La humanidad tiene un nuevo reto: la sequía repentina
A medida que las actividades humanas calientan más el planeta, los periodos secos conocidos como sequías repentinas, con un inicio sorprendentemente rápido y un impacto devastador, están siendo cada vez más frecuentes, de acuerdo con un estudio publicado la semana ...
A medida que las actividades humanas calientan más el planeta, los periodos secos conocidos como sequías repentinas, con un inicio sorprendentemente rápido y un impacto devastador, están siendo cada vez más frecuentes, de acuerdo con un estudio publicado la semana pasada.
Varias regiones del planeta ya están teniendo estas sequías repentinas, las cuales son resultado de una combinación de precipitaciones escasas o nulas, temperaturas más altas y olas de calor, vientos fuertes y cambios en la radiación. En conjunto, estos factores reducen al extremo la humedad de la superficie terrestre.
Para quien no esté familiarizado con el término de sequía repentina o sea la primera vez que lee al respecto, es importante hacer una acotación.
La sequía convencional es un fenómeno meteorológico caracterizado por la falta de precipitaciones a largo plazo, es decir, puede tener una duración de varios meses o años y puede ocurrir en cualquier lugar y en cualquier momento, cuyo resultado es una disminución significativa de agua disponible para uso humano y agrícola, además de impactar en la vida de los ecosistemas.
Mientras que la sequía repentina es un evento climático extremo que tiene un inicio rápido, en cuestión de semanas, con poquísimo tiempo de advertencia y ocurre durante las estaciones cálidas.
Y justo los científicos encargados del nuevo estudio, publicado en la revista Science el 13 de abril pasado, hallaron que el calentamiento global es el ingrediente principal que incrementa las condiciones especiales de la sequía repentina en todo el mundo desde finales de la década de 1950 en más de 70% de las 33 regiones del planeta, donde se registra una disminución de lluvias y aumento de la evaporación debido al calor extremo, lo cual seca los suelos rápidamente.
Para llegar a lo anterior, el grupo de científicos, liderado por Xing Yuan, decano de la Escuela de Hidrología de la Universidad de Nanjing, en China, analizó datos satelitales y lecturas de humedad del suelo en un periodo de 63 años (1951-2014) y descubrió que, aunque tanto las sequías repentinas como las convencionales están aumentando, las primeras se incrementan rápidamente, especialmente en el norte y el este de Asia, el Sahel y el Magreb en África, la costa oeste de América del Sur, el este y centro de México, el norte de Australia y en Europa.
La alerta para los científicos es que el incremento de las sequías repentinas da poco tiempo a la adaptación; incluso si las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) fueran moderadas, ese tipo de sequía seguiría siendo más frecuente en todas las regiones, mientras que en un escenario de emisiones más altas, la tendencia sería más drástica.
De esta manera, los científicos destacaron que la transición de sequías lentas o convencionales a sequías repentinas se desarrollará más rápido conforme suban las emisiones de GEI. Lo peor, serán parte de una nueva normalidad.
Xing Yuan, de acuerdo con la agencia AFP, indicó que “tanto las sequías repentinas como las lentas aumentan a medida que se incrementan las temperaturas globales”.
Las sequías repentinas podrían tener efectos devastadores. Para la ciencia, poder predecirlas, es fundamental para mitigar y prevenir daños.
Yuan alertó que sequías más intensas y rápidas traerán nuevos impactos, por ejemplo, la vegetación podría tener menos tiempo para adaptarse a las sequías de inicio rápido, además, “representan un gran desafío para los sistemas de alerta temprana: no tenemos suficiente tiempo para prepararnos para una sequía repentina”.
En áreas afectadas por sequías repentinas, los cultivos y el ganado terminarían arrasados, lo cual traería problemáticas como inseguridad alimentaria y migración forzada. Sumado a ello, la falta de agua y el aumento de la evaporación crean el coctel ideal para la formación de incendios forestales que destruyen hábitats naturales y empeoran la calidad del aire.
A pesar de los efectos negativos de las sequías repentinas, existen medidas a tomar para mitigar su impacto, una de ellas es la conservación del agua durante los periodos de sequía y, otra, restauración de los bosques, porque éstos son fábricas de agua.
Tan sólo en México, la deforestación no da tregua. De acuerdo con una encuesta elaborada por CDP Latin America y la Comunidad Climática Mexicana de 2015 a 2020, se perdieron 127 mil 800 hectáreas, en promedio, neto anual, lo cual se traduce en afectación por deforestación y degradación ambiental en 84% del territorio nacional.
La pérdida forestal acentúa “las sequías y, junto con otros factores del cambio climático, esto se traduce en escasez de agua para el consumo humano, la industria y la agricultura”.
Abordar la problemática de las sequías requiere de los esfuerzos coordinados de lo local a lo global para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y promover prácticas sostenibles de gestión del agua y de la tierra.
Y, ¡ojo!, una sequía repentina severa puede presentarse después de las lluvias, lo cual podría cambiar drásticamente un área húmeda en una seca en cuestión de unas cuantas semanas.
Por cierto, el bombardeo de nubes o siembra de nubes no salvará de la sequía ni a los mexicanos ni mucho menos a la humanidad.
