El megatsunami que cimbró al planeta

El Ártico está cambiando drásticamente debido a la crisis climática; se calienta a un ritmo alarmante, cuatro veces más que el promedio global. Este fenómeno, conocido como amplificación ártica, es causado por las emisiones de gases de efecto invernadero que atrapan ...

El Ártico está cambiando drásticamente debido a la crisis climática; se calienta a un ritmo alarmante, cuatro veces más que el promedio global. Este fenómeno, conocido como amplificación ártica, es causado por las emisiones de gases de efecto invernadero que atrapan el calor, producto de la quema de combustibles fósiles.

El cambio climático de origen antropogénico está acelerando el deshielo de glaciares, el Ártico y la Antártida, lo que a su vez reduce el albedo, o la capacidad de la superficie de la Tierra para reflejar la luz solar. Menos hielo significa más calor absorbido por el océano y la atmósfera, por lo tanto, hay más calentamiento, lo que crea un círculo vicioso.

En el Ártico la situación es especialmente crítica, ya que el aumento de las temperaturas ha llevado a una reducción drástica de la extensión de hielo marino, especialmente durante los meses de verano.

Una investigación publicada en 2022 en la revista Communications Earth and Environment halló que desde 1979 el Ártico se calienta cuatro veces más rápido que el resto del planeta y el Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wide Fund for Nature, WWF) indica que cada década desaparece alrededor de 13% del hielo marino y, en los últimos 30 años, el hielo más antiguo y grueso ha disminuido 95 por ciento.

Debido a ese calentamiento y a la pérdida de hielo y glaciares, esta región, considerada por los científicos como extremadamente vulnerable a la crisis climática, experimenta un reverdecimiento, es decir, la tundra congelada comienza a cubrirse de vegetación y eso no es buena noticia. Además, el paisaje cada vez está volviéndose más marrón, resultado de la erosión y la desaparición del permafrost o hielo permanente. Eso no es todo. El aumento del nivel del mar es otro de los impactos del deshielo.

La NASA y la comunidad científica a lo largo de las décadas han señalado que el calentamiento de los océanos provoca el derretimiento de los glaciares y han documentado que, desde 1880, el nivel del mar global ha subido 20 centímetros y para 2100 se proyecta que aumente entre 30 y 122 centímetros más. Este escenario tendría consecuencias catastróficas para las zonas costeras, los países insulares y las ciudades bajas.

Uno de los lugares que experimenta calentamiento y derretimiento alarmante es Groenlandia, territorio autónomo danés que forma parte del Círculo Polar Ártico.

De acuerdo con un estudio publicado a inicios de este año en la revista Nature, la capa de hielo de Groenlandia pierde un promedio de 30 millones de toneladas por hora debido a la crisis climática. Esas millones de toneladas de hielo son una gran fuente de agua dulce cuyo destino es el océano Atlántico y los científicos apuntan que esto puede desencadenar un colapso de las corrientes oceánicas, sobre todo de la llamada circulación meridional atlántica (Amoc), lo cual tendría graves consecuencias en las condiciones del clima con afectaciones para la humanidad. Cada acontecimiento vinculado a la crisis climática está teniendo repercusiones desproporcionadas y con efectos en cadena. Aun así, las alertas de la ciencia climática siguen sin la resonancia que debiera.

Un hecho más del clima y menos conocido, pero igualmente preocupante, del derretimiento de los glaciares ha llamado la atención de sismólogos y de otros científicos. Sí, leyó bien, sismólogos.

En septiembre de 2023 —o septiemble para los mexicanos—, un deslizamiento de tierra masivo ocurrido en un fiordo de una zona remota de Groenlandia, no sólo provocó una ola de 200 metros —casi la altura del WTC México—, sino que también hizo que el planeta vibrara durante nueve días consecutivos. Los sismógrafos del mundo, desde el Ártico hasta la Antártida, registraron señales inusuales, diferentes a las provocadas por los terremotos convencionales.

En un principio, los científicos quedaron perplejos, “la señal no se parecía a ninguna registrada anteriormente”, relatan en un artículo dos de los investigadores del fenómeno, Kristian Svennevig (investigador principal adscrito al Departamento de Cartografía y Recursos Minerales, Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia) y Stephen Hicks (investigador asociado en sismología computacional de la University College London).

Las vibraciones captadas se caracterizaron por una frecuencia única, semejante a un zumbido constante y monótono. “Lo que resultó aún más desconcertante fue que la señal se mantuvo durante nueve días”, escribieron.

Como no sabían de qué se trataba, los investigadores clasificaron el evento como un objeto sísmico no identificado (OSN), hasta que los estudios los llevaron a detectar que el 16 de septiembre del año pasado en el fiordo Dickson de Groenlandia el deslizamiento de 25 millones de metros cúbicos de hielo y rocas “provocó un megatsunami de 200 metros de altura y un fenómeno conocido como seiche: una ola en el fiordo helado que continuó moviéndose de un lado a otro, unas 10 mil veces durante nueve días”.

Para los científicos este hallazgo pone al descubierto “una verdad más profunda e inquietante: el cambio climático está transformando nuestro planeta y nuestros métodos científicos en maneras que apenas empezamos a comprender”.

La investigación fue publicada la semana pasada en la revista Science y participaron más de 66 científicos de 40 instituciones en 15 países. Este tsunami único de larga duración —hasta el momento— debería mover a la humanidad para comenzar a tomarse en serio la supervivencia de todos los seres vivos frente a la crisis climática y sus impactos conocidos, y más, por aquellos que aún están ocultos.

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