La ecuación imperfecta: +humanos -bosques -alimentos = hambre
Cada día nacen casi 371 mil personas y la previsión es que dentro de ocho años la población lleguea ocho mil 500 millones y que para 2050 sean nueve mil 700 millones. ¿Cómo se van a alimentar?
La deforestación de lo que queda de bosques y selvas en el planeta hará mucho más difícil no sólo sobrevivir, sino también combatir la crisis climática, siendo el problema central el crecimiento poblacional —hay más de siete mil 800 millones de personas—, por consiguiente, será más complicada la producción de alimentos.
Cada día nacen casi 371 mil personas y la previsión es que dentro de ocho años la población llegue a ocho mil 500 millones y que para 2050 sean nueve mil 700 millones. ¿Cómo se van a alimentar?
Una de las tantas consecuencias del crecimiento de la población es el desmonte de suelos forestales, sea tala o quema —prácticas insostenibles—, debido a la expansión urbana, construcción de infraestructuras y siembra de cultivos para alimentar no sólo a las personas, sino también al ganado (38% de la superficie de tierra mundial se ocupa para este fin).
Pero esta práctica ha sido devastadora y podría empeorar. Por ejemplo, la Amazonia brasileña está por llegar al punto de no retorno, tan sólo de enero a junio de este año la deforestación rompió un récord de tres mil 988 kilómetros cuadrados, de acuerdo con datos de Greenpeace.
Una de las mayores tasas de deforestación de selvas en el mundo la sufre Indonesia —en el sudeste asiático, conformado por las islas de Sumatra, Borneo, Java y Nueva Guinea— debido al cultivo de la palma aceitera, lo cual ha ocasionado la muerte de miles de animales como orangutanes, rinocerontes, tigres y aves, entre otras especies.
Mientras que en México los datos más recientes de la Semarnat apuntan a que desde 2020 ha habido una merma de más de 300 mil hectáreas de bosques y la previsión es de una pérdida de aproximadamente 216 mil hectáreas forestales al año, a lo que se suma el crecimiento de la población a una tasa anual de 1.1 por ciento.
Ahora, en medio de la pandemia de covid-19 y la nueva amenaza de la viruela símica, enfrentamos varias crisis al mismo tiempo: climática, económica, escasez de alimentos, altos precios, energía cara, atascos globales en las cadenas de suministro y logística, así como la invasión de Rusia a Ucrania, entre otras.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos indica que los países exportadores de alimentos más grandes están respondiendo al aumentar la producción para satisfacer la demanda, pero, en los últimos 18 meses, los precios del trigo han subido casi 110%, del maíz y del aceite vegetal, 140%, y los de la soya, 90 por ciento.
“Para el año comercial actual (2021/22), la peor sequía en décadas ha afectado regiones productoras de soya de América del Sur… se reducen las perspectivas de cultivos y se elevan los precios de frijoles, harina y aceite”.
Como se sabe, Ucrania y Rusia son grandes exportadores de harina y aceite de trigo, maíz, cebada y girasol, pero el conflicto entre ambos ha interrumpido las exportaciones agrícolas de la región, lo cual ha hecho subir más los precios de las materias primas y ha aumentado la volatilidad del mercado.
De acuerdo con Bloomberg, la escasez global empuja a productores de alimentos a regresar al uso del aceite de palma, cultivo que ha destruido las selvas del sudeste asiático, “incluido el hábitat crítico para los orangutanes, en peligro de extinción”.
La guerra en Ucrania ha interrumpido más de la mitad del suministro global de aceite de girasol, sustituto del aceite de palma, utilizado en papas fritas, galletas y mantequilla de nueces. Los productores han tenido que reconocer el cambio, pues juntos, Rusia y Ucrania, suministraban 65% del aceite de girasol del mundo.
Del otro lado, hay naciones productoras, como Argentina, que limitan la exportación para proteger sus propios alimentos.
Un dato alarmante es la presión en Europa y Brasil para frenar la regulación y permitir la destrucción de bosques, necesarios para la estabilidad del clima, y así pasar a la agricultura industrial. Esto será contraproducente al ejercer mayor presión sobre el suministro de alimentos y contribuiría a la volatilidad de las cadenas de suministro globales, además, serían menos seguras, según la organización Global Witness.
Como lo ha señalado reiteradamente el IPCC, la pérdida de bosques y selvas exacerbará el calentamiento global.
Para países como México, el panorama es crítico, pues no es autosuficiente y depende de la importación, por lo cual requiere acciones y políticas para aumentar la producción de maíz, frijol, arroz y otros cultivos, ha dicho el Consejo Nacional Agropecuario.
La tierra disponible para sembrar es muy limitada, y eso pone en riesgo los bosques y selvas que son clave para la estabilidad del clima. La expansión de los cultivos se acelera.
La crisis climática, la escasez y el aumento en los precios de los alimentos podrían tener consecuencias nefastas, como hambrunas y levantamientos sociales.
Bosques, selvas y seguridad alimentaria están en gran peligro. ¿Qué vamos a hacer?
