Los osos polares y su ternura, en peligro por los humanos
Desde que los científicos comenzaron a documentar el declive del hielo marino del Ártico, la humanidad ha sido testigo de numerosos informes sobre osos polares desnutridos, desplazándose con cautela sobre el hielo menguante o caminando errantes hasta llegara poblaciones para hurgar en los basureros o nadando largas distancias con un desenlace fatal
Imágenes de osos polares —aún tan majestuosos como imponentes— flotando sobre fragmentos de hielo sin rumbo en el océano se han vuelto ejemplo de la resistencia frente a las adversidades más crudas.
Desde que los científicos comenzaron a documentar el declive del hielo marino del Ártico, la humanidad ha sido testigo de numerosos informes sobre osos polares desnutridos, desplazándose con cautela sobre el hielo menguante o caminando errantes hasta llegar a poblaciones para hurgar en los basureros o nadando largas distancias en busca de refugio, a veces sin conseguirlo, con un desenlace fatal.
Estas imágenes son símbolos del impacto del cambio climático sobre la biodiversidad. Sin embargo, hasta ahora, se carecía de una cuantificación de cómo las acciones humanas, específicamente las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), afectan directamente al oso polar u oso marino (Ursus maritimus).
En 2008, el oso polar fue el primer animal en ser incluido en la lista de especies en peligro de extinción de Estados Unidos debido a la amenaza de la crisis climática, en específico por la pérdida del hielo marino.
Una reciente investigación realizada en conjunto entre la organización de conservación Polar Bears International (PBI) y las universidades de Washington y de Wyoming, demuestra el vínculo directo entre las emisiones de GEI y la supervivencia de Nanuk, como lo llaman los inuit de Canadá.
Hay que decir que existen 19 subpoblaciones en el Círculo Polar Ártico —conformado por Canadá, Alaska, Groenlandia, Rusia y Noruega— y 60% de éstas habita en el país de la hoja de maple.
Los hallazgos han sido posibles gracias a la combinación de datos satelitales, registros climáticos y el monitoreo del desplazamiento de los osos polares, es decir, no se limita sólo a la observación, ya que se ha cuantificado la conexión entre la reducción del hielo marino y las emisiones antropogénicas, lo cual ofrece una perspectiva única y objetiva sobre cómo afectan las actividades humanas a la especie.
Es así que el estudio Desbloquear la Ley de Especies en Peligro de Extinción para abordar las emisiones de GEI, publicado el jueves pasado en la revista Science, conecta los días sin hielo marino y los límites de ayuno de los osos polares con las emisiones acumuladas de gases de efecto invernadero, además, también vincula las emisiones con las tasas de supervivencia de los tiernos cachorros.
El hielo marino es vital para que estos gigantes del Ártico puedan cazar focas y alimentarse, pero el deshielo los empuja a nadar e ir hacia tierra adentro, donde la comida es escasa. El declive de las plataformas heladas debido al calentamiento global ha hecho que los osos polares enfrenten periodos más extensos sin alimentación, por lo tanto, agotan las reservas de grasa.
Contextualizando, desde 1979 se tienen imágenes satelitales del hielo marino y, gracias a esto, los científicos han monitoreado subpoblaciones de osos polares que han enfrentado temporadas sin hielo durante, al menos, una década. A lo largo de este periodo se evidenció un aumento en el número de días que esta especie pasa sin alimentarse, correlacionado con el aumento de las emisiones de GEI.
Steven Amstrup, científico jefe emérito de PBI y autor principal del estudio, dijo a CNN que, en 1979, los osos polares del mar de Chukchi (entre la punta nordeste de Siberia, Rusia, y el noroeste de Alaska, Estados Unidos) pasaron aproximadamente 12 días sin alimentarse, pero para 2020 la cifra dio un gran salto a 137 días.
Además, indicó que, por cada 14 gigatoneladas adicionales de emisiones liberadas, se suma al conteo un día más de ayuno y, en las regiones donde el hielo se mantenía más tiempo en verano, ahora los osos polares están sufriendo cambios drásticos en su hábitat, como en el sur del mar de Beaufort (entre Alaska y Canadá).
Los osos polares en áreas donde las capas de hielo normalmente se derriten por completo durante el verano, como en la bahía de Hudson (Canadá), experimentaron aumentos en los días que se vieron obligados a pasar sin alimento.
Es así que esta especie enfrenta periodos de ayuno no experimentados antes, lo cual la pone en peligro, pues los científicos prevén que podría extinguirse hacia finales de siglo, a menos que se frene el calentamiento del planeta, es decir, se reduzcan drásticamente las emisiones de GEI hasta llegar a cero neto.
Amstrup, en una investigación previa, señaló que la capacidad de un oso polar para resistir días sin comida varía en función de su ubicación y estado de salud, pero el incremento en días sin hielo conduce a una marcada disminución en la reproducción y supervivencia.
De acuerdo con datos del Grupo de Especialistas en Osos Polares, se calcula que en la actualidad existen 26 mil ejemplares, esto supone una disminución de más de 30% en los últimos 45 años.
Pero, ¿por qué es tan significativo el nuevo estudio? Primero, porque destaca la vulnerabilidad inmediata de los gigantes del Ártico ante el cambio climático y, segundo, porque muchas otras especies y sus hábitats están siendo afectados.
Sin duda, el cambio climático altera, de manera alarmante, la biosfera, esencial para la supervivencia humana, y la biodiversidad está en declive a un ritmo acelerado nunca antes visto.
El oso de hielo (Isbjörn), como lo conocen en Noruega, emerge no sólo como un símbolo del Ártico, sino como el barómetro del equilibrio ecológico global.
