El bisonte americano hace trepidar al cambio climático
Imagine un paisaje vasto y salvaje, donde la majestuosidad de la naturaleza se despliega en el norte del país. Ahí, enormes criaturas peludas, una vez al borde de la extinción, ahora recorren libremente los pastizales con una fuerza renovada. Ésta es la Reserva Natural ...
Imagine un paisaje vasto y salvaje, donde la majestuosidad de la naturaleza se despliega en el norte del país. Ahí, enormes criaturas peludas, una vez al borde de la extinción, ahora recorren libremente los pastizales con una fuerza renovada. Ésta es la Reserva Natural El Carmen, ubicada en Coahuila y la frontera con Texas, un santuario de vida silvestre que alberga una historia de resiliencia y redención.
En los vastos pastizales de El Carmen, el bisonte americano, un símbolo de la grandeza del continente, ha encontrado un hogar después de más de un siglo que no se le veía por ahí. Sin embargo, su regreso no sólo es una historia de supervivencia, conservación y alianzas, también es una pieza crucial del rompecabezas para contrarrestar el cambio climático y recuperación de la diversidad biológica.
La historia del bisonte es una saga de desafíos y luchas, pero también de esperanza y recuperación. Cuando los españoles llegaron al nuevo mundo había 30 millones de bisontes, o más, pero para finales del siglo XIX, estas grandes bestias casi desaparecieron de la faz de la Tierra, pues quedaban menos de 500 ejemplares, resultado de la caza indiscriminada propiciada por las bestias “pensantes” y la colonización de su hábitat natural.
Existe una fotografía icónica que ilustra la tragedia de los bisontes en América del Norte — la gran demanda de piel, carne y huesos fue uno de los factores que impulsó su matanza—, se observa un hombre frente a una enorme montaña conformada por miles de cráneos de esta especie y a otro hombre parado en la cima; fue tomada en 1892 afuera de Michigan Carbon Works, en Rougeville, Michigan. Y esa imagen espeluznante fue recreada en El renacido, de Alejandro González Iñárritu.
Después del exterminio, el rey de la llanura ha ido recuperándose y, actualmente, hay alrededor de medio millón de ejemplares, lo cual indica que no está en peligro de extinción a nivel global, sino casi amenazado, explicó Rurik List, jefe del Área de Investigación en Biología de la Conservación de la UAM unidad Lerma, en el foro Bisonte americano, gigante que regenera ecosistemas, realizado hace unos días.
Gracias a esfuerzos de conservación, en 2019 se reintrodujo la especie en El Carmen, con tan sólo 13 hembras y tres machos; la reproducción ha sido exitosa, pues ahora más de 90 bisontes pastan libremente y, entre éstos se encuentran las primeras crías nacidas este año en estado salvaje. La proyección apunta a que en los próximos cinco años la población podría llegar a 300.
Cada especie tiene un rol específico para el equilibrio de un ecosistema dado, pero la extinción de algún animal, microorganismo o planta puede romper ese balance. Eso pasó con la ausencia del bisonte en el norte de México.
De ahí que la importancia de proteger a la especie radica en su papel como ingeniero del ecosistema, de acuerdo con List, es clave para la conservación y restauración de los pastizales, por lo cual se le considera un gran aliado en la lucha contra el cambio climático al ayudar a una mayor captura de dióxido de carbono (CO2) gracias a las interacciones y funciones que tiene en la naturaleza y con otros animales.
Estudios científicos han demostrado que los pastizales bien gestionados pueden almacenar hasta 30% de carbono del suelo de todo el planeta. Sumado a ello, con la creciente escasez de agua, los bisontes desempeñan un papel protagónico en la conservación de este recurso finito.
La reserva de El Carmen, indican datos de Cemex, puede absorber más de 12 millones de toneladas de CO2, el equivalente a lo que emiten más de dos millones de vehículos y captar más de 500 mil metros cúbicos de agua al año, el equivalente al consumo diario de cinco millones de personas.
En el foro, Carlos Medina, director de Sostenibilidad y Agenda CO2 de Cemex México, contó que hace más de 20 años la empresa inició un proyecto de conservación que hoy forma parte del programa Futuro en Acción y, como resultado, ha logrado la restauración de más de 20 mil hectáreas de hábitat natural, donde se han reproducido distintas especies nativas, como el borrego cimarrón, berrendos, venados cola blanca y, desde hace cuatro años, el gran bisonte americano.
Esto ha sido posible a través de una asociación público-privada cimentada en la sostenibilidad, la conservación y la protección del ecosistema y especies. Es decir, es una alianza estratégica conformada por Cemex, AES México, la Comisión Nacional de Áreas Protegidas, Secretaría de Medio Ambiente Coahuila y el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza.
La Reserva Natural El Carmen es un área que abarca 140 mil hectáreas en Coahuila y colinda con el Big Bend National Park en Texas, donde el bisonte se erige como un símbolo resiliente y su historia enseña valiosas lecciones sobre el poder de la preservación y la capacidad de recuperación de las especies, en medio del colapso de la biodiversidad y la devastación del cambio climático.
El llamado a la acción en defensa de la biodiversidad y la protección de las especies nunca había sido tan urgente como ahora. Por ello, este tipo de alianzas público-privadas deberían de replicarse en otras zonas del país, sobre todo en aquellas más vulnerables.
