La temperatura y devastación al alza no tienen límites
Los ocho años más cálidos jamás registrados a nivel mundial ocurrieron de 2015 a 2022, como consecuencia de las concentraciones de gases de efecto invernadero provocadas por la quema de combustibles fósiles, informó hace unos días la Organización Meteorológica ...
Los ocho años más cálidos jamás registrados a nivel mundial ocurrieron de 2015 a 2022, como consecuencia de las concentraciones de gases de efecto invernadero provocadas por la quema de combustibles fósiles, informó hace unos días la Organización Meteorológica Mundial.
Y el año pasado fue el quinto más caliente, con una temperatura global promedio de 1.15 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales.
Esto significa que las emisiones, lejos disminuir, continúan aumentando, por lo tanto, el calor también sigue acumulándose aun con la ruta trazada por el Acuerdo de París y los compromisos adquiridos por las naciones junto con sus sociedades. Lo cual aún está lejos de cumplirse.
A esto hay que sumar las previsiones del Informe de Riesgos Globales 2023 del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), el cual se basa en los datos de la Encuesta Mundial de Percepción de Riesgos 2022-2023 para, así, poder comprender los peligros a los que la humanidad se enfrentará, tanto a corto como a largo plazos.
Son 10 riesgos que identificaron los expertos del WEF y, de ésos, en la posición número dos se encuentran los desastres naturales y eventos del clima extremo; en la cuarta, el fracaso en la mitigación del cambio climático: en el sexto sitio está el daño ambiental a gran escala; en el séptimo, el fracaso en la adaptación al cambio climático y, en el noveno, el colapso de los ecosistemas, todo esto en un horizonte de dos años.
Es decir, de 10 peligros a gran escala, la mitad están relacionados con la crisis climática y el deterioro ambiental. Además, son un indicador de que poco o nada se está haciendo, a pesar de que los hechos devastadores relacionados con la inestabilidad del clima y el colapso ambiental se exacerban cada vez más.
Recordemos que el año pasado Europa y el norte de África fueron golpeados con olas de calor extremas, temperaturas cálidas que se extendieron hasta el invierno; sin olvidar las sequías que asolaron a nuestro país, así como las inundaciones mortales en Pakistán y la pérdida de especies.
En cuanto a los riesgos a largo plazo, en un horizonte de 10 años, el informe del WEF identificó que el fracaso en la mitigación del cambio climático, así como el fracaso en la adaptación al cambio climático son los dos peligros más graves a los que la humanidad se enfrentará.
Además, en la próxima década, el mundo también deberá sortear desastres naturales y fenómenos meteorológicos extremos, así como la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas.
Con esta información, gobiernos y sociedades de cada nación deberían cuestionarse si consideran que están preparados para hacerles frente.
Poquísimos países están trabajando en la mitigación y adaptación al cambio climático y aceleran la transición hacia energías renovables, pero otros sólo tienen la promesa de que harán algo, pero no dicen ni cómo ni cuándo. Son sólo palabras al viento.
Los hallazgos del Foro Económico Mundial son preocupantes y deberían estar en el centro de las discusiones en Davos, porque si bien es cierto que nadie está a salvo de los desastres relacionados con la crisis climática y los fenómenos meteorológicos extremos, los países de ingresos bajos y medianos son los más afectados de manera desproporcionada.
Lo peor de todo es que los impactos del cambio climático probablemente pudieron no haber ocurrido o quizá hubieran tenido consecuencias no tan graves para las personas y sus medios de vida.
Es cierto, el hubiera no existe, pero hoy sabemos que desde finales de la década de los años 70 y principios de la de los 80 del siglo XX, científicos que trabajaban para el gigante petrolero ExxonMobil y otros asociados realizaron predicciones climáticas precisas sobre el impacto de las emisiones por quema de combustibles fósiles en el incremento de la temperatura global.
Así lo demuestra un reciente análisis muy detallado sobre los modelos internos de la petrolera realizado por los investigadores Geoffrey Supran y Naomi Oreskes, de la Universidad de Harvard, y Stefan Rahmstorf, del Instituto de Potsdam para la Investigación sobre el Impacto del Cambio Climático, publicado la semana pasada en la revista Science.
Del análisis de los datos sobresale que entre 63 y 83% de las proyecciones se ajusta a estándares estrictos de precisión, por lo que el calentamiento promedio previsto fue de alrededor de 0.2 grados centígrados por década, muy cercano a “las proyecciones académicas y gubernamentales independientes publicadas entre 1970 y 2007”.
Esto debería ser un escándalo mundial, porque fueron décadas de negar la ciencia climática. La deshonestidad y corrupción de ExxonMobil y de otros gigantes de los combustibles fósiles le arrebataron a la humanidad la gran oportunidad de ejecutar acciones, desde décadas atrás, para evitar o revertir los efectos devastadores de la crisis climática.
Quizás este trabajo podría abrir una nueva batalla legal a nivel global contra el engaño de ExxonMobil y hasta llegar al mismísimo Tribunal Internacional de La Haya.
