La “guerra” de Trump afectará la transición a energías limpias
Esta política de aranceles sí va a golpear fuertemente… a Estados Unidos, sobre todo en la industria de las energías renovables, la de vehículos eléctricos, y se interrumpirán las cadenas de suministro —que son complejas y globales—, por lo cual es previsible, por ejemplo, que se incrementen los costos en la producción de paneles solares y, por lo tanto, subirían los precios.
La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer aranceles, uno universal de 10 por ciento a casi todos los bienes importados, otros de 25 por ciento y los supuestamente recíprocos de hasta 50 por ciento, no sólo ha generado preocupación en el comercio internacional, sino también en el impacto que tendrá en la acción climática global.
Para empezar, hay que decir que esta medida proteccionista, paradójicamente, podría afectar negativamente la economía y el empleo en el propio Estados Unidos, pese a que el plan de Trump es recuperar los trabajos y la producción manufacturera para equilibrar el comercio que es deficitario.
Las advertencias de una recesión y la caída de los mercados a Trump lo tienen sin cuidado, de hecho, ayer se atrevió a decirles a sus ciudadanos que “…¡No sean débiles! ¡No sean estúpidos! ¡No sean un PANICAN (un nuevo partido basado en gente débil y estúpida!). ¡Sean fuertes, valientes y pacientes, y el resultado será GRANDEZA!”.
Esta política de aranceles sí va a golpear fuertemente… a Estados Unidos, sobre todo en la industria de las energías renovables, la de vehículos eléctricos, y se interrumpirán las cadenas de suministro —que son complejas y globales—, por lo cual es previsible, por ejemplo, que se incrementen los costos en la producción de paneles solares y, por lo tanto, subirían los precios al consumidor; también impactará negativamente la generación de energía, por lo que las tarifas en los recibos de luz se incrementarán.
No sólo eso, la producción de combustibles fósiles estará tocada, y eso que éste es el sector favorito de Trump por encima de la industria de las energías renovables.
En respuesta a los aranceles de Trump, China ha impuesto gravámenes también de 34% a productos estadunidenses, pero el golpe más fuerte de Pekín es, quizá, la restricción de siete elementos de tierras raras y minerales críticos, como cobre, grafito, cobalto y titanio, entre otros, que Estados Unidos emplea en la producción de vehículos eléctricos, baterías, energía, electrónica y elementos de defensa —este último de gran interés para el presidente estadunidense—, y estas restricciones podrían tener un impacto significativo en las cadenas de suministro globales para tecnologías limpias.
De ahí que Trump quiera cerrar ya el trato con Ucrania para tener acceso a sus tierras raras y minerales, como manganeso, titanio, litio y uranio, y así no depender de China.
El aumento de los aranceles traerá para Estados Unidos precios altos en electricidad, automóviles y gasolinas, que van en detrimento de los consumidores.
Honestamente, sería buenísimo que la idea de Trump de perforar sin parar no se cumpla, por el encarecimiento de los insumos para los combustibles fósiles; lo malo, crearía grandes obstáculos, locales y globales, para expandir los esfuerzos en las energías renovables.
Un análisis del Financial Times indica que la política de los aranceles socavará los intentos para que Estados Unidos logre el dominio en materia energética y, así, colocarse “en el epicentro de los centros de datos y la tecnología de inteligencia artificial”. Punto que interesa a Trump.
Cuando los insumos son escasos, los costos de producción se encarecen y, al no poder cubrir cierta demanda, las empresas cierran, hay despidos masivos y los problemas económico-sociales se agudizan. Es lo que no quiere ver Trump.
Ahora, a nivel global, la economía también se desaceleraría y esto, como en la pandemia de covid-19, podría suponer un recorte en las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del calentamiento global, porque están encadenadas al crecimiento económico, de ahí que el clima tendría, como consecuencia, un impacto positivo.
Por ejemplo, habría una reducción de la demanda de transporte marítimo, que si fuera un país, sería el sexto emisor de gases de efecto invernadero. Datos de Oceana indican que más de 90% del comercio global se realiza por mar y esta industria es responsable de más de tres por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono.
En materia de energías renovables, en los últimos años las economías en desarrollo y emergentes, como China e India, están dominando el mercado.
China, si bien es un gran proveedor de componentes para la industria solar estadunidense, los gravámenes obligarían a una diversificación y buscar nuevos mercados para su tecnología.
El panorama podría ayudar a acelerar la transición a las energías limpias. La Agencia Internacional de Energía (AIE) calcula que las economías emergentes dominarán los mercados hacia 2030.
El informe Renovables 2024, de la AIE, prevé que China represente casi “60% de toda la capacidad renovable instalada a nivel mundial de aquí a 2030, según las tendencias actuales del mercado y las políticas gubernamentales vigentes”.
Las políticas arancelarias de Trump, sin querer, podrían beneficiar a uno de sus mayores contrincantes, aun así, no dejan de representar desafíos significativos para la acción climática global y la transición hacia las energías limpias.
La desaceleración de la economía global también amenaza el financiamiento de emprendimientos enfocados para que las corporaciones puedan cumplir sus objetivos de acción climática. Esto ralentizaría el progreso hacia un futuro sostenible.
