Fiona, Ian... ¿a quién culpamos de estas tormentas feroces?

Huracanes, tormentas o tifones están golpeando cada vez con mayor violencia. ¿La causa? El aumento de las temperaturas oceánicas como consecuencia del calentamiento global. Las proyecciones son confiables, gracias al análisis de datos satelitales a través del tiempo ...

Huracanes, tormentas o tifones están golpeando cada vez con mayor violencia. ¿La causa? El aumento de las temperaturas oceánicas como consecuencia del calentamiento global. Las proyecciones son confiables, gracias al análisis de datos satelitales a través del tiempo y modelos climáticos, que indican que estos eventos arrojarán más lluvia, vientos y destrozos. Incluso, el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y la Organización Meteorológica Mundial han advertido que las tormentas intensas aumentarán a escala global.

Advertencia que no debe ser subestimada, pues las tormentas se encuentran entre los fenómenos naturales más peligrosos del planeta. Ciudades y comunidades costeras son altamente vulnerables debido a vientos de más de 70 kilómetros por hora (km/h), marejadas y lluvias intensas. Así lo demuestran hechos recientes.

El paso del huracán Fiona (categoría 4 en la escala Saffir-Simpson) por la costa este de Canadá fue devastador y ya es calificado como el peor en la historia de ese país.

El Centro Canadiense de Huracanes esperaba ráfagas de viento feroces y olas que podrían superar los 12 metros y el jueves pasado, en conferencia de prensa, Bob Robichaud, meteorólogo de preparación de alertas del Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático de Canadá, dijo que Fiona sería una tormenta “que todos recordarán”.

Así será. Las imágenes son sorprendentes. Con vientos de entre 150 y 160 km/h, casas fueron arrancadas de la tierra y arrastradas hacia el mar, además de inundaciones severas, carreteras destrozadas, árboles y líneas eléctricas derribados. Las autoridades ordenaron la evacuación de la costa e informaron que alrededor de 500 mil hogares se quedaron sin electricidad el fin de semana pasado.

Las provincias afectadas fueron Terranova y Labrador, Nuevo Brunswick, Nueva Escocia y la Isla del Príncipe Eduardo.

El primer ministro Justin Trudeau dijo que los residentes vivieron “un sábado de 12 horas aterradoras”. Para los habitantes de las zonas afectadas por el paso de Fiona ha sido desolador.

Antes de tocar el este canadiense, Fiona causó destrozos en Puerto Rico y República Dominicana.

El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos reportó, el lunes 19 de septiembre, que Fiona se había intensificado y convertido en huracán categoría 2.

Puerto Rico fue golpeada con lluvias “aterradoras” e inundaciones repentinas, dejando a miles de personas afectadas y sin energía eléctrica. Hace cinco años la isla fue devastada por el huracán María (categoría 5), el cual causó la muerte de alrededor de tres mil personas y dejó sin energía eléctrica al 80% del territorio —un año tuvo que pasar para restablecer el servicio—, por ello se le catalogó como el peor desastre en su historia reciente. Y Fiona vino a revivir el drama, aun siendo de menor intensidad.

Hay dos hechos interesantes —de seguro ya en análisis de la ciencia atmosférica y climática—, que se desprenden a propósito de Fiona. El primero, la temporada de huracanes en el Atlántico había sido menos activa, hasta ahora, respecto de las últimas. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EU había proyectado la temporada de huracanes del 1 de junio al 30 de noviembre, con 65% de probabilidad de ser superior a lo normal. Esperaba entre 14 y 20 tormentas con nombre y vientos de 63 km/h o más; de ésas, pronosticó que entre seis y 10 serían huracanes con vientos de 119 km/h o más y, entre tres y cinco podrían ser grandes huracanes (vientos de 178 km/h o superiores).

A principios de septiembre llegó Danielle como el primer huracán de la temporada con nombre, desde el 3 de julio, lo cual significa que agosto pasado se convirtió en el primer agosto sin una sola tormenta con nombre en 25 años en el Atlántico. Luego llegaron Earl y la devastadora Fiona.

Antes de Danielle: Alex, Bonnie y Colin.

Ya se han formado las tormentas tropicales Hermine y Gastón, aún lejos de tierra. Sin embargo, se desarrolla el huracán Ian —al momento de escribir el artículo alcanzó categoría 2, pero podría llegar a 4—, el noveno con nombre de esta temporada en el Atlántico, de hecho hay alerta en la península de Yucatán en su ruta hacia Florida.

El segundo hecho es que Fiona apunta hacia Groenlandia. El domingo pasado, el meteorólogo escocés Scott Duncan, con base en Londres, en su cuenta de Twitter (@ScottDuncanWX) publicó un hilo al respecto y con gráficos interactivos. Grosso modo indica que el calor extremo está entrando a Groenlandia por el huracán Fiona y “los ciclones tropicales a menudo actúan como bombas de calor”. Por lo que Fiona, para Duncan, es materia de estudio.

Debe quedar muy claro que la inestabilidad climática exacerba los eventos hidrometeorológicos, de ahí la urgencia de acelerar el tránsito hacia un mundo descarbonizado y evitar el aumento de la temperatura. El límite debe ser, máximo, 1.5 grados centígrados.

Temas: