El coctel tóxico que viene: aire seco, calor y contaminación
Durante la época de calor suelen presentarse condiciones atmosféricas desfavorables en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, lo cual aumenta la preocupación por la calidad del aire. Diversas investigaciones han demostrado que, cuando las temperaturas son altas, ...
Durante la época de calor suelen presentarse condiciones atmosféricas desfavorables en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, lo cual aumenta la preocupación por la calidad del aire. Diversas investigaciones han demostrado que, cuando las temperaturas son altas, hay baja humedad, escasa circulación de viento y gran concentración de contaminantes, se produce más ozono y exacerba la contaminación del aire que la capital del país arrastra desde décadas atrás.
Científicos indican que la formación de ozono es un fenómeno resultado de una compleja interacción de factores atmosféricos y antropogénicos que tiene importantes repercusiones en la salud de los habitantes, pues es un gas tóxico originado por la interacción de diferentes contaminantes con la luz solar. Al ubicarse en una cuenca rodeada de montañas, la CDMX limita la dispersión de los contaminantes.
Así, factores naturales combinados con la emisión de sustancias provenientes de diversas fuentes hacen que la formación de ozono sea un grave problema en los meses más calurosos, de marzo a junio. La Comisión Ambiental de la Megalópolis recién informó que en esta temporada de calor se prevén siete contingencias ambientales en el Valle de México, mientras que el Servicio Meteorológico Nacional dio a conocer que en el estiaje se esperan cuatro olas de calor.
No sólo eso. Marzo experimentará temperaturas diarias promedio de 27 grados centígrados —dos más que en 2022—, según la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil, sin embargo, “las temperaturas máximas podrían alcanzar y hasta superar los 37 grados” (Excélsior, 25 de febrero, 2023).
Y no hay que esperar a sentir esas temperaturas calientes, porque los últimos días —del 23 al 27 de febrero— han oscilado entre 25 y 27 grados centígrados. De hecho, el jueves y viernes pasados la CDMX vivió la primera contingencia por ozono. Nadie debería minimizarla o cuestionarla, al contrario, es una muestra de lo que viene, pues, en un contexto de crisis climática, la contaminación del aire y las contingencias por ozono y partículas ponen en mayor riesgo la salud de todos.
El ozono se forma cuando los precursores, como óxidos de nitrógeno (NOx) y compuestos orgánicos volátiles (COV) reaccionan con la radiación solar, explicó en entrevista Elizabeth Vega Rangel, investigadora de la UNAM. “A mayor radiación solar, habrá mayor producción de ozono”.
Los NOx los emiten vehículos automotores (privados, de carga, autobuses foráneos, tráileres y pipas) y en la CDMX circulan más de 6 millones de unidades. Mientras que los COV proceden de muchísimas fuentes, por ejemplo, de industrias, cuando se carga gasolina o fugas de gas LP de cilindros o tanques estacionarios, “son más de 300 especies de COV y cada una tiene diferentes propiedades y volatilidad, es decir, pueden evaporarse a temperatura ambiente… si ésta sube, se evaporan más”.
Con temperaturas más calientes, la calidad del aire será un coctel tóxico. ¿Se imagina respirar aire seco, caliente y contaminado?
La especialista del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) recordó que, en lo más fuerte de la pandemia de covid-19, todo el alcohol y desinfectantes utilizados se evaporaron a la atmósfera, pues contienen COV que contribuyeron a la formación de ozono.
Aunque hubo restricciones y dejaron de circular vehículos y pararon algunos procesos productivos, salvo los relacionados con actividades prioritarias, agregó que “observamos que todos los contaminantes cayeron, excepto el ozono y las partículas, porque en el periodo de altas temperaturas hay incendios forestales y los provocados para limpiar las tierras a cultivar, entonces hay emisión de COV y de partículas, además, por las condiciones meteorológicas”.
Óscar Peralta Rosales, investigador del ICAyCC, también entrevistado para este artículo, agregó que un punto importante es no olvidar las enseñanzas de la pandemia, pues se demostró que “sí podemos trabajar en casa, quizá ahora no todos o no todo el tiempo… debemos analizar que el transporte es algo que está matándonos, está tomando mucho peso en las contingencias, independientemente de que será un año más caluroso que el año pasado”.
La forma en la que se ha reactivado la actividad económica en la CDMX, destacó, ha hecho que se disparen las emisiones por saturación de tránsito y de las industrias para “recuperar esa parte perdida por la pandemia, lo que aumenta el flujo de compuestos”.
Aunque las medidas adoptadas por las autoridades son adecuadas, como el programa Hoy No Circula, para Peralta Rosales ya se pasó “esa parte donde grandes acciones daban grandes resultados y ahora estamos en la parte dolorosa, donde muchas acciones van a dar resultados muy pequeños y eso puede llevarnos a la frustración”.
Para los investigadores de la UNAM es fundamental continuar trabajando en la reducción de las emisiones y proponer acciones preventivas para ayudar a los tomadores de decisiones. Además, que la gente, las empresas e industrias se involucren y tomen conciencia de la problemática. Y la sugerencia que hacen es que, quienes puedan, trabajen uno o dos días a distancia. Eso contribuirá a bajar contaminantes.
