Michael Moore, manipulador anticlimático
Michael Moore lanzó una ráfaga de ametralladora al movimiento ambientalista contra la crisis climática a través de su más reciente documental, Planet of the Humans, bajo la dirección y narración de Jeff Gibbs, justo en la conmemoración de los 50 años del Día de ...
Michael Moore lanzó una ráfaga de ametralladora al movimiento ambientalista contra la crisis climática a través de su más reciente documental, Planet of the Humans, bajo la dirección y narración de Jeff Gibbs, justo en la conmemoración de los 50 años del Día de la Tierra, el 22 de abril pasado.
Para tal efecto, el galardonado cineasta, documentalista y productor subió la cinta gratuitamente a YouTube y, con más seis millones 220 mil reproducciones —al momento de escribir estas líneas—, deja ver, de principio a fin, el objetivo de atravesar mortalmente el corazón de las energías renovables y, de paso, poner en la mira a algunos de los líderes de la lucha contra el cambio climático y la crisis ambiental.
Sin lugar a ninguna duda, el hecho en sí es noticia y más viniendo de Moore, quien, para muchos, es un héroe, al ser reconocido como uno de los pocos activistas visuales que han asestado duras críticas al establishment estadunidense.
Ahora, los blancos de Moore y Gibbs son las energías solar, eólica y biomasa, así como Bill McKibben, ambientalista y fundador de la organización 350.org, y Al Gore, exvicepresidente de Estados Unidos, Premio Nobel de la Paz 2007 y fundador de The Climate Project, organización enfocada a la educación sobre el cambio climático, principalmente.
La crítica al movimiento ambientalista y climático siempre será bienvenida porque ayuda a visibilizar fallas y remendar errores, además de fortalecer aquello que funciona.
No es el caso del documental de Moore y Gibbs. En los 100 minutos que dura la pieza hay sesgos. Ello aviva la peligrosa negación climática de muchos personajes y corporaciones de los combustibles fósiles.
La cinta está sustentada con datos y tomas de hace más de 10 años. Es un hecho que, en el pasado, las tecnologías empleadas en las energías limpias, como lo son paneles solares, aerogeneradores y vehículos eléctricos, no eran perfectas ni asequibles, pero, aun así, desde entonces se demostró la capacidad de reducir emisiones contaminantes, como el dióxido de carbono. Pero eso no está incluido.
Tampoco está documentado que, de diez años para acá, las tecnologías de las energías limpias, así como las de los vehículos híbridos y eléctricos, han mejorado.
Hay dos ejemplos clarísimos a compartir sobre la crítica de Gibbs y Moore a las renovables, no sin antes advertir que son spoilers, pero necesarios.
Gibbs acudió al lanzamiento del Chevrolet Volt, un auto híbrido y enchufable, en 2010, sí, hace 10 años.
Indica que como el vehículo para funcionar debe cargase en una línea eléctrica, cuya producción es con carbón, entonces generaliza que no existen beneficios ambientales en los vehículos eléctricos e híbridos.
Sin duda, hace 10 años esa crítica era válida, hoy es obsoleta.
En otra escena, Gibbs y el coproductor del documental, Ozzie Zehner, aseguran que se emplean más combustibles fósiles en la construcción de la infraestructura para las energías renovables, por lo cual “habría sido mejor quemar los combustibles fósiles en lugar de jugar a simular”.
La crítica más válida es en el tema de la biomasa, pues muestra la quema de árboles para producir electricidad, sin embargo, ese tipo de energía, cuando se produce con residuos, puede ser controlable.
Lo más frustrante es que en ninguna parte del documental hay propuesta alguna para mitigar los efectos devastadores de las actividades humanas, sólo la afirmación de que reducir la población es el único remedio efectivo.
Sí, Gibbs sugiere que sería mucho mejor que las personas tengan menos hijos porque “el crecimiento infinito en un planeta finito es suicidio”.
Seguro que sí, el planeta es finito y lo estamos llevando al extremo de su capacidad de carga y el crecimiento poblacional se desborda, pero eso no justifica el querer echar abajo los esfuerzos contra el cambio climático y la degradación del ambiente.
La ciencia apoya la transición de los fósiles hacia las energías limpias como un apoyo para disminuir los gases de efecto invernadero, pero nunca ha dicho que éstas, por sí solas, salvarán el planeta. Por el contrario, ha señalado que, sin cambios de fondo, será imposible ganar la batalla.
No por nada Naomi Klein, periodista y activista climática, tuiteó a finales de abril: “Es desmoralizante cuánto daño ha hecho esta película en un momento en que muchos están listos para un cambio profundo. Hay críticas importantes a un ambientalismo que se niega a tener en cuenta un consumo ilimitado + crecimiento. Pero esta película no lo es”.
Planet of the Humans es el arma perfecta para los negacionistas del cambio climático y la herramienta ideal para descarrilar los esfuerzos climáticos que tanto han costado.
Qué paradoja que el autor de esclarecedores documentales como Bowling for Columbine y Fahrenheit 11/9 pareciera favorecer la versión de su archienemigo Donald Trump.
Moore quizá siga siendo el héroe de muchos, pero a mí me decepcionó.
