La crisis del clima alcanzó categoría de emergencia

Cuando las manifestaciones de las crisis del clima y ambiental chocan con crecimiento poblacional acelerado, planeación territorial obsoleta y administración ineficiente, los resultados son, invariablemente, desastrosos, con altísimos costos, como pérdida de vidas, ...

Cuando las manifestaciones de las crisis del clima y ambiental chocan con crecimiento poblacional acelerado, planeación territorial obsoleta y administración ineficiente, los resultados son, invariablemente, desastrosos, con altísimos costos, como pérdida de vidas, personas damnificadas y desplazadas, así como infraestructuras básicas y medios de subsistencia destruidos.

Nuevo León, Baja California, Chihuahua y la Ciudad de México son ejemplos claros de lo anterior. Por supuesto, el factor de la ubicación geográfica es fundamental.

Enfoquemos la atención en Nuevo León y su capital, Monterrey. La población del estado creció 24.30% con respecto a 2010, con un total de cinco millones 784 mil 442 personas en 2020, de acuerdo con los resultados del más reciente censo del Inegi.

En Nuevo León, las manifestaciones del cambio climático ya son muy claras. En la última década, la Secretaría de Medio Ambiente del gobierno estatal registra que la temperatura promedio aumentó 1.7 grados centígrados al año. Ese incremento ha hecho más prolongada la escasez de lluvias, por lo tanto, las sequías y las olas de calor son una constante.

Hace unos días aún se hablaba sobre la sequía y escasez aguda de agua en Monterrey y su zona metropolitana, ya que las principales presas que abastecen del recurso están en niveles mínimos o casi secas. Incluso hubo momentos en los que era imposible encontrar agua potable embotellada o en garrafones en las tiendas y supermercados, por lo cual, para más o menos resolver la necesidad de la gente, se recurrió al tandeo.

Datos de la Conagua señalan que julio pasado fue el tercer mes más seco de los últimos 38 años y Nuevo León se ubicó como la segunda entidad con menos lluvias en el país.

A finales de julio, el presidente López Obrador firmó un decreto para formalizar y reforzar las acciones contra la crisis hídrica en Nuevo León, es decir, se transfirió la gestión hidráulica estatal al gobierno federal y se faculta a la Conagua para disponer de la totalidad del agua concesionada. Además, el mandatario se comprometió al abasto para ocho o diez años.

El domingo pasado, en cuestión de horas, Monterrey y otros municipios pasaron de la sequía a las inundaciones. El río La Silla está al 100% de su capacidad a causa de las lluvias, mientras que el arroyo Topo Chico se desbordó. Sin embargo, la presa La Boca aumentó su capacidad en 42% de almacenamiento, pero la de Cerro Prieto sigue con 1% porque no ha recibido lluvias.

¿Por qué se inunda Monterrey? Porque, como pasa en muchas ciudades, la impermeabilidad del suelo provoca la acumulación del agua de lluvia, además de la poca o nula inversión, obsolescencia del drenaje e infraestructura, así como acumulación de basura, entre otros factores.

A los gobiernos locales no les importa conocer cómo se comportan las ciudades en temporada de lluvias ni cómo lo harán con los fenómenos hidrometeorológicos exacerbados por la inestabilidad del clima. Inversión e innovación son fundamentales, ello permitirá tomar medidas de prevención ante la vulnerabilidad de las distintas zonas, trazar diversos escenarios y cómo dar solución a los problemas que se presenten.

Ayer, el gobernador Samuel García aventó, más que una declaración, una ocurrencia —otra de las tantas que ha dicho—, al comprometerse a restablecer pronto el servicio de agua “una vez que baje la turbiedad y que la basura no afecte los bombeos, le vamos a dar buenas noticias a la ciudad de Monterrey”.

No puede echar campanas al vuelo, el que la presa La Boca haya subido su nivel a menos de la mitad de su capacidad no es suficiente. La gestión debe ser eficiente, apegada a un plan hídrico de mediano a largo plazo, para garantizar el suministro, mientras que la sociedad, antes de usar el agua, como si se tratara de un recurso infinito, debe cuidarla y valorarla.

La crisis del clima hay que tomarla como una emergencia. Tan sólo el norte del país está siendo golpeado duramente con temperaturas altas y sequías. Y no debe olvidarse que como Nuevo León almacena el agua en presas, el incremento de las temperaturas provocará cada vez mayor evaporación.

Hace 113 años, el 27 agosto de 1909, Monterrey fue golpeada con lluvias torrenciales que, en cuestión de horas, se vivió un “diluvio”, provocando la peor inundación de la que se tenga registro en Nuevo León. Murieron miles de personas, cientos de familias quedaron incomunicadas y sin hogar. Así que, esperar lluvias de proporciones “bíblicas” no es la solución ni para Nuevo León ni para algún otro estado del país.

Lo que pasa en Monterrey es, quizá, una pequeña muestra de la emergencia climática. Para proporciones épicas está Pakistán. La tercera parte de ese país está inundada luego de las lluvias monzónicas y el deshielo de los glaciares por el aumento de las temperaturas. Al momento, más de mil 300 muertos y alrededor de 50 millones de personas desplazadas; 900 mil cabezas de ganado se ahogaron y 90% de los cultivos no resistió. Las pérdidas son inmensas.

Temas: