La inteligencia artificial al rescate del planeta

La economía industrial ha dado a la humanidad una prosperidad sin precedentes a lo largo de más de dos siglos, pero con un costo altísimo para el mundo natural, la estabilidad del clima y la salud de las personas; además, generó desigualdades sociales en el mundo. La ...

La economía industrial ha dado a la humanidad una prosperidad sin precedentes a lo largo de más de dos siglos, pero con un costo altísimo para el mundo natural, la estabilidad del clima y la salud de las personas; además, generó desigualdades sociales en el mundo.

La manera en la que se produce y consume destruye ecosistemas enteros, por ejemplo, los océanos están inundados de desechos plásticos. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) indica que para 2050 habrá más plásticos que peces en los océanos.

Sin embargo, en medio del agotamiento de los recursos naturales a un ritmo alarmante y la amenaza del cambio climático, surge una revolución silenciosa: la economía circular de la mano de la inteligencia artificial. Se trata de una solución visionaria y necesaria a los problemas más acuciantes de nuestra era.

Algo importante, la IA ya no es una cosa de ciencia ficción, es un hecho de la cotidianidad a partir de la ciencia.

En un planeta donde los recursos son finitos, la economía circular se basa en la premisa de eliminar el concepto de residuos al aprovechar al máximo los recursos disponibles, es decir, se trata de un modelo de producción y consumo que promueve la reutilización, el reciclaje y la regeneración de materiales y productos durante el mayor tiempo posible. En contraposición, la economía lineal tradicional se basa en productos que, después de fabricarse, se consumen y se descartan por completo sin considerar el impacto ambiental ni los recursos empleados para su fabricación.

Para la Fundación Ellen MacArthur (organización sin fines de lucro creada en 2010 para acelerar la transición hacia la economía circular), la economía circular “aborda el cambio climático y otros desafíos globales, como la pérdida de biodiversidad, el desperdicio y la contaminación desvinculando la actividad económica del consumo de recursos finitos”.

Entonces, la idea fundamental es reducir los residuos cuando la vida útil de un producto llega a su fin y si los materiales son reciclables o reusables, éstos podrán utilizarse varias veces, creando más valor en la cadena productiva, sumado a ello, disminuirá el uso de los recursos naturales y ayudará a limitar la pérdida de biodiversidad.

Además, el desarrollo sostenible se vincula con la economía circular, pues la estrategia de las 3R: reducir, reutilizar y reciclar, está alineada al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Sin embargo, a pesar de los avances en la implementación de la economía circular, aún hay desafíos significativos, como la falta de datos precisos, la dificultad de la trazabilidad (rastreo) de los productos a lo largo del ciclo de vida y la complejidad para tomar decisiones informadas en tiempo real.

Y es aquí donde la inteligencia artificial entra a escena como una herramienta clave para el surgimiento de una nueva revolución industrial.

John McCarthy, uno de los padres de la IA, la definió como “la ciencia y la ingeniería de hacer máquinas inteligentes, especialmente programas informáticos inteligentes”.

Es así como la IA tiene la capacidad de procesar cantidades inimaginables de datos de manera eficiente y rápida, de encontrar correlaciones y patrones ocultos que escapan al cerebro humano.

Imaginemos un mundo en el que la inteligencia artificial esté conectada a una red global de sensores y dispositivos, recopilando información sobre la producción, el consumo y la gestión de residuos en tiempo real. Esta red masiva de datos podría permitir la optimización de los procesos productivos, la identificación de oportunidades para la reutilización y el reciclaje, así como la toma de decisiones, todo basado en evidencia científica.

Un ejemplo concreto de cómo la IA puede impulsar la economía circular es a través de la creación de sistemas de gestión inteligentes en los procesos logísticos, como la logística inversa.

Ésta es el movimiento de productos desde el consumidor, es decir, cuando son devueltos al fabricante. Con la ayuda de la IA sería posible rastrear y evaluar los productos devueltos de manera más eficiente, identificando aquellos que pueden ser reparados, renovados o reciclados.

Además, la IA podría analizar los datos de consumo y comportamiento del consumidor para predecir la demanda futura de productos renovados, lo cual permitiría una planificación precisa y se evitaría la sobreproducción.

La IA también puede impulsar la transición hacia modelos de negocio basados en servicios, en el cual los productos se ofrecen como un servicio en vez de ser vendidos como un bien.

Así, la intersección entre la inteligencia artificial y la economía circular no sólo tiene el potencial de transformar la forma en que la humanidad consume y gestiona productos, sino también de revolucionar los sistemas de producción.

En la optimización de procesos industriales, la IA puede desempeñar un papel clave al identificar ineficiencias y ofrecer soluciones para maximizar el uso de los recursos y minimizar los residuos.

Pero debe tenerse cuidado de no sobrevalorar la capacidad de la IA como una solución mágica, porque ésta no puede reemplazar el compromiso humano y la toma de decisiones éticas.

A medida que se avanza hacia una economía circular impulsada por la IA, es indispensable asegurarse de que los valores y principios de sostenibilidad, equidad y responsabilidad estén en el centro de las acciones.

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