El lado oscuro del streaming: música y videos contaminan
Gracias a internet y a toda la gama de dispositivos móviles que hay, es posible llevar a cualquier parte música, videos, películas, información, redes sociales, videojuegos, comunicación y mucho más. Basta con deslizar el dedo índice y un clic para estar ...
Gracias a internet y a toda la gama de dispositivos móviles que hay, es posible llevar a cualquier parte música, videos, películas, información, redes sociales, videojuegos, comunicación y mucho más. Basta con deslizar el dedo índice y un clic para estar conectado.
La irrupción del mundo digital ha cambiado la manera en la que los seres humanos estudian, trabajan, se informan, se entretienen, se relacionan… prácticamente está en todos lados, todo el tiempo.
El streaming está ahí, siempre listo para escuchar el lanzamiento musical del cantante o banda favoritos, todo un playlist en Spotify o Apple Music o bien, para disfrutar de un maratón de videos en YouTube o películas en Netflix o cualquier otra plataforma.
¿Qué tanto, como público consumidor, nos interesa saber cuánta energía requiere el streaming o cuál es el impacto ambiental al conectarse, bajar audio o video, casi casi en automático todos los días?
Cuando surgió la música en internet —cómo olvidar a Napster— se vio como una forma menos contaminante y más accesible al modelo físico de discos, primero con los vinilos y después con los CD, porque los materiales eran derivados del petróleo, para empezar, y después, todo el proceso de fabricación y la logística para su distribución implicaban consumo de recursos y más combustibles fósiles.
Partiendo de que toda actividad humana contamina, el streaming está muy lejos de ser inocuo para el planeta y más cuando la crisis climática es una amenaza existencial, alimentada por las emisiones de gases de efecto invernadero que no dejan de aumentar.
La huella ambiental del streaming musical y de video es significativa, y puede decirse que tiene un lado oscuro, como los formatos físicos, porque los centros de datos que les da soporte requieren mucha energía y agua.
Sobre el consumo de agua, el recurso utilizado para enfriamiento, el Instituto de Estudios Ambientales y Energéticos, ubicado en Washington, indica que los centros de datos llegan a usar hasta 19 millones de litros por día, el equivalente al consumo de una ciudad de entre 10 mil y 50 mil habitantes.
De acuerdo con la información más reciente de la Agencia Internacional de Energía, el consumo de energía de los centros de datos en 2022 fue de entre 1 y 1.5% a escala global, sin contar la inteligencia artificial.
Lo anterior plantea preguntas sobre el costo ambiental de la economía digital y de plataformas como Spotify, Apple Music o YouTube Music, entre otras.
Un análisis reciente de Greenly (empresa de contabilidad de carbono, con sede en París) halló que Spotify —el gigante sueco de audio digital— podría emitir alrededor de 187 mil 040 toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO2e) sólo en este año; para dimensionarlo, la cifra es 12 veces más que la huella ambiental anual de Ciudad del Vaticano.
Greenly estimó que en el primer trimestre de este año, Spotify tenía alrededor de 678 millones contra 406 millones de 2021, lo que representa un aumento de 67 por ciento.
El cálculo de emisiones de CO2 por usuario promedio ronda los 276 gramos al año, una huella ecológica, si se quiere, incipiente, pero multiplicada a escala global, el dato se hace significativo.
Y la mayoría se conecta a más de una plataforma, navega en la web para buscar información para lo que guste y mande, y ahora suma el uso de la IA, llámese ChatGP, Gemini o Copilot, entre un gran abanico de opciones. La huella se agiganta.
Greenly destaca una tendencia al alza, la transición de Spotify hacia los contenidos en video está apostándole a los videopodcasts para expandir su oferta audiovisual, en un intento por competir con YouTube y eso implica un aumento considerable en el consumo de datos, el uso de centros de datos y el tráfico de internet. Toda esa infraestructura necesita mucha energía y agua.
Son varios los factores involucrados en el impacto ambiental del streaming, como calidad del video, duración del streaming y tipo de dispositivo.
“Las resoluciones más altas, como 4K, aumentan significativamente la demanda energética en comparación con la definición estándar… un televisor inteligente suele consumir más energía durante la reproducción que un smartphone… la transmisión y el almacenamiento de datos suelen ser responsables de la mayor parte de las emisiones, por lo que es fundamental analizar todo el ciclo de vida del streaming”, indica el análisis El costo del carbono del streaming de Greenly.
Las grandes tecnológicas han hecho esfuerzos por migrar hacia fuentes renovables, pero buena parte del suministro sigue dependiendo de energías fósiles, lo que intensifica la huella ecológica del entretenimiento digital.
El problema no es exclusivo de Spotify. Todo el modelo de streaming musical y de video está diseñado para el acceso inmediato y permanente a bibliotecas globales sonoras y de video, lo cual exige un flujo constante de datos desde servidores hasta los dispositivos.
Cada canción reproducida activa una cadena de procesos invisibles que incluyen almacenamiento en la nube, transmisión a través de redes y reproducción en dispositivos que, a su vez, requieren energía para funcionar.
La transmisión de música en línea ya consume más recursos energéticos que la producción y distribución de formatos físicos en su época de auge, como los CD. Si bien se redujeron el uso de plásticos y la logística del transporte, el modelo digital genera más emisiones constantes.
Qué paradoja. Mientras más accesible es la música y el video, más alta es la contaminación.
