Fieras, víctimas del cruel “zarpazo” humano
Todos los días, cientos de miles de animales salvajes incluidas especies en peligro de extinción, amenazadas o en riesgo son acechados, capturados y sacados de sus hábitats naturales para ser forzados al cautiverio con un destino de crueldades y abusos hasta que ...
Todos los días, cientos de miles de animales salvajes —incluidas especies en peligro de extinción, amenazadas o en riesgo— son acechados, capturados y sacados de sus hábitats naturales para ser forzados al cautiverio con un destino de crueldades y abusos hasta que mueren. Los menos afortunados son aniquilados para tasajearlos y, así, vender pieles, cabezas, extremidades y órganos en un mercado ilegal extremadamente lucrativo. Sin olvidar la caza de trofeos.
Las leyes de protección animal son muy laxas y en muchos países a estos seres vivos se les sigue viendo como cosas, por lo mismo, carecen de derechos.
No hace mucho, en México —en algunas entidades como la CDMX, Nuevo León, Durango y Guanajuato—, así como en España, sus legislaciones dejaron de ver a los animales como cosas y los consideran “seres sintientes”, por lo cual deben recibir un trato digno, respetar su vida e integridad. Pero es letra muerta, la realidad es cruel.
Los organismos encargados de velar por la protección animal no hacen su labor, los funcionarios se hacen de la vista gorda, los mueve el interés o bien, se corrompen. Ejemplos, muchos.
La World Federation for Animals hace unos días alertó que en la reciente reunión para el Marco Global de Biodiversidad Post-2020, las delegaciones se pusieron de acuerdo sólo en dos de los 22 objetivos. Pero lo más escandaloso es que el último borrador incluye “caza de trofeo sostenible para usar y manejar las especies silvestres”, cuando deberían prohibirse “todos los usos no esenciales de la vida silvestre, incluida la caza recreativa y la caza de trofeos”.
La organización World Animal Protection ha solicitado a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, por sus siglas en inglés) que promulgue políticas para proteger la vida silvestre de la crueldad y la explotación.
No es ni ético ni sostenible la caza de trofeos y más cuando existe una crisis global profunda de biodiversidad.
El 4 de julio pasado se dieron a conocer imágenes estremecedoras e indignantes de más de 200 grandes felinos, como leones, jaguares y tigres —especies catalogadas como vulnerables, casi amenazadas y en peligro de extinción, respectivamente, por la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza—.
Los felinos se ven desnutridos —algunos al borde de la muerte— y con heridas visibles debido al abandono y maltrato al que fueron sometidos por Eduardo Serio, alias Papa Bear, dueño de la Fundación Black Jaguar-White Tiger (BJWT).
Este caso, al que Excélsior ha dado seguimiento, es, sin lugar a dudas, claro ejemplo del lucro al que han sido sometidos los grandes felinos, escondido bajo la máscara de santuario, pues, según el sitio web, el objetivo es el rescate de “animales nacidos y vendidos en México de horribles circunstancias”.
La misma página invita a donar y adoptar un felino, pero los montos son en dólares y van de 10, 50, 100 y cantidades personalizadas. De hecho, personajes del espectáculo, de la comunicación, de la política y, recientemente, “influencers”, fueron “patrocinadores” de BJWL, presumiendo en sus redes sociales fotografías y videos con cachorros y dóciles felinos adultos.
Pero estos animales son salvajes, están arriba de la cadena trófica y ven al humano como competencia por el alimento.
De un zarpazo o una mordida pueden herir grave o mortalmente a una persona cuando se acerca, debido a los instintos de conservación y depredación. Entonces, estos personajes que sonrientemente se fotografiaron o videograbaron —como lo hacía el propio Eduardo Serio para promoción— con una pantera, león o tigre, nunca se preguntaron, ¿cómo era posible esa docilidad? La respuesta más probable: maltrato.
Expertos indican que para hacer posible un espectáculo con tigres, tomarse selfies con especies silvestres, nadar con delfines o montar elefantes los golpes y otras crueldades han estado de por medio; además, esas actividades causan sufrimiento físico y sicológico de por vida a los animales.
Otro punto dudoso de BJWT, a pesar de que la fundación se autodenomina “de renombre internacional, líderes en el rescate, rehabilitación y conservación de grandes felinos y otros animales”, es que no cuenta con la acreditación o estándar de la Global Federation of Animal Sanctuaries (GFAS).
El objetivo de este organismo es ofrecer “el único programa de acreditación de santuarios de animales en todo el mundo”.
Así, en el lamentable caso de BJWT sólo queda esperar que se haga justicia, porque evidencia hay y de sobra.
Los animales salvajes, con o sin legislaciones, tienen el derecho a la libertad. Aunque se ve muy lejano el día en el que se respete la naturaleza y la vida silvestre, mucho más, que se reconozca el estrecho vínculo que existe entre el bienestar animal y el de la propia humanidad.
