Energía de fusión, esperanza contra la crisis climática
La noticia de un descubrimiento científico o tecnológico, por lo general, causa expectación, emoción, entusiasmo y, por qué no, esperanza, cuando, después de años o décadas de prueba y error en el laboratorio, por fin sale a la luz y se comparte el beneficio que ...
La noticia de un descubrimiento científico o tecnológico, por lo general, causa expectación, emoción, entusiasmo y, por qué no, esperanza, cuando, después de años o décadas de prueba y error en el laboratorio, por fin sale a la luz y se comparte el beneficio que su aplicación podría traer a la humanidad.
Recordemos el júbilo que causó a nivel mundial el anuncio del logro de las primeras vacunas contra covid-19. Sin lugar a ninguna duda, también trajo tranquilidad saber que no esperaríamos muchísimos años para su aplicación y, así, estar protegidos de una nueva enfermedad que, en el inicio, causó cientos de miles de muertos. Hoy, seguimos a la espera de vacunas mejoradas contra ésta y otras enfermedades, así como la cura para todos los tipos de cáncer o el VIH, por ejemplo.
En materia de la crisis del clima es probable que en el imaginario colectivo floten artefactos o artilugios capaces de desaparecer en un tris las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del calentamiento global o máquinas cero contaminantes desintegradoras de todo tipo de desechos, incluidos los plásticos, para, así, acabar con estos lastres que tienen al límite la vida en la tierra y en los mares.
Sí, se lee de ciencia ficción, pero, como bien dicen, la realidad siempre supera a la ficción y quizás en algún o algunos laboratorios esto se haya echado a andar décadas atrás y falten algunos años más para verlos materializados. Ojalá podamos ser testigos de ello.
Ya que estamos, el martes 13 de diciembre, investigadores del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (LLNL, por sus siglas en inglés), de la Universidad de California, dieron a conocer uno de los avances más grandes de la ciencia en los últimos tiempos: la fusión nuclear, que es la reacción que hace brillar a las estrellas, como el Sol.
Y la fusión es la reacción que ocurre cuando dos o más átomos se unen, mientras que en la fisión los átomos pesados se separan.
Este hito científico tardó en llegar algo así como 60 años y podría desbancar a las fuentes de energías provenientes de los combustibles fósiles, incluso a las limpias y renovables a futuro.
Es más, ¿se imagina lo que significa poder replicar la energía del Sol, la misma que hace posible la vida en el planeta? Dicho de otro modo, sin la energía, la luz y el calor del Sol todo tipo de vida dejaría de existir. De ese tamaño es este hecho científico.
¿Por qué es un hito? Porque en todos los experimentos en laboratorio se consumía más energía de la que se generaba a través de las reacciones de fusión.
Además, puede considerarse el inicio de la generación de energía limpia prácticamente inagotable, sin contaminación ni generación de emisiones de gases de efecto invernadero, como las de los combustibles fósiles; ni residuos radiactivos (como los emanados de las centrales nucleares) o sustancias tóxicas (como las de las baterías para autos eléctricos) y sin desechos, como los de los paneles fotovoltaicos.
La secretaria de Energía de Estados Unidos, Jennifer Granholm, calificó el hecho como uno de los logros científicos más impresionantes del siglo XXI que ayudará a EU a “resolver los problemas más complejos y apremiantes de la humanidad, como proporcionar energía limpia para combatir el cambio climático”.
Un punto interesante que destacó Granholm es que, sin la inversión del Estado, esto hubiera sido imposible de lograr y, ahora, el objetivo es que la Unión Americana tenga la primera planta de fusión comercial, a más tardar, en una década.
Muy ambiciosa la meta de la secretaria, sin embargo, es un nudo gordiano y su resolución, de acuerdo con científicos del LLNL y de otros centros de investigación, para que la energía de fusión algún día pueda brindar electricidad limpia y segura sin emisiones de gases de efecto invernadero aún está a décadas de distancia y seguirá requiriendo inversiones de muchos miles de millones de dólares.
Incluso, es más factible masificar y comercializar en menos tiempo que la energía de fusión del hidrógeno verde, un combustible limpio y sostenible, aunque no es tan asequible su producción.
Hoy, y por el bien de la humanidad, las soluciones para combatir urgentemente la crisis climática y limitar sus efectos más devastadores ya las conocemos: descarbonizar todos los sectores y acelerar el tránsito hacia las energías solar, eólica, hidroeléctrica, mareomotriz y geotérmica.
No existe una fórmula mágica y, por ello, cada país tiene una ruta a seguir, de acuerdo con sus compromisos, recursos y características socioeconómicas.
La energía de fusión, sin duda, será la próxima fuente para generar electricidad libre de carbono, pero se cristalizará en un futuro no cercano y, quizá, no nos toque atestiguarlo (¿dos, tres, cuatro o más décadas?, la ciencia, la tecnología y el dinero llevarán a la respuesta).
Mientras, la humanidad está obligada a luchar contra la crisis del clima con las tecnologías y mecanismos existentes. No hacerlo es firmar una sentencia de muerte para las especies, los ecosistemas, vamos, para todos… De hecho, ya estamos enfilados.
No es pesimismo, es pragmatismo.
