Ninguna bomba acabará con la crisis hídrica

Las lluvias y una que otra granizada han llegado a la Ciudad de México, aunque oficialmente la temporada de huracanes inició ayer, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua y el Servicio Meteorológico Nacional. Así que los capitalinos deberán lidiar con ...

Las lluvias y una que otra granizada han llegado a la Ciudad de México, aunque oficialmente la temporada de huracanes inició ayer, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua y el Servicio Meteorológico Nacional. Así que los capitalinos deberán lidiar con encharcamientos, inundaciones, embotellamientos y filtraciones en algunas estaciones del Metro. Eso sí, se agradece un ambiente más fresco.

Pero estas lluvias no necesariamente podrían significar una tregua a la escasez de agua que vive el Valle de México, pues las presas del Sistema Cutzamala, Villa Victoria y Valle de Bravo, en el Estado de México, y El Bosque, en Michoacán, están en niveles jamás vistos, pues el almacenamiento, en conjunto, se encuentra en 39.5%, marcando así un récord histórico.

Al 30 de abril, el Monitor de Sequía de la Conagua informó que 71.08% del territorio nacional estaba seco por la falta de precipitaciones.

De hecho, la temporada de lluvias del año pasado no fue suficiente para aumentar el llenado de varias presas y embalses, como las del Sistema Cutzamala, como resultado de una sequía general que arrastra el país desde 2019.

Y si bien se prevé que agosto y septiembre sean los meses con mayor actividad ciclónica debido a El Niño y las lluvias se prolonguen hasta diciembre, algunas regiones del país se refrescarán, pero otras no necesariamente.

Petteri Taalas, secretario general de la Organización Meteorológica Mundial, a principios de mes explicó que El Niño podría provocar un nuevo repunte del calentamiento global y que aumente la probabilidad de batir récords de temperatura.

El agua se evapora más rápido a temperaturas más altas y un clima más cálido genera suelos más secos. Pero al parecer esto tan básico se olvida o se obvia.

Ciertamente, la crisis hídrica en el país no es algo nuevo y se exacerba conforme las temperaturas se incrementan. A lo anterior se suman patrones inestables en las lluvias, que a su vez tienen impactos tanto en la disponibilidad como en la calidad del agua.

La escasez del agua en el país ya es omnipresente.

Para el Plan Nacional Hídrico 2020-2024 (PNH), la Conagua identificó 106 municipios con alta vulnerabilidad a la sequía, ubicados en el noroeste, centro y en la vertiente del Pacífico, básicamente en los estados de Baja California, Sonora, Coahuila, Chihuahua, Zacatecas, Jalisco, Michoacán, Querétaro, Ciudad de México y Guerrero.

Dos factores que afectarán “de manera significativa” los recursos hídricos del país y las fuentes de abastecimiento de agua en todas las regiones son el cambio climático y el cambio de uso de suelo, destaca el PNH.

Además, la Conagua señala que 24% de los municipios registra una vulnerabilidad climática alta y muy alta, lo cual significa una gran probabilidad de sufrir daños humanos y materiales por la inestabilidad del clima.

¿Qué se ha hecho al respecto? Como puede verse, casi nada. Eso sí, la deforestación y devastación de ecosistemas y acuíferos —como los de la Península de Yucatán— galopan a gran velocidad, se han destruido manglares y abandonado humedales, se han desmantelado instituciones enfocadas al medio ambiente y la crisis climática, así como la desaparición del Fondo contra el Cambio Climático.

En contraste, se ha echado mano de una técnica —sin aval de la ciencia— con costo millonario al erario y con nulos resultados, como lo es la siembra o bombardeo de nubes, para lo cual se ha contratado a la empresa Startup Renaissance.

Desde 2020 se han realizado bombardeos de nubes con yoduro de plata en Zacatecas, Durango, Sinaloa, Chihuahua, Sonora, Nuevo León, Baja California, Coahuila y Tamaulipas sin resultados positivos. Aun así, este año, para tratar de “mitigar la sed” del Cutzamala el periodo de siembra de nubes fue del 28 de marzo al 7 de mayo.

¿Los resultados? Como se menciona líneas arriba, el almacenamiento en las presas del Sistema Cutzamala se encuentra en 39.5 por ciento.

La paradoja estriba en que, mientras bajan los niveles de agua en las presas y se sobreexplotan acuíferos y pozos, se prevé que las lluvias provoquen inundaciones y “encharcamientos” en dos mil 750 puntos detectados en la CDMX y “60% de las zonas de riesgo se concentran en cuatro alcaldías”: Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Cuauhtémoc y Venustiano Carranza, lo cual pone en peligro a las personas que habitan esta urbe y la zona conurbada (Excélsior, 15-V-2023).

¿Qué hacer para aprovechar la lluvia y que no se desperdicie y se vaya a las aguas negras?

Políticas públicas efectivas, inversión público-privada y la participación de todos para adoptar una verdadera cultura del cuidado del agua, construir infraestructura que permita la infiltración de agua e inyección a los acuíferos, expandir la cosecha de lluvia a más zonas, tratamiento y reutilización de agua, reparación de la red de abastecimiento (40% del agua potable en la CDMX se pierde por fugas) y ampliación del sistema de drenaje, así como la regeneración y conservación de ecosistemas, como el Bosque de Agua, y humedales.

No hacerlo hará que los políticos tengan ocurrencias de cero resultados. En una de ésas proponen un plan estratégico de danzas y ofrendas sagradas al dios de la lluvia, Tláloc, ojalá que sin ningún sacrificio humano.

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