Las migajas del desastre que el iceberg A23A deja a su paso

En una imagen reciente tomada desde el espacio, la NASA reveló la desintegración del iceberg A23A, un coloso de hielo que durante casi cuatro décadas flota en las aguas del océano Austral. Lo que se observa es sobrecogedor: una enorme masa blanca que se fragmenta poco a ...

En una imagen reciente tomada desde el espacio, la NASA reveló la desintegración del iceberg A23A, un coloso de hielo que durante casi cuatro décadas flota en las aguas del océano Austral. Lo que se observa es sobrecogedor: una enorme masa blanca que se fragmenta poco a poco de sus bordes y va dejando bloques de hielo como migajas.

Así se desvanece el iceberg más grande del mundo, el problema es que se dirige hacia una de las reservas de vida marina más importantes del planeta: la isla de Georgia del Sur, habitada por focas, pingüinos y aves.

Este iceberg, con una superficie aproximadamente de tres mil 100 kilómetros cuadrados —más grande que la Ciudad de México— y un peso de casi un billón de toneladas, en 1986 se desprendió de la plataforma de hielo Filchner-Ronne, en la Antártida, y durante más de 30 años estuvo varado en el lecho marino de Weddell, de acuerdo con el British Antarctic Survey (Servicio Británico de estudios Antárticos, BAS).

En 2020 logró liberarse e inició una travesía hacia el norte, que lo ha llevado por algunas de las regiones más hostiles y dinámicas del océano Austral. Cruzó el Pasaje de Drake, una zona temida por su fuerza y conocida como el cementerio de icebergs, donde muchas de estas masas de hielo son arrastradas hacia su destino final con corrientes inestables y temperaturas cada vez más cálidas.

El A23A resistió durante meses en un vórtice oceánico hasta que a finales de 2024 logró zafarse y seguir su rumbo. Pero su destino resultó ser una trampa: quedó varado en marzo de 2025 cerca de Georgia del Sur, una isla remota y santuario de biodiversidad.

La isla alberga algunas de las mayores concentraciones de pingüinos del planeta, específicamente cuatro especies: macaroni, rey, papúa y barbijo, así como ballenas, focas, como lobos y elefantes marinos; diferentes especies de albatros y otras aves.

El proceso que enfrenta A23A se conoce como desgaste del borde. Es un fenómeno en el que las temperaturas más cálidas y el oleaje desgastan los márgenes del iceberg, provocando que se partan en secciones. Aunque el núcleo del iceberg permanece en gran parte intacto, los fragmentos indican que su estructura interna podría estar mucho más comprometida de lo que se pensaba. Prueba de ello es la reciente aparición de A23C, que se desprendió a mediados de abril, tiene casi 20 kilómetros de largo y 8 km de ancho, es una enorme porción y comenzó su propia deriva hacia aguas abiertas.

La colisión del iceberg con un banco submarino detuvo su avance y se aceleró su fragmentación. Datos de la NASA indican que el A23A ha perdido más de 360 kilómetros cuadrados de hielo. Algunos constituyen un serio riesgo para la navegación en la zona.

Además, los científicos han identificado una franja de escombros helados extendida por el lado norte del iceberg. Esta zona parece haberse formado tras varios días consecutivos de sol, lo que indica que el calentamiento localizado está teniendo un efecto directo en su integridad.

El US National Ice Center señala que el iceberg ha perdido tanta superficie que podría ceder pronto su título como el más grande del mundo al D15A. Pero, más allá de los récords, el foco ahora está en las consecuencias ecológicas que su presencia puede tener sobre Georgia del Sur y sus ecosistemas únicos.

Científicos del BAS advierten que un iceberg de tal magnitud puede alterar los patrones de la cadena trófica de varias especies marinas, que incluye corales, esponjas, plancton y krill antártico, éste es conocido como el eslabón fundamental de la cadena alimentaria.

Con el colapso del iceberg, los pingüinos podrían verse obligados a nadar distancias mucho mayores para encontrar alimento si el acceso a las zonas ricas en peces se ve bloqueado por el hielo. A esto se suma el impacto químico: el deshielo introduce grandes cantidades de agua dulce y nutrientes en el mar, lo que puede modificar la salinidad, la temperatura y la circulación de las corrientes marinas.

En algunos casos, este fenómeno puede estimular el crecimiento del fitoplancton, pero si los cambios son demasiado abruptos, pueden producir alteraciones profundas en el equilibrio ecológico.

Para los científicos, el A23A es también una ventana hacia el futuro del sistema climático. Este iceberg, desprendido hace casi 40 años, ha sobrevivido a la acelerada crisis climática. Pero su progresiva desintegración pone en evidencia la vulnerabilidad de la criosfera: esa parte del planeta dominada por hielo y nieve que responde de forma sensible al aumento de temperaturas.

Al peligro que representa el iceberg más grande del mundo a la biodiversidad de la Antártida, se suma la disminución de 22% de la población de pingüinos emperador en un lapso de 15 años (2009-2024).

Un nuevo estudio del BAS, con base en proyecciones modeladas por computadora, apunta a que los emperador (los más grandes de las especies y distintos a los pingüinos rey) se acercarán a la extinción hacia 2100, suponiendo que las tasas actuales de calentamiento global continúen y se mantengan.

Para Phil Trathan, coautor y miembro emérito del BAS, la única manera para que la población de los emperador mejore es bajar las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes de la inestabilidad de clima.

La crisis climática y el acelerado aumento de las temperaturas del planeta no sólo desprenden y fragmentan colosos de hielo, también ponen en gran peligro a los pingüinos, especies que, de por sí, luchan por sobrevivir en los confines más remotos del planeta.

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