Las puertas del infierno climático ¿volverán a cerrarse?

Nuestro país se encuentra hasta el fondo, en una lista de 16 naciones, en materia de combate al cambio climático, de acuerdo con un reporte reciente de la organización Climate Action Tracker, pues no se ve la intención de eliminar gradualmente combustibles fósiles como gas y carbón.

Los líderes globales han extraviado el camino para cumplir los objetivos del Acuerdo de París, compromiso que hicieron en 2015. A casi ocho años de ello, las altas temperaturas y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero llevan al planeta a las puertas del infierno.

Mientras, la biodiversidad continúa colapsando vertiginosamente; los bosques en vez de ser sumideros de carbono, con los incendios se han convertido en emisores; la contaminación del aire, los océanos y la tierra no cede, alimentar a los más de ocho mil millones de humanos es un reto cada vez más complicado, la pobreza sigue sin cambios y la invasión rusa, irracional y asesina, en territorio ucraniano lo complica todo.

Eso sí, las compañías petroleras, de gas y de carbón, suman millonarias ganancias, y las potencias globales —entre las que se encuentran las más contaminantes— siguen sin cumplir la promesa del financiamiento verde —una bolsa de 100 mil millones de dólares al año— y transferencia tecnológica para ayudar a los países menos desarrollados a enfrentar la emergencia climática.

Sumado a lo anterior, los negacionistas del cambio climático suben como la espuma y muchos gobernantes claramente han echado mano de todo el poder para desmantelar las políticas climáticas de sus naciones. Sí, esto es desalentador y más porque el 20 de septiembre pasado se llevó a cabo la Cumbre sobre la Ambición Climática en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas y hubo de todo, como protestas de activistas, ciudadanos y científicos —en su mayoría gente joven— exigiendo el fin de los combustibles fósiles, pero, paradójicamente, lo que faltó fue, justo, ambición climática.

Y no puede ser eso posible, cuando los hechos arrojan que en los primeros 11 días de septiembre, ocho inundaciones devastadoras y mortíferas se dieron en cuatro continentes.

António Guterres, secretario general de la ONU, tomó la decisión de invitar a la cumbre sólo a los líderes de los gobiernos nacionales que, desde su perspectiva, están implementando acciones climáticas y también como respaldo a las naciones menos desarrolladas que poco o nada contribuyen con el calentamiento del planeta, por lo cual no pasó inadvertida la ausencia de los gobernantes de Estados Unidos, India, China y Reino Unido, que representan alrededor de 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero mundiales.

Y no es de extrañar la falta de compromiso, porque las naciones del G7 lo hicieron patente en la reunión de mayo pasado en Hiroshima, Japón, cuando los líderes de ese “selecto grupo de países ricos”, que incluye a Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá, anunciaron el apoyo a más inversiones en gas natural licuado, tener sectores energéticos “total o predominantemente” descarbonizados para 2035, además de “acelerar” la eliminación gradual del carbón, pero en esto último no fijaron tiempos.

El financiamiento al gas se da so pretexto de la invasión rusa a Ucrania, pues las naciones no quieren depender del combustible de Moscú, a pesar de la emergencia climática.

De acuerdo con Greenpeace, la industria creciente del gas natural licuado se cierne como una de las mayores amenazas de los combustibles fósiles. “Es una de las formas de energía más contaminantes y, en su forma licuada, sus emisiones de carbono pueden ser tan malas como las del carbón”, dijo en mayo pasado Tracy Carty, experta en política climática global de Greenpeace.

El problema es que los esfuerzos no alcanzan para evitar el colapso climático, peor aún, el planeta está entrando al infierno. “La humanidad ha abierto las puertas del infierno”, advirtió Guterres en la Cumbre sobre la Ambición Climática.

El camino de la inacción está llevando hacia un aumento de la temperatura de 2.8 grados centígrados y ello exacerbará el peligro y la inestabilidad para toda la vida en la Tierra.

Con la amenaza de incumplir la meta de París y el registro de los tres meses más calientes de la historia, para científicos y activistas climáticos cayó como rayo la decisión de Rishi Sunak, primer ministro de Gran Bretaña, de retrasar hasta 2035 los objetivos para lograr el cero neto, inicialmente hacia 2030, como la prohibición de la venta de vehículos de combustión interna y la sustitución de calentadores de gas por bombas de calor.

No sólo eso, a finales de julio pasado, el gobierno de Sunak hizo el compromiso de conceder cientos de licencias para la extracción de petróleo y gas en el mar del Norte, según esto, para lograr mayor independencia energética. Y bajo esa misma idea, nuestro país se encuentra hasta el fondo, en una lista de 16 naciones, en materia de combate al cambio climático, de acuerdo con un reporte reciente de la organización Climate Action Tracker, pues no se ve la intención de eliminar gradualmente combustibles fósiles como gas y carbón. Además, señala el documento que ha disminuido el apoyo a las energías renovables, por lo que el país está muy alejado de descarbonizar el sector eléctrico. O sea, tampoco está alineado con los objetivos del Acuerdo de París, como el limitar el calentamiento a 1.5 grados centígrados.

Aún no se entiende o no se han encendido del todo las alertas de que México es uno de los países que mayores peligros corre por la inestabilidad del clima. Por ejemplo, actualmente, más de 60% del territorio nacional tiene sequía, la proporción más alta desde 2014, de acuerdo con el Monitor de Sequía, pues pasó de 43.3% en julio a 67.1% en septiembre.

¿Qué más tiene que pasar para tomar acciones? Preocuparse por el incremento de las temperaturas no ayuda en nada.

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