La lucha climática también es un tema de inclusión

La crisis climática afecta absolutamente a todos, pero no por igual. Los impactos son de manera diferenciada. Y, desde el enfoque de los derechos humanos, existe un segmento de la población que sigue siendo invisible: las personas con discapacidad. A pesar de los ...

La crisis climática afecta absolutamente a todos, pero no por igual. Los impactos son de manera diferenciada. Y, desde el enfoque de los derechos humanos, existe un segmento de la población que sigue siendo invisible: las personas con discapacidad. 

 A pesar de los esfuerzos de inclusión, las personas con discapacidad se enfrentan cotidianamente a la marginación, la discriminación, actos de violencia y abuso, que se exacerban con desigualdades preexistentes, como la pobreza. 

 En el mundo, aproximadamente 15% de la población tiene alguna discapacidad intelectual o física y es de las más afectadas cuando surge alguna emergencia —como lo es el impacto de algún fenómeno meteorológico—, de acuerdo con el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. 

Así, las personas con discapacidad que viven en la pobreza tendrán que enfrentar mayores desafíos respecto al resto de la población. 

Trate de imaginar la llegada de un huracán con toda la furia a una población de bajo o nulo desarrollo, es decir, con muchas carencias y todo en contra, como la ausencia de una alerta temprana. 

Las fuertes lluvias y vientos ocasionan la destrucción de la poca infraestructura, como caminos y puentes, viviendas precarias, además, tierras de cultivo destrozadas y animales de granja para autoconsumo ahogados. 

La mayoría de la gente podrá evacuar las zonas destruidas y dirigirse a los albergues, pero las personas con alguna discapacidad motriz o mental requerirán ayuda para llegar al refugio (es probable que no cuenten con una silla de ruedas y, si la tienen, ¿cómo sortear tierras inundadas?), además de asistencia médica y algún apoyo especial. 

Se ha documentado que personas con enfermedades mentales son especialmente vulnerables. La Asociación Estadunidense de Psiquiatría indica que las personas con esquizofrenia tienen dificultad para regular la temperatura corporal, por lo tanto, las olas de calor —ocasionadas por la crisis climática— pueden afectar o cambiar los síntomas de los trastornos del estado de ánimo. 

 Otro dato que advierte sobre la vulnerabilidad de este sector de la población es que el 80% vive en países de ingresos bajos y medianos, muchos de los cuales son altamente vulnerables al clima. 

 De entre esos países vulnerables a los extremos climáticos están los Estados insulares —como Papúa Nueva Guinea, Fiji, Islas Marshall, entre otros— o naciones asiáticas, africanas y latinoamericanas, algunas no sólo están siendo golpeadas por huracanes y tifones, sino también sufren el incremento de los niveles de los océanos, otras son embestidas por sequías profundas y escasez de alimentos, hechos que están obligando a las poblaciones a abandonar sus territorios, formas de vida, es decir, por supervivencia, dejan atrás sus historias. 

Proyecciones de diversos organismos internacionales y de cooperación multilateral señalan que, para 2050, alrededor de 200 millones de personas serán refugiados climáticos y, por lo menos, 30 millones de ellos serán personas con alguna discapacidad. 

¿Qué se ha hecho? Desafortunadamente, muy poco. 

 Un estudio conjunto entre el Programa de Investigación sobre Acción Climática Incluyente para Personas con Discapacidad de la Universidad McGill y la Alianza Internacional de Discapacidad halló que los gobiernos ignoran sistemáticamente a las personas con discapacidad en el contexto de la crisis climática. 

 Ni en los planes de adaptación ni mitigación están contempladas las necesidades de las personas con discapacidad. 

En la COP16, en 2010, en los Acuerdos de Cancún, las Partes identificaron que las personas con discapacidad conforman uno de los segmentos de la población cuyos derechos humanos se ven más afectados por los impactos del cambio climático. 

Además, el Acuerdo de París menciona, una vez, que si bien el cambio climático es un problema de la humanidad, “al adoptar medidas para hacerle frente, las Partes deberían respetar, promover y tener en cuenta sus respectivas obligaciones relativas a los derechos humanos, el derecho a la salud, los derechos de los pueblos indígenas... las personas con discapacidad y las personas en situaciones vulnerables”. 

La investigación, publicada hace unos días, descubrió que, de 192 países que firmaron el acuerdo climático, sólo 35 hacen referencia a las personas con discapacidad en sus contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés), y 45 se refieren a ellas en alguna política o programa nacional para la adaptación. 

De acuerdo con la investigación, los gobiernos tienen la obligación de revisar sus políticas y NDC e incluir a las personas con discapacidad para, así, tener en cuenta sus requerimientos. 

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 Soslayar la vulnerabilidad de las personas con discapacidad frente al cambio climático es dejarlas a merced de los peligros. 

Además, ellas también pueden ser agentes de cambio. 

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