres de escuelas; además, al menos 20 países tuvieron interrupciones en la actividad escolar y el cierre de escuelas a nivel nacional.
El informe destacó que 74% de los 242 millones de estudiantes afectados se encuentra en países de ingresos bajos y medios bajos, con un puntaje promedio en el Índice de Riesgo Climático Infantil (CCRI) de 7 sobre 10 (extremadamente alto). México se encuentra en nivel alto con 5.9, de una escala que va de 5.5 a 7.0.
Las olas de calor, de acuerdo con el estudio, fueron el peligro climático más importante a nivel global, afectando a 171 millones de estudiantes en el mundo. En 2024, 13 millones 100 mil estudiantes mexicanos fueron afectados por interrupciones escolares relacionadas con el clima, siendo las olas de calor el mayor riesgo climático que causó la mayor interrupción escolar, se lee en uno de los gráficos del informe de Unicef.
El Censo de Población y Vivienda 2020 del Inegi calculó que en México viven poco más de 38.2 millones de niñas, niños y adolescentes menores de 18 años, entonces, con el dato anterior, puede decirse que casi una tercera parte de ese grupo poblacional vio afectado su aprendizaje debido al cambio climático de origen antropogénico.
El año pasado, nuestro país experimentó cinco olas de calor que superaron récords históricos, con temperaturas desde más de 30 grados hasta casi 50 grados centígrados en algunos estados del norte. Las temperaturas fueron tan altas que pintaron de rojo el mapa del país del Servicio Meteorológico Nacional por semanas y la Secretaría de Educación Pública tuvo que modificar los horarios de clases en la mayoría de las entidades federativas, por ejemplo, se cancelaron las clases de educación física, lo cual evitó la exposición de los alumnos al calor sofocante entre las 11:00 y las 16:00 horas.
En algunos municipios regresaron las clases en línea, como en la pandemia de covid-19.
En otro informe del año pasado, Unicef indicó que “uno de cada cinco niños en el mundo experimenta hoy el doble de días de calor extremo que sus abuelos”.
México, además de las olas de calor de 2024, también vivió los estragos de tormentas e inundaciones. En septiembre, el huracán John golpeó las costas de Guerrero y Save the Children señaló que, debido a condiciones de vulnerabilidad previas causadas por Otis, más de medio millón de personas fueron impactadas, de las cuales, alrededor de 200 mil eran niñas, niños y adolescentes. Además, alertó que las olas de calor enferman, impiden el aprendizaje y dejan hambrientos a niñas y niños.
Las consecuencias de los desastres no se limitan a la pérdida física de las escuelas. Los niños desplazados enfrentan barreras adicionales para regresar al sistema educativo: pérdida de materiales escolares, estrés postraumático y desnutrición, que afectan la capacidad de aprendizaje.
Los desafíos en América Latina son enormes, pues el rezago educativo se acrecienta y las instalaciones son cada vez más precarias en comunidades rurales, a lo cual se suman problemáticas en el acceso a los sistemas de salud.
Entre las recomendaciones de Unicef destaca inversión en sistemas educativos resilientes al clima, porque reporta beneficios, tanto a los niños como a las sociedades y sus economías.
Aun así, con toda la información basada en la ciencia disponible, hay gobiernos que recortan presupuesto para mitigación y adaptación a la crisis climática.
Los fenómenos climáticos extremos enferman a los niños y los adolescentes. Save the Children advierte que, mientras más expuestos estén al calor extremo, “mayor es el riesgo de sufrir enfermedades respiratorias y renales, fiebre y desequilibrio electrolítico (alteración de la concentración de minerales en el cuerpo), lo cual puede alterar una serie de funciones críticas, como cardiacas y neurológicas”.
Niños enfermos, desnutridos o con estrés térmico difícilmente podrán aprender en las aulas o en sus casas. Los peligros a los que están expuestos los infantes y adolescentes son enormes.
El Servicio Meteorológico Nacional prevé que la primera ola de calor se sentirá a finales de marzo, principios de abril; mientras que investigadores del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM apuntan que 2025 podría estar entre los años más calurosos del último lustro.
