Fuegos artificiales, contaminación festiva del aire
Acabamos de entrar en el último trimestre del año, el más festivo, en el cual es protagonista la pólvora, una invención accidental que nació muy lejos de estas tierras. Desde el Grito de Independencia, pasando por el sincretismo del Día de Muertos hasta las ...
Acabamos de entrar en el último trimestre del año, el más festivo, en el cual es protagonista la pólvora, una invención accidental que nació muy lejos de estas tierras.
Desde el Grito de Independencia, pasando por el sincretismo del Día de Muertos hasta las celebraciones decembrinas que culminan con la llegada del Año Nuevo, en todas estas fiestas no falta el estruendo, brillo, movimiento y figuras de los fuegos artificiales en los cielos nocturnos de México.
Alrededor del siglo IX d.C., alquimistas chinos buscaban un elíxir para la vida eterna, pero al mezclar salitre (nitrato de potasio), azufre y carbón vegetal, obtuvieron una sustancia explosiva: la pólvora, que, desde entonces ha sido capaz de transformar la guerra y el espectáculo.
Este hallazgo fue clave para el desarrollo militar de la época al ser utilizado en armas rudimentarias, con el paso de las centurias, a través de la Ruta de la Seda, la pólvora llegó a Oriente Medio y a Europa, gracias a Marco Polo, y el uso pasó de las guerras a las celebraciones religiosas y de otros tipos.
De esa tradición nació la pirotecnia, que hoy, siglos después, está presente en las fiestas en todo el mundo y, por supuesto, en México. La pólvora, símbolo de poder y espectáculo, tiene una cara menos festiva por sus efectos nocivos para el ambiente.
Los fuegos artificiales se elaboran con pólvora y elementos como papel, mechas, minerales y metales para los colores. Para el efecto de luz roja se necesita estroncio; para el amarillo, sodio; bario para el verde; para el naranja, una combinación de estroncio y sodio, y el púrpura, de estroncio y cobre, además, de otras sustancias químicas.
Los fuegos artificiales ya en el aire, no sólo explotan: experimentan combustión, una reacción química que genera un espectáculo efímero —¿diversión?— y contaminantes atmosféricos tóxicos. La calidad del aire se ve afectada, sólo recuerde cómo el día después de celebraciones como el Grito de Independencia o el Año Nuevo, los niveles de contaminación se elevan, amén de que se lastiman nariz y ojos, y el cielo se ve grisáceo. A esto se le llama niebla tóxica.
La niebla tóxica está conformada por material particulado, como las PM2.5, consideradas los contaminantes atmosféricos más peligrosos, al ser inhalables pueden entrar al torrente sanguíneo y afectar corazón y pulmones.
De acuerdo con la revista británica médica The Lancet, la exposición a corto plazo de las PM2.5 fue causante de alrededor de un millón de muertes prematuras a nivel global entre 2000 y 2019. El contacto a largo plazo aumenta el riesgo de cáncer de pulmón.
Los contaminantes derivados de los fuegos de artificio también contribuyen al cambio climático, porque generan dióxido de carbono, monóxido de carbono, nitrógeno, dióxido de azufre y las PM2.5. Éstos se suman a las emisiones que de por sí generan toda actividad humana y la quema de combustibles fósiles, lo cual tiene al planeta en una crisis climática existencial.
El Boletín sobre la Calidad del Aire y el Clima de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) 2024, publicado la semana pasada, resaltó la compleja interacción entre el cambio climático y la contaminación atmosférica, ya que no se trata de dos problemas distintos, sino de dos caras de la misma moneda.
Advirtió que tratar de abordarlos por separado es un error de estrategia con consecuencias graves para la salud humana, los ecosistemas y la economía global. Los contaminantes afectan al clima y éste, a su vez, modifica la calidad del aire.
“La quema de combustibles fósiles y otras actividades humanas, que contribuyen al cambio climático, son también fuentes de contaminación, como el carbono negro, el óxido nitroso y el ozono troposférico”, indicó la secretaria general adjunta de la OMM, Ko Barrett.
La OMM hizo hincapié en el papel que juegan los incendios forestales en la calidad del aire y el clima, pues pensar que un siniestro que ocurre al otro lado del planeta no va a afectar a México o a algún otro país, es un error.
La explicación es que los patrones de viento hacen que tanto las partículas suspendidas generadas por sectores como transporte e industria, así como las de los incendios forestales y el polvo del desierto lleguen a cualquier parte del planeta.
El análisis señaló que los incendios forestales del año pasado en Canadá, Siberia, África Central y la Amazonia ocasionaron niveles de PM2.5 superiores a los registrados en otros años.
La Organización Mundial de la Salud apunta que la contaminación del aire es responsable de más de 4.5 millones de muertes prematuras al año a nivel global, lo cual trae consigo “enormes costos medioambientales y económicos”.
La ciencia es muy clara en sus advertencias, entonces, cuando en una metrópoli como la CDMX, que en los años 90 fue considerada entre las más contaminadas del planeta y por ello se implementaron normas y programas para mejorar la calidad del aire, como las restricciones para la circulación vehicular, es contradictorio que sigan permitiéndose los fuegos de artificio en las celebraciones masivas, financiados por los propios gobiernos y particulares.
Si bien los fuegos artificiales no son los que más contribuyen a la contaminación del aire, sí podrían restringirse para no abonar al grave problema de las emisiones de sectores como el transporte, industrias y otras actividades, sin olvidar la refinería de Tula, Hidalgo.
Como todo suma, ¿por qué no sustituir los fuegos artificiales por drones?, no generan contaminantes al no haber combustión ni sustancias tóxicas, además, no hay estruendo, por lo tanto, especies animales no se ven afectadas, como perros y gatos. En el cambio de paradigmas está la solución.
