Letra muerta, planeta ídem, si fracasa la COP30
La COP30 se encamina a ser la segunda cumbre del clima más grande de la historia, con más de 56 mil asistentes registrados. Sin embargo, podría convertirse en un espejo de profundas contradicciones de la acción climática global y una cruda escalada de tensiones ...
La COP30 se encamina a ser la segunda cumbre del clima más grande de la historia, con más de 56 mil asistentes registrados. Sin embargo, podría convertirse en un espejo de profundas contradicciones de la acción climática global y una cruda escalada de tensiones políticas y protestas sociales.
La expectativa es que esta COP se posicione como la primera de implementación real desde París (2015), lo que se verá después del 21 de noviembre. Ojalá se logre.
Si bien la mitigación al cambio climático ha sido el eje central de estos casi 10 años del Acuerdo de París, los impactos meteorológicos exacerbados por la crisis del clima exigen a las naciones, sobre todo a las más vulnerables, a adaptarse, pero para ello se requiere dinero.
En la COP29 en Bakú, Azerbaiyán, se estableció que los países desarrollados debían otorgar 300 mil millones de dólares al año hasta 2035 para las naciones en desarrollo, bajo el principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas.
Esto es, si bien todos los países están llamados a actuar contra la crisis climática, son los desarrollados e industrializados los responsables de la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero y, por lo mismo, tienen más recursos, por lo que deben liderar la acción climática y financiar a las naciones en desarrollo para que se adapten, porque son las más desprotegidas a los impactos del calentamiento global.
Pero esos 300 mil millones de dólares anuales quedaron muy por debajo de 1.3 billones de dólares solicitados por los países en desarrollo, lo cual generó estancamiento en las negociaciones.
Como respuesta, se lanzó la Hoja de Ruta Bakú-Belém, un documento de 75 páginas presentado por las presidencias de la COP29 (Azerbaiyán) y de la COP30 (Brasil) para fortalecer el financiamiento bajo cinco ejes de acción: reabastecimiento, reequilibrio fiscal, redirección, reestructuración y reconfiguración.
Pero el plan se enfoca más en bancos multilaterales y en el FMI, quitando responsabilidad directa a los países desarrollados establecida en el Acuerdo de París.
Para Greenpeace, la Hoja de Ruta no impulsa “la rendición de cuentas de los países desarrollados para que entreguen el financiamiento público prometido para la acción climática en los países en desarrollo”.
Si no se logran consensos, este mecanismo podría convertirse en letra muerta. La voluntad política es el recurso más escaso para la acción climática.
Y la presidencia de la COP30 ya confirmó que no es prioritaria su aprobación formal.
En cambio, el esperado Fondo de Pérdidas y Daños, (lanzado en la COP27 de Sharm el Sheikh, Egipto), el 11 de noviembre pasado ya abrió la primera convocatoria de propuestas de proyectos, con un paquete inicial de 250 millones de dólares. Los países más indefensos pueden presentar solicitudes durante el primer semestre de 2026 y la aprobación se realizaría en julio.
Las naciones con daños por la crisis climática podrán solicitar entre cinco y 20 millones de dólares, como subvención, para afrontar los desastres provocados por tormentas, inundaciones, sequías y el aumento del nivel del mar.
El fondo cuenta con alrededor de 397 millones de dólares y el año pasado el compromiso, principalmente de los países de la Unión Europea, fue de más de 700 millones de dólares.
Hay que destacar que Brasil lanzó la iniciativa del Fondo Bosques Tropicales para Siempre con el fin de financiar la conservación y preservación de estos ecosistemas. Se espera que los gobiernos aporten una bolsa de 25 mil millones de dólares en los próximos años y movilizar 100 mil millones de dólares de fuentes privadas.
En cuanto a la mitigación, la primera semana trajo noticias alentadoras sobre el progreso de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC). El secretario ejecutivo de Cambio Climático de la ONU, Simon Stiell, indicó que 86 nuevas NDC sitúan al mundo en camino de reducir las emisiones globales en 12% para 2035 en comparación con los niveles de 2019, doblando por primera vez la curva de emisiones, pero, como lo dijo, sigue siendo insuficiente.
La ciencia insiste en la insuficiencia de estos esfuerzos, ya que las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero alcanzaron niveles récord en 2024.
No puede evitarse el tema del reacomodo geopolítico. Por primera vez en 30 años, el gobierno de Estados Unidos no envió una delegación oficial a una COP, una medida acorde con la postura anticlima o negacionista de la administración Trump.
En este vacío, la respuesta estadunidense vino desde un gobierno subnacional. El gobernador de California, Gavin Newsom, se convirtió en el funcionario de más alto rango de EU en aparecer y criticó al presidente de su país por “haber abandonado todo sentido del deber”.
Y, nuevamente, en esta COP se deja ver la influencia de los grandes emisores. Se registró la asistencia de unos mil 600 participantes identificados como cabilderos de los combustibles fósiles, según la organización Kick Big Polluters Out.
El acontecimiento más significativo y polémico de la primera semana de la COP30 fueron las negociaciones sobre la Transición Justa. El G77+China solicitó formalmente la creación de un Mecanismo Global para la Transición Justa, que hace eco a las demandas históricas de la sociedad civil, plasmadas en el Mecanismo de Acción de Belém (BAM). La Unión Europea también presentó una propuesta con la que se marca una evolución en el diálogo internacional.
Pero este avance es frágil, porque varios países desarrollados se han opuesto firmemente a la creación de cualquier nuevo mecanismo, insistiendo en que los acuerdos existentes son suficientes. Esta resistencia se interpreta como la negación de la responsabilidad y la negativa a reconocer que las transiciones sin justicia carecen de legitimidad.
Belém avanza con pequeñas victorias. No hay tiempo para más promesas ni mucho menos para negativas. Millones de personas viven bajo las consecuencias de la crisis climática.
