La falta de agua no será sólo culpa del cambio climático
Qué gran paradoja, el planeta azul, cuya superficie está cubierta de agua en un 70%, está sediento. Aunque quienes más están padeciendo la falta de agua son aquellas poblaciones históricamente desamparadas y el cambio climático agrava la escasez de lluvias. La ...
Qué gran paradoja, el planeta azul, cuya superficie está cubierta de agua en un 70%, está sediento. Aunque quienes más están padeciendo la falta de agua son aquellas poblaciones históricamente desamparadas y el cambio climático agrava la escasez de lluvias.
La ciencia ha sido muy clara y los hechos, irrefutables: la crisis del agua agobia prácticamente a todos los continentes y ésta empeorará, al igual que el cambio climático, si la humanidad y sus gobernantes continúan evadiendo responsabilidades.
Un estudio publicado el 27 de abril pasado asegura que el cambio climático, causado por las actividades humanas y la quema desmedida de combustibles fósiles, incrementó la severidad de la sequía en el Cuerno de África (Yibuti, Eritrea, Etiopía, Kenia, Somalia, Sudán del Sur, Sudán y Uganda).
La sequía prolongada y periodos muy breves de lluvias (incluidas las repentinas que provocan inundaciones desastrosas) afectan desde hace más de dos años y medio a esa región africana y no sólo los cultivos se han perdido, también ha muerto el poco ganado que poseen, ha disminuido la disponibilidad de agua superficial y han aumentado los conflictos sociales, lo que se traduce en “4.35 millones de personas en necesidad de asistencia humanitaria”, incluida una hambruna sin precedentes. No sólo eso, la situación tan desesperante está forzando a miles de personas a migrar hacia otras regiones.
El estudio realizado por la Universidad Imperial de Londres halló que la secuencia de periodos lluviosos escasos en esa zona constituye el registro más prolongado de los últimos 70 años de mediciones precisas sobre precipitaciones.
Así, el futuro de esa región del planeta estará supeditado a lo que hagan o dejen de hacer en materia de cambio climático las naciones más ricas y las más contaminantes.
En medio de tantos problemas por doquier, se olvida que, sin agua, no hay vida.
A medida que el clima se vuelve más cálido, la cantidad de agua evaporada de la superficie terrestre aumenta, lo que lleva a una mayor frecuencia y severidad de las sequías. Al mismo tiempo, el incremento de la temperatura del agua impacta ríos, lagos y océanos.
El más reciente informe sobre el agua de Naciones Unidas, publicado en marzo pasado en el marco del Día Mundial del Agua, indica que, actualmente, dos mil millones de personas no tienen agua potable segura y 3.6 mil millones carecen de acceso a saneamiento.
Alrededor de 10% de la población global vive en países con estrés hídrico alto o crítico. El crecimiento urbano, las industrias y la agricultura agravan la escasez existente. La agricultura a nivel global por sí sola utiliza hasta 70% del suministro de agua. Y la población no deja de crecer.
La previsión es que las personas que viven en ciudades y que ya enfrentan escasez de agua “se duplique potencialmente de 930 millones en 2016 a entre 1.7 mil y 2.4 mil millones de personas para 2050”, además, se espera que la demanda de agua urbana se incremente en 80% para 2050.
Richard Connor, autor principal del informe de la ONU, aseguró que, de no tomarse medidas urgentes para abordar la problemática de la escasez de agua, habrá una crisis global.
Pero a México la crisis del agua ha llegado. Imagine lo que significa que el país sólo dispone de alrededor del 0.1% del total de agua dulce del mundo.
A la fecha, 12 millones de mexicanos no tienen agua potable y de 16 a 17 entidades del país están secas.
Un análisis reciente del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) indica que, si bien el país sufre sequías —que aumentan en duración y son más intensas— y las lluvias varían por la subida de la temperatura a causa del cambio climático, también enfrenta “sobreexplotación de los mantos acuíferos, problemas en la red de distribución, contaminación y falta de control sobre las concesiones”.
Resolver la crisis hídrica en México requiere acciones coordinadas y urgentes que aborden tanto cambio climático, porque exacerba la escasez de agua y la intensidad de los eventos climáticos extremos, como la inadecuada gestión del agua.
Esas medidas deben atacar múltiples frentes, como la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, adaptación al cambio climático, protección y restauración de los ecosistemas acuáticos, hacer más eficiente el uso del agua, mejorar la cobertura del servicio para garantizar el acceso universal al agua potable y el saneamiento adecuado. Y gobiernos en sus distintos niveles, junto con los sectores productivos, tienen la obligación de invertir en infraestructura para infiltración de agua de lluvia, procesos para la reutilización de agua (residuales y grises), así como para desalación del agua de mar (como lo hacen naciones del Oriente Medio), porque, de otra manera, habrá menor disponibilidad de agua por habitante y para las industrias en los próximos años.
En el caso del Valle de México, un estudio realizado en 2018 por el Banco Mundial, la Conagua y la Asociación Nacional de Empresas de Agua y Saneamiento de México, halló que, para 2030, sólo podrá abastecerse el líquido al 50% de los hogares.
Las prácticas ineficientes de aprovechamiento del agua llevarán, más temprano que tarde, al Día Cero… agua.
Así que, no le echen toda la culpa al cambio climático de la escasez del agua.
