La invasión + cambio climático = hambruna
La escasez de alimentos y el hambre son dos graves problemas que enfrentan millones de personas en el planeta, sobre todo naciones en desarrollo y pobres mayormente afectadas por los impactos tanto del cambio climático, la degradación ambiental, conflictos ...
La escasez de alimentos y el hambre son dos graves problemas que enfrentan millones de personas en el planeta, sobre todo naciones en desarrollo y pobres mayormente afectadas por los impactos tanto del cambio climático, la degradación ambiental, conflictos político-sociales y la pandemia de covid-19.
Más de 821 millones de personas padecen hambre en el mundo, pero alrededor de 283 millones en 81 países sufren inseguridad alimentaria aguda o están en alto riesgo y 45 millones se encuentran al borde de la hambruna, de acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos de la ONU.
Basta voltear a ver África, donde batallan por conseguir comida como consecuencia de la crisis climática, además de los estragos de la pandemia de covid-19, que profundizan el hambre y la pobreza. Desafortunadamente, esas problemáticas se harán más hondas este año y en un futuro inmediato como consecuencia de la invasión de Rusia a Ucrania.
El conflicto ya ha disparado los precios de las materias primas, como los granos y fertilizantes.
Tan sólo Ucrania y Rusia se encuentran entre los mayores productores y exportadores de trigo, maíz, cebada, semillas de girasol y aceite de girasol, además de fertilizantes.
Desde los primeros días de la invasión, los precios del trigo escalaron 21%, los de la cebada, 33%, y los de los fertilizantes, 40 por ciento. No sólo eso, las gasolinas también han subido.
La FAO calcula que el conflicto empujará al hambre a aproximadamente 10 millones de personas más en África y Asia.
No sabemos cuánto tiempo más durará la invasión rusa ni tampoco quién gane, la única certeza es que los millones de personas más pobres y vulnerables del planeta serán las más dañadas por la escasez de alimentos y combustibles.
Por supuesto, el resto se verá afectado por el aumento de la inflación, así como la interrupción del comercio por el caos en las cadenas de suministro, de por sí trastocadas en la pandemia.
Y cómo estarán viendo el panorama, que los presidentes de Estados Unidos y Francia, Joe Biden y Emmanuel Macron, respectivamente, se han manifestado al respecto.
Macron instó a la instrumentación de un plan de urgencia para la seguridad alimentaria mundial y la producción de cereales, por lo cual pidió a Moscú ser responsable y permitir la siembra en Ucrania, porque, de no hacerlo, se producirá en 12 a 18 meses “una hambruna inevitable” y escasez de cereales en Egipto y en el norte de África.
El gobierno de Kiev ya dijo que la guerra ha interrumpido gravemente la siembra y la cosecha del país.
El jueves pasado, Biden advirtió que la escasez de alimentos en el mundo “va a ser real”, por lo cual ya hay conversaciones con Canadá y otros grandes productores de granos para ayudar a los países más vulnerables.
Un dato que no debe soslayarse es que Ucrania, antes de la invasión, destacaba por ser un importante proveedor del Programa Mundial de Alimentos, organización humanitaria centrada en la seguridad alimentaria y el combate al hambre.
A todo eso hay que sumar los golpes del cambio climático, que podrían empeorar la situación de la producción agrícola en otros graneros del mundo, como lo indicó en la revista Scientific American Jonas Jägermeyr, científico climático y modelador de cultivos del Instituto Goddard de Ciencias Espaciales de la NASA.
Y si alguien cree que México no será afectado, está muy equivocado, porque el conflicto ya le pega donde más duele: en la economía y las mesas de las personas.
El país compra a Rusia alrededor de 30% de fertilizantes nitrogenados o con componentes de fósforo, potasio y nitrógeno es el principal proveedor— y el precio ha subido 80% como consecuencia de la suspensión de exportaciones rusas como respuesta a las sanciones im- puestas por EU y la Unión Europea.
Hace unos días, los organismos Protección de Cultivos, Ciencia y Tecnología y la Unión Mexicana de Fabricantes y Formuladores de Agroquímicos indicaron que los precios se elevarán más, lo cual afectará la productividad de los cultivos, pondrá en riesgo la producción agrícola y generará una escalada en los precios de los alimentos.
En ese sentido, la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas alertó que la invasión desatará una “tormenta perfecta”, pues el alza en los precios de fertilizantes, semillas y otros insumos limitará la producción de cultivos del ciclo primavera–verano 2022, lo cual desencadenará una catástrofe agroalimentaria.
Como no hay nada más necesario para la supervivencia que los alimentos, las personas deben ser más conscientes y evitar el desperdicio, no sólo por la guerra, sino también porque el despilfarro de comida alimenta al cambio climático y dilapida recursos vitales, como el agua, a la par que se daña la biodiversidad.
