El futuro de México, en inminente peligro por el calor
Las temperaturas se han disparado rompiendo récords. Las alarmas ya se encendieron a nivel global y ojalá en México se tomen muy en serio los impactos que ello conlleva, que son muchos y ponen en peligro la vida de las personas y los medios de subsistencia. No sólo eso, ...
Las temperaturas se han disparado rompiendo récords. Las alarmas ya se encendieron a nivel global y ojalá en México se tomen muy en serio los impactos que ello conlleva, que son muchos y ponen en peligro la vida de las personas y los medios de subsistencia. No sólo eso, crecimiento y desarrollo del país se verán afectados.
La influencia del cambio climático no puede subestimarse. Las sequías, que ya eran una realidad en muchas regiones, se han intensificado y extendido, dejando a su paso devastación y desesperanza.
Un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) dado a conocer hace unos cuantos días alertó que México experimentó mayor calentamiento, de casi 0.3 grados centígrados por decenio en el periodo de 1991 a 2022, es decir, nuestro país se calienta más que el resto de América Latina. Se trata del mayor nivel registrado desde que se utilizan los periodos de mediciones de referencia de 30 años a partir de 1900.
El documento El estado del clima en América Latina y el Caribe 2022, de la OMM, destaca que las lluvias en las zonas central y oriental de México fueron entre 40% y 60% inferiores a lo normal; las precipitaciones en el noroeste y la península de Yucatán estuvieron alrededor de 40% por encima de lo normal; pero Baja California tuvo lluvias 20% por debajo de lo normal en el extremo sur, y entre 10% y 20% por encima de lo normal en el resto del territorio.
En cuanto a la sequía, el año pasado Nuevo León y Tamaulipas fueron los más afectados. Alrededor de 30% del país experimentó sequía de moderada a extrema durante 2022, de acuerdo con el Monitor de Sequía.
Los agricultores, cuyas vidas dependen de la tierra fértil, se enfrentan ahora a cosechas malogradas y a la pérdida de sus medios de subsistencia. Por ejemplo, productores de maíz prevén un rendimiento menor del cultivo.
En tanto, ganaderos en Oaxaca, Veracruz, Puebla, Jalisco y Quintana Roo han visto morir a vacas, becerros y borregos debido a las altas temperaturas y la escasez de lluvias, incluso, algunos animales han tenido que ser sacrificados.
Los ríos, que alguna vez fluían generosamente, se secan, dejando a las comunidades sin opciones para regar los cultivos. La escasez de agua es una amenaza que se cierne sobre México, afectando las áreas rurales y las urbanas. Los embalses y presas agotan el agua que contienen.
Pero los impactos del calentamiento van más allá de la agricultura y el suministro de agua.
Los ecosistemas mexicanos sufren una presión implacable. Los bosques, hogar de una biodiversidad única y esencial para la salud del planeta, se ven amenazados por incendios forestales cada vez más intensos y frecuentes. La selva de Chiapas, el bosque de oyamel en Michoacán, la selva Maya y los manglares costeros están siendo devastados y la pérdida de estos ecosistemas pone en peligro a especies endémicas.
La urbanización desenfrenada también exacerba el problema.
Las ciudades mexicanas, con su crecimiento explosivo y su alta concentración de población, experimentan el llamado efecto isla de calor. Los materiales de construcción y el asfalto absorben y retienen el calor, elevando las temperaturas locales y aumentando la demanda de energía para refrigeración.
La ola de calor de junio pasado, cuando los termómetros rebasaron los 45 grados centígrados, causó apagones en varios estados, como Nuevo León, Sonora, Tamaulipas y Yucatán, por la demanda de energía.
Y lo que realmente debe preocupar son los efectos de las olas de calor sobre las personas. Datos de la Secretaría de Salud federal señalan que, por lo menos, 152 personas fallecieron por el calor, de ésas, 124 fueron víctimas de la tercera ola en junio pasado.
Nuevo León ha registrado el mayor número de muertes por calor (72), seguido de Tamaulipas (25), Veracruz (20), Coahuila (9), Sonora (6), Tabasco (6), Oaxaca (4), San Luis Potosí (3), Quintana Roo (2), Yucatán (2), Baja California Sur (1), Campeche (1) y Sinaloa (1). Y es probable que las cifras sean más altas, porque no todas se registran oficialmente.
Esas pérdidas humanas han sido desdeñadas por el propio gobierno federal. Según esto, no hubo ni una.
Ciertamente, la temporada de huracanes y tormentas ha llegado y con estos fenómenos meteorológicos las lluvias también, al igual que las inundaciones, tan devastadoras como las sequías. Quizá más de uno crea que el calor, por fin, se acabó, para dar paso a ambientes más frescos, en algunas regiones así será, pero otras no verán ni gota de lluvia.
Para documentar el optimismo, la OMM ayer informó que la semana pasada rompió récords de calor.
El mundo tuvo la semana más caliente, lo cual la convirtió en el periodo semanal más ardiente desde que hay registros; además, la temperatura media global del jueves 7 de julio fue de 17.25 grados centígrados, 0.3 grados por arriba del récord anterior de 16.94 grados del 16 de agosto de 2016, y junio fue el mes más caluroso, “con temperaturas superficiales del mar sin precedentes”, y eso que el patrón climático de calentamiento de El Niño apenas comienza.
El problema es que El Niño alimentará, de aquí hasta 2024, más el calor en la superficie de la tierra y en los mares, eso se traducirá en temperaturas y olas de calor marinas más extremas.
El calentamiento global se arraiga profundamente, marcando un futuro sombrío para las generaciones presentes y, más, para las futuras.
