La crisis de los animales pasa por el cambio climático
La superficie marina ha alcanzado temperaturas jamás registradas, por ejemplo, la semana pasada la temperatura diaria promedio batió el récord de 2016, alcanzando los 20.96 grados centígrados, muy por arriba del promedio para el verano, de acuerdo con datosdel observatorio Copernicus, de la Unión Europea
La Tierra acaba de experimentar el mes más caluroso registrado, julio pasado, sin duda, un sombrío recordatorio de la rapidez con la que el planeta está cambiando.
Además, los termómetros en los océanos están rompiendo récords y no sólo la fauna y ecosistemas marinos pagarán factura, ésta se extenderá a todos los seres vivos terrestres, incluida la humanidad.
La superficie marina ha alcanzado temperaturas jamás registradas, por ejemplo, la semana pasada la temperatura diaria promedio batió el récord de 2016, alcanzando los 20.96 grados centígrados, muy por arriba del promedio para el verano, de acuerdo con datos del observatorio Copernicus, de la Unión Europea.
Los océanos están en una emergencia sin precedentes. La delicada maquinaria del ecosistema marino, que es regulador vital del clima y el sustento de innumerables especies, muestra signos de un estrés irreparable.
Es así que la crisis climática no sólo plantea una amenaza para la supervivencia humana, sino también para la existencia y el bienestar de numerosas especies animales en todo el planeta.
Un estudio publicado la semana pasada en CABI Digital Library —si bien aún falta la revisión por pares— revela que el impacto en los animales salvajes y domésticos, incluidas las mascotas, será multifacético y afectará cinco dominios cruciales del bienestar: nutrición, medio ambiente, salud física, comportamiento y atributos mentales de la respuesta de un animal al cambio ambiental.
Como se sabe, una de las secuelas del cambio climático son las sequías y, con éstas, disminuyen disponibilidad de agua y de alimentos, lo cual ya afecta a los elefantes africanos, los mamíferos terrestres más grandes del orbe, pues requieren cada día cantidades significativas de comida y agua. La escasez de estos recursos aumenta el estrés por calor y nutrición, contribuyendo a una alarmante tasa de mortalidad.
El aumento en las temperaturas en muchas regiones ocasiona estrés por calor en las vacas lecheras y esto ha llevado a una reducción de 35% en la producción de leche, además, afecta el rendimiento de la lactancia, la función inmunológica y la salud de los becerros.
Los investigadores, encabezados por Edward Narayan, autor principal y profesor titular de Ciencia Animal en la Facultad de Agricultura y Ciencias de la Alimentación de la Universidad de Queensland, Australia, hallaron que el estrés por calor puede cambiar la fisiología de las aves, como el caso de una población salvaje de petirrojos australianos, en la que observaron que, durante una ola de calor, éstos perdieron masa corporal, abandonaron los nidos y algunos murieron. En el caso de los pollos de engorda, se registró que, en condiciones de calor, durante cuatro días hubo un mayor número de casos de necrosis y esto redujo tanto la calidad de vida como la de la carne para consumo humano.
Imagine cómo sufrirán los pollos y gallinas en las granjas donde pasan su corta vida hacinados, ahora súmele calor extremo. Es para preocupar y ocuparse.
El grupo de investigación The Stress Lab, encargado del estudio, encontró que los peces, al ser ectotermos o de sangre fría, dependen de fuentes externas de calor para regular la temperatura corporal, esto los hace susceptibles a los cambios de temperatura en el agua de los acuarios o peceras domésticas, especialmente durante las olas de calor; pueden ocasionar daños físicos y alteraciones metabólicas, lo cual se traduce en un crecimiento lento y una alimentación reducida.
La recomendación que hacen los estudiosos para cuidar el bienestar de los peces domésticos es que la pecera no se ubique cerca de una ventana donde esté expuesta a la luz solar directa.
En cuanto a perros y gatos, animales de compañía por excelencia, el estudio indica que son muy susceptibles al sufrimiento con el calor extremo, especialmente aquellos mayores, con sobrepeso, con abrigos gruesos, caras chatas y hocicos cortos (en razas con esas características se restringe el flujo de aire que respiran y dificulta el enfriamiento).
Los dueños deben estar atentos a las señales de advertencia de estrés por calor y tomar medidas preventivas, como proporcionar sombra, agua, protector solar para mascotas y evitar dejarlos dentro de los automóviles.
En los perros puede llevarlos a una hipertermia canina, esto es, temperatura peligrosamente alta y los síntomas de advertencia son jadeo en extremo y movimientos erráticos, de no atenderse, el animal puede experimentar golpe de calor con desenlace mortal.
Para sacar a pasear a los canes en un día caliente, los especialistas recomiendan llevar agua fresca, aplicar una capa moderada de protector solar en la piel rosada expuesta, como las puntas de las orejas y la nariz. Hay que agregar que el asfalto muy caliente quemará las almohadillas de las patas.
Los gatos, al igual que los perros, en una ola de calor pueden manifestar pulso acelerado, jadeo intenso y babeo, de ser así, llamar de inmediato al veterinario. También es recomendable dejarlos en la sombra y proporcionarles agua fresca todo el tiempo, además de poner protector solar en las puntas de las orejas y en la nariz, sobre todo a los gatos blancos.
A medida que las olas de calor y otros eventos climáticos extremos se vuelven más comunes, la preparación, el cuidado y la atención adecuada en la era de la ebullición global son imperativos para garantizar el bienestar de los animales.
