NASA confirma hundimiento de la CDMX alertado por la UNAM

Lorena Rivera

Lorena Rivera

Editorial

Mientras la planeación urbana en la Ciudad de México se mantiene anclada en la inercia de la expansión horizontal, incluso vertical, con complejos de uso mixto, además de obras estéticas de cara a la justa futbolística de junio próximo, la misión espacial NISAR de la NASA lanzó un mapa que confirma que la subsidencia no se detiene, es irregular e irreversible, ejemplo de ello, el oriente se hunde más rápido que otras zonas.

El mapa realizado a partir observaciones registradas entre el 25 de octubre de 2025 y el 17 de enero pasado da cuenta de que el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) es uno de los afectados por la subsidencia, ni se diga el Ángel de la Independencia, símbolo de la capital e identidad de los mexicanos y que, desde su construcción, en 1910, se le han añadido 14 escalones cada equis tiempo para compensar el hundimiento del suelo. ¿Las causas? La sobreexplotación del acuífero, el pasado lacustre de esta megametrópoli y el peso de las construcciones acumulado a lo largo del tiempo.

Todo esto juega en contra de la viabilidad de la ciudad y hay que sumar que el terreno es extremadamente vulnerable a los sismos; 1957, 1985 y 2017, lo recuerdan por sus afectaciones y el de ayer confirma dónde estamos parados.   

En julio de 2025 escribí en este mismo espacio: “¿Subsidencia? Como sea, la CDMX se hunde” (https://www.excelsior.com.mx/opinion/lorena-rivera/subsidencia-como-sea-la-cdmx-se-hunde/1724619), en aquel momento retomé la alerta de científicos del Instituto de Geología de la UNAM, quienes advirtieron que el hundimiento promedio de 10 a 30 centímetros cada año convertiría, en menos de una década, vastas zonas en territorios inhabitables, “además de desplazamientos forzados para evitar inundaciones y, paradójicamente, enfrentar la escasez de agua”. Esa información y la precisión satelital son, por decir lo menos, escalofriantes. 

Los hallazgos de la misión espacial conjunta entre la NASA y la Organización de Investigación Espacial de la India (ISRO), a través del satélite NISAR, no sólo confirman los peores pronósticos de los científicos de la UNAM, sino también dejan ver que las autoridades siguen sin ver lo evidente, es más, como señalé en aquel artículo, la información del hundimiento de la Ciudad de México se sabe desde finales del siglo XIX, detectado por el ingeniero Roberto Gayol y Soto gracias a una obra hidráulica, y fue hasta 1925 que evidenció el hundimiento. ¿Qué han hecho las autoridades? Nada. Mientras, algunas zonas de la CDMX se han hundido hasta 35 centímetros por año.

La sobreexplotación del acuífero continúa, las inundaciones, igual, así como las licencias para seguir construyendo, como si el espacio, las propiedades del suelo y los servicios lo permitieran. El satélite NISAR, lanzado en julio de 2025, utiliza un radar de apertura sintética de banda L capaz de ver a través de nubes y vegetación, de acuerdo con la NASA, opera día y noche para cartografiar movimientos sutiles del terreno con una fidelidad quirúrgica.

Los datos preliminares del mapa muestran tonalidades en color azul oscuro que representan hundimientos de más de dos centímetros al mes en las alcaldías Iztapalapa, Iztacalco, Venustiano Carranza y Gustavo A. Madero, un colapso del suelo provocado por la sobreextracción de agua subterránea que compacta los sedimentos arcillosos del antiguo lecho lacustre. 

Un ciclo perverso, no sólo hay subsidencia, también hay socavones, los tubos se rompen por el movimiento y por el agua que se extrae del subsuelo, cada vez a mayor profundidad. Con las fugas se desperdicia casi 50% de agua potable.

Esta crisis urbano-ambiental nos colocará, en menos de diez años, frente a un escenario de desplazamientos forzados entre subsidencia , inundaciones y escasez de agua, porque la supervivencia hace que te muevas y, si ahí ya no es seguro, te vas. 

Chalco, Iztapalapa y Tláhuac presentan grietas y socavones que son, en esencia, cicatrices del hundimiento por una mala planeación urbana que ignora la naturaleza porosa y frágil del territorio.

Un dato. El Plan General de Desarrollo de la CDMX publicado en 2020 con una visión a 20 años, elaborado por el gobierno capitalino pasado, la subsidencia se menciona sólo una vez en todo el documento en el apartado Restauración y mantenimiento de las funciones del suelo de conservación: “El abasto de agua para la ciudad ha provocado una sobreexplotación de los acuíferos, que a su vez induce el hundimiento (subsidencia) constante en distintas partes de la ciudad, lo que también conduce a vulnerar la red de agua potable y de drenaje, y sobre todo aumenta el riesgo de la infraestructura y de edificios ante sismos. El reto es detener y revertir el deterioro, restaurar los paisajes rurales y mejorar la calidad de vida de sus habitantes para conservar los servicios ambientales de sus ecosistemas, particularmente la captación e infiltración del agua y la biodiversidad”.

Lo peor, el Plan General de Desarrollo 2025-2045 de la administración de Clara Brugada sigue en consulta, pero por la información pública al momento, la construcción lleva mano. 

Claramente no hubo ni hay una ruta para detener la sobreexplotación del acuífero. Los permisos de construcción siguen otorgándose para grandes complejos en toda la ciudad y en zonas de alta vulnerabilidad sísmica y geológica. No hay memoria.

El mapa de la NASA muestra que la capital del país está sobre una bomba de tiempo, el minutero se acelera.

Si no cambiamos radicalmente el modelo de gestión del agua y planeación urbana, la Ciudad de México no será recordada por su grandeza, sino por ser la primera megaciudad del siglo XXI que se hundió bajo el peso de su propia negligencia.