Manglares: ¿aguas pestilentes o protectores de vida?

A medida que la intensidad y frecuencia de los fenómenos meteorológicos aumentan, la necesidad de encontrar soluciones efectivas para la mitigación de desastres se vuelve más apremiante, más cuando el planeta y la atmósfera experimentan un calentamiento sin ...

A medida que la intensidad y frecuencia de los fenómenos meteorológicos aumentan, la necesidad de encontrar soluciones efectivas para la mitigación de desastres se vuelve más apremiante, más cuando el planeta y la atmósfera experimentan un calentamiento sin precedentes.

Estos eventos climáticos extremos tienen consecuencias devastadoras que incluyen la pérdida de vidas humanas, daños o destrucción total de la propiedad, de infraestructuras y de medios de vida; degradación del medio ambiente, así como costos económicos altísimos. Tal como acabamos de verlo con el paso catastrófico del huracán Otis en Acapulco y varios municipios de Guerrero.

La naturaleza tiene su propio sistema de protección contra los embates de tormentas tropicales y las marejadas ciclónicas: los ecosistemas costeros, entre los que destacan los bosques de manglares, los cuales actúan como la primera línea de defensa.

A pesar de la importante función como barrera contra tormentas tropicales, los manglares habían sido considerados como zonas insalubres y de agua estancada, sin ningún valor, por ello, grandes áreas fueron desmontándose para construir desarrollos turísticos, infraestructura urbana y granjas acuícolas.

A lo largo de los últimos años, diversos estudios han arrojado información valiosa sobre otros servicios ecosistémicos de los manglares.

Los bosques de manglares son ecosistemas costeros de zonas tropicales y subtropicales, formados por los únicos árboles y arbustos que tienen la capacidad de tolerar el agua salada y, de acuerdo con el Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH), los manglares “estabilizan las costas, protegen a las comunidades de las tormentas, proporcionan hábitats críticos para muchos animales —numerosas especies de peces y crustáceos— y almacenan grandes cantidades de carbono”.

Una investigación publicada en 2020 por la revista Nature analizó la relación entre la extensión de los manglares y la reducción del daño causado por las inundaciones durante huracanes.

Los científicos encontraron que los manglares reducen la altura de las olas y la velocidad del viento, lo cual disminuye la erosión costera y protege a las comunidades que se encuentran detrás de ellos.

Este hallazgo resalta la importancia de preservar los manglares y otros ecosistemas costeros como un enfoque efectivo para la gestión del riesgo de desastres.

Las raíces —característica principal del mangle— retienen los sedimentos, previniendo la erosión, pues el desgaste de las costas empeora las inundaciones.

Además de su papel en la reducción de la fuerza de las olas y vientos, los manglares y otros ecosistemas costeros también absorben grandes cantidades de agua durante eventos de precipitación intensa. Un estudio realizado en 2017 por la Universidad de California demostró que los manglares pueden almacenar hasta cinco veces su propio peso en agua, lo que reduce significativamente el riesgo de inundaciones en zonas costeras durante tormentas tropicales.

Esta capacidad de absorción de agua proporciona una barrera adicional contra los daños causados por las lluvias torrenciales asociadas con estos fenómenos meteorológicos extremos.

Conservar los bosques de manglares es también un activo en la lucha contra el cambio climático, pues capturan y almacenan carbono azul, junto con los océanos y otros ecosistemas costeros.

Sumado a todo lo anterior, debe reconocerse que la degradación de los ecosistemas costeros, impulsada por la actividad humana y el cambio climático, amenaza su capacidad para proteger a las comunidades costeras.

Esto subraya la importancia de políticas de conservación y restauración de los ecosistemas costeros en la gestión del riesgo de desastres.

En el mundo hay ejemplos notables de cómo la preservación de los manglares ha resultado en la protección de las comunidades costeras contra la furia de los huracanes.

Un ejemplo es el caso de Sundarbans, el bosque de manglar más grande del planeta compartido por India y Bangladesh, que ha funcionado como una barrera natural contra ciclones y tormentas durante siglos. La densa vegetación ha sido clave en la reducción de daños, salvando vidas y medios de subsistencia locales.

Nuestro país posee una rica diversidad de manglares en los 17 estados costeros, que brindan numerosos beneficios ecológicos y económicos.

De acuerdo con la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), los manglares de México representan 6% del total a escala global y, por ello, ocupa el cuarto lugar entre las naciones que tiene este ecosistema costero, los primeros tres sitios los tienen Indonesia, Australia y Brasil.

Sin embargo, en nuestro país, los bosques de manglares son afectados por la tala para dar paso a actividades acuícolas, turísticas y para infraestructura.

Cifras oficiales indican que México pierde 10 mil hectáreas de manglares al año, siendo Nayarit, Quintana Roo y Tabasco los estados que mayor declive registran. A escala global, se ha perdido alrededor de 25% de los manglares en las últimas décadas.

El futuro de las zonas costeras y la biodiversidad marina también depende de la preservación de este valioso ecosistema. Por ello, es urgente proteger y recuperar los bosques de manglares como una solución natural y efectiva contra el cambio climático, así como fortalecer su papel en la gestión del riesgo de desastres.

Los manglares son barreras naturales que protegen la vida.

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