La crisis climática es nociva para la salud

Los impactos de la crisis climática en la salud de las personas son una realidad alarmante, y no, no se trata de una previsión a futuro ni mucho menos para tratar de ganar titulares, son datos duros, medibles y verificables: a escala global, una persona muere por minuto ...

Los impactos de la crisis climática en la salud de las personas son una realidad alarmante, y no, no se trata de una previsión a futuro ni mucho menos para tratar de ganar titulares, son datos duros, medibles y verificables: a escala global, una persona muere por minuto como consecuencia de las temperaturas extremas.

La tasa de muertes relacionadas al calor sofocante se ha incrementado 63% desde 1990 hasta un promedio de 546 mil al año entre 2012 y 2021.

La evaluación de The Lancet Countdown on Health and Climate Change 2025, publicada el 28 de octubre pasado, la más completa que se haya realizado, indica que los daños a la salud humana empeorarán si los países, los líderes mundiales y las empresas petroleras continúan explotando y consumiendo combustibles fósiles.

Eso no es todo. La adicción a los petrolíferos no sólo desencadena contaminación atmosférica tóxica, calentamiento de los océanos y muerte de arrecifes, también, como lo hemos visto a lo largo de la última década, incendios forestales catastróficos y la propagación de enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue.

Los impactos se traducen en millones de personas muertas cada año por la falta de acción climática global.

Como se ha documentado en este espacio, prácticamente todas las naciones aumentarán a más del doble su producción de petróleo y gas, principalmente, hacia 2030, de acuerdo con el Reporte sobre la Brecha de Producción 2025.

Un dato clave para tratar de entender el punto tan delicado en el que se encuentra la humanidad es que, en 2023, los gobiernos facilitaron subsidios directos, tanto a usuarios como productores de combustibles fósiles, la cantidad de dos mil 500 millones de dólares diarios.

En contraste, la población perdió esa misma cantidad debido a las altas temperaturas, que le impidieron trabajar en sectores de la construcción y agrícola, así como en otras actividades a la intemperie.

Entre 2020 y 2024 una persona promedio estuvo expuesta al calor extremo 19 días al año. En ese mismo lapso, en promedio, 84% de los días con olas de calor no habrían ocurrido sin el cambio climático.

Cualquier persona en el planeta no está exenta de sufrir por las olas de calor, incluso, puede ser mortal.

No hay que olvidar que 2024 ha sido considerado el año más cálido del que se tenga registro y por primera vez rebasó el umbral de 1.5 grados centígrados por arriba de las temperaturas preindustriales y las emisiones de gases de efecto invernadero alcanzaron niveles récord, esto pone al mundo en un camino hacia un calentamiento de entre 2.7 a 3.7 grados para finales de siglo.

Los hallazgos de The Lancet Countdown obligan a lanzar una pregunta: ¿los tomadores de decisiones se apropiarán los resultados para sus políticas climáticas y, así, aumentar la ambición de mitigación y adaptación a la crisis climática o seguirán business as usual?

Un dato que evidencia la inconsciencia es que el financiamiento a los combustibles fósiles aumentó 29% en 2024, superando en 15% el destinado a las energías limpias.

The Lancet Countdown tiene presencia regional en Asia, Europa, Oceanía, Pequeños Estados Insulares en Desarrollo y América Latina y publicó fichas de datos por país.

En el caso de México, son reveladores.

En 2024, el país registró una temperatura media de 25.7 grados centígrados, lo cual representa un aumento de 1.6 grados centígrados respecto al periodo 2001-2010. Este incremento, aparentemente modesto a primera vista, no lo es, primero, porque rebasa el umbral de 1.5 grados centígrados y, segundo, porque ya tiene efectos nocivos en salud, productividad y vulnerabilidad social.

De 2015 a 2024, la exposición de días-personas a olas de calor aumentó cinco veces en el caso de lactantes y 11 veces en adultos mayores, que son los dos grupos etarios más vulnerables, respecto al periodo 1981–2000.

Se evaluaron 30 de las principales ciudades y los resultados son preocupantes: 13 tienen un nivel “muy bajo” de preparación ante olas de calor y, 16, “extremadamente bajo”. Más de la mitad del país no está lista para enfrentar periodos de calor sofocante cada vez más largos y más letales.

Entre 2015 y 2024, las pérdidas económicas por la mortalidad asociada al calor ascendieron a más de 3 mil 66 millones de dólares anuales, un incremento de 195% respecto a la década anterior. Si se incluyen las pérdidas de productividad, la cifra escala a 9 mil 930 millones de dólares anuales, equivalentes a 0.5% del PIB.

En 2022, unas tres mil 300 muertes estuvieron vinculadas a la contaminación del aire por partículas finas PM2.5; 61% de esas muertes se atribuye al uso de combustibles fósiles, como carbón y gas licuado. El costo económico asciende a 57 mil 800 millones de dólares, equivalentes a 3.7% del PIB.

Los incendios forestales y las sequías prolongadas son otra cara de la crisis. En 2024, México registró 15% más de días de exposición a incendios forestales y un aumento de 27% en las concentraciones de partículas PM2.5.

El 1.4% del territorio sufrió, al menos, tres meses de sequía extrema cada año, el doble que en la década de 1980. Sonora y Chihuahua, los más golpeados. El fuego destruye ecosistemas, desplaza comunidades y genera pérdidas que alcanzan los 2 mil 590 millones de dólares.

El informe está basado en la ciencia. Fue dirigido por la University College London, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud y elaborado por 128 expertos de más de 70 instituciones académicas y agencias de la ONU.

No hay más que decir que el reloj climático sigue corriendo, México y el mundo están atrapados en una cuenta regresiva que ya no mide décadas, sino vidas.

Si México quisiera, podría aprovechar las oportunidades que hay en energías limpias para liderar en América Latina.

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