El ICE no solamente amenaza migrantes, también la naturaleza

No importa que los Everglades de Florida, por su diversidad biológica única, hayan sido clasificados como Patrimonio de la Humanidad, Reserva Internacional de la Biosfera y Tierras Pantanosas de Importancia Internacional, lo verdaderamente relevante es la decisión de ...

No importa que los Everglades de Florida, por su diversidad biológica única, hayan sido clasificados como Patrimonio de la Humanidad, Reserva Internacional de la Biosfera y Tierras Pantanosas de Importancia Internacional, lo verdaderamente relevante es la decisión de levantar ahí un centro de detención para contener a migrantes: Alcatraz de los Caimanes (Alligator Alcatraz).

No se trata de un pantano más, es un sistema de humedales que no existe en ninguna otra parte del planeta, porque es una red interconectada de hábitats, como pantanos de cipreses, praderas húmedas y manglares.

Este ecosistema es hogar de 360 especies de aves, 40 de mamíferos, varios tipos de reptiles y peces, además de plantas y árboles.

La construcción y operación de Alcatraz de los Caimanes, del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), representa una amenaza directa para animales que ya caminan por la cuerda floja de la supervivencia.

Son 36 especies amenazadas o en peligro de extinción, como el caimán americano, la pantera de Florida, la tortuga verde y la tortuga carey, el manatí, el gavilán caracolero de los Everglades, la cigüeña americana, el gorrión costero de Cabo Sable y el pájaro carpintero de cresta roja, entre otros, además de algunas mariposas y plantas, de acuerdo con el Servicio de Parques Nacionales de EU.

Especialistas en conservación y grupos ambientalistas señalan los múltiples vectores del impacto ambiental en los Everglades, como son degradación del hábitat por el aumento de la actividad humana, contaminación lumínica y acústica que afectan los ciclos naturales de la vida silvestre, interrumpen los comportamientos reproductivos y de alimentación; tala para pavimentación, descarga de desechos orgánicos humanos —en el centro de detención hay baños portátiles— y aguas grises que podrían contaminar el delicado sistema hidrológico, derrames de combustibles y los mismos vuelos con personas migrantes hacia y desde el sitio.

El aumento del tráfico vehicular también representa una amenaza particular para la pantera de Florida, debido a que los atropellamientos son una de las principales causas de mortalidad de la especie. Cada vehículo adicional que transite por las carreteras cercanas a la instalación incrementa el riesgo de colisiones fatales.

La pantera de Florida es, quizás, el símbolo más emblemático de la región y ahora enfrenta un obstáculo adicional para su recuperación. Sólo quedan entre 120 y 230 ejemplares en estado silvestre. El centro de detención no sólo ocupa territorio crítico, sino que el incremento en el tráfico vehicular y la actividad humana fragmenta aún más los corredores de movimiento que necesita para encontrar pareja, territorio y alimento. Cada hectárea de hábitat cuenta para su supervivencia.

Alcatraz de los Caimanes puede verse como una decisión que combina simbolismo y fuerza políticos, pero con consecuencias ecológicas devastadoras. No existen estudios de impacto ambiental y se le dio vuelta a las leyes, a pesar de que ahí, a finales de los años sesenta, se pretendió construir lo que sería el aeropuerto más grande del mundo, el Everglades Jetport, con seis pistas para aviones supersónicos, una autopista interestatal y un sistema de transporte público de alta velocidad para conectar las ciudades vecinas.

Gracias a un informe ambiental de 1969, dirigido por Luna B. Leopold, del Servicio Geológico de EU, se frenó por completo el proyecto, pues determinó que se “destruiría inexorablemente el ecosistema del sur de Florida y, por tanto, el Parque Nacional Everglades”, ya que la instalación podría contaminar la zona, amenazar especies en peligro de extinción y contradecir los esfuerzos de preservación de los Everglades.

Hubo respaldo de residentes y activistas, lo cual derivó en un pacto, que en 1970 detuvo la construcción por completo, aunque ya se había terminado una pista.

Este caso marcó un precedente en la legislación ambiental estadunidenses al demostrar que los intereses ecológicos podían detener proyectos de infraestructura cuando la ciencia evidenciaba riesgos irreversibles para ecosistemas únicos.

Ahora, el centro de detención se ha erigido justo en esa pista construida a finales de los sesenta, lo que es el Aeropuerto de Entrenamiento y Transición Dade-Collier.

Puede albergar hasta cinco mil personas migrantes en tiendas de campaña y remolques temporalmente en el corazón de la Reserva Nacional Big Cypress.

El gobernador de Florida, Ron DeSantis, le resta importancia al impacto ambiental, a mediados de julio declaró que “es de cero”.

La organización ecologista Amigos de los Everglades, el Centro para la Diversidad Biológica y la tribu Miccosukee presentaron el 27 de junio una demanda federal para que se detengan las operaciones hasta que se complete una revisión exhaustiva y un periodo de análisis público, bajo el argumento de que el estado ignoró normas federales para evaluar el daño ambiental.

El 13 de agosto pasado, la jueza federal Kathleen Williams ordenó pausar por dos semanas las construcciones en el sitio, sin afectar las actividades de las fuerzas del orden o de migración.

Y si la idea de este centro de detención era infundir miedo para no tratar de escapar debido a los caimanes y cocodrilos, el verdadero terror para las personas detenidas es la vulnerabilidad frente a los peligros del cambio climático, porque ha exacerbado la amenaza de tormentas, inundaciones, calor extremo y enfermedades infecciosas.

Las condiciones son inhumanas y más peligrosas que caimanes y pitones.

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