Combate al metano, clave contra el cambio climático

Abordar las emisiones de metano en sectores clave, como la industria del gas y del petróleo, es fundamental para lograr una mitigación efectiva del cambio climático, sin olvidar que la agricultura y la gestión de residuos también son importantes generadores.Las ...

Abordar las emisiones de metano en sectores clave, como la industria del gas y del petróleo, es fundamental para lograr una mitigación efectiva del cambio climático, sin olvidar que la agricultura y la gestión de residuos también son importantes generadores.

Las emisiones de metano ocupan el segundo lugar en cuanto a su contribución al calentamiento global. Por su capacidad única para atrapar el calor en la atmósfera, ese gas de efecto invernadero es uno de los más potentes y es responsable de 30% del calentamiento global desde la Revolución Industrial.

De ahí que la comunidad científica indique que la reducción rápida de las emisiones de metano es muy viable y podría convertirse en una de las medidas más efectivas para ponerle freno al rápido incremento de las temperaturas de la atmósfera.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señala que recortar las emisiones de metano en 45% para 2030 podría ayudar a cumplir el objetivo del Acuerdo de París de limitar el calentamiento global a 1.5 grados centígrados.

Mientras que la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) apunta específicamente a que el sector del petróleo y del gas podría reducir las emisiones de metano en más de 75% con la implementación de “programas de detección, reparación y mejora de equipos con fugas”, y en el sector del carbón se disminuirían en más de la mitad “aprovechando al máximo el metano de las minas de carbón o mediante tecnologías de quema u oxidación cuando la recuperación de energía no sea viable”.

La industria energética produce alrededor de 40% de todas las emisiones de metano y las actividades relacionadas con la extracción y procesamiento del petróleo y del gas representan la principal fuente en ese sector.

Por lo tanto, es posible controlar y disminuir el metano, sólo falta voluntad de los países y las industrias de los combustibles fósiles, porque, de no hacerlo, las emisiones totales de metano podrían incrementarse hasta 13% en esta década.

De acuerdo con el PNUMA, en un escenario que busque limitar el calentamiento global a 1.5 grados centígrados, resulta imperativo lograr recortes de entre 30% y 60% de las emisiones de metano hacia 2030 derivados de actividades vinculadas a los combustibles fósiles.

Y como por cuenta propia las compañías del petróleo y del gas no se “animan” a hacer esas disminuciones —tecnología existe y tendría costo-beneficios para todos—, la administración estadunidense del presidente Joe Biden informó que las obligará a pagar una tarifa por las emisiones de metano que excedan ciertos niveles. El viernes pasado, la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) anunció una normativa que establece nuevas tarifas para las emisiones de metano de acuerdo con las disposiciones de la Ley de Reducción de la Inflación.

En el marco del Programa de Reducción de Emisiones de Metano, una iniciativa derivada de la ley climática de 2022, se aplicarán tarifas a las emisiones excesivas, con un incremento progresivo a lo largo de la década. Inicialmente, la tarifa será de 900 dólares por tonelada métrica en este año, aumentando a mil 200 dólares el próximo y alcanzando mil 500 dólares a partir de 2026, pero las empresas petroleras del gas que cumplan con las normas estarán exentas de la nueva imposición.

Se sabe que ni una sola compañía de combustibles fósiles está realmente comprometida a limitar la producción de sus “fábricas de dinero”, porque las ganancias siempre estarán por encima del cuidado del planeta. ¿Será que los dueños de esas empresas creerán que sus miles y miles de millones de dólares los salvarán a ellos y a sus familias del colapso climático?

Por otro lado, debe ejercerse presión sobre aquellas industrias reacias a realizar cambios acordes con la crisis climática, por lo tanto, es un principio de justicia que pague más el que más contamina.

Entonces, un impuesto a las emisiones de metano de la industria del petróleo y del gas en Estados Unidos, según la EPA, impulsaría a las empresas a actuar con prontitud para reparar las fugas de metano, además de utilizar tecnologías para detectar esas fallas. Ojalá así sea porque hay corporativos que dicen hacer cambios, pero, en realidad, maquillan sus intenciones y caen en el greenwashing, como Shell.

¿Qué hay con México? El Observatorio Mexicano de Emisiones de Metano indica que al año nuestro país emite 6.3 millones de toneladas de ese potente gas, posicionándolo en el lugar 10 a nivel global.

El Observatorio retoma datos de un informe del PNUMA que indican que “las emisiones de metano en México están subestimadas en el inventario nacional. Las estimaciones satelitales del total de las emisiones de metano en México son 45% más altas que las reportadas en el inventario oficial y las emisiones del sector del petróleo y el gas son 100% más altas”.

Y está documentado que Pemex es uno de los mayores emisores de metano, aunque su director lo niegue.

Datos propios de la petrolera apuntan que aumentó sus emisiones en 95.5% de 2018 a 2021, pero ya no hay información más actualizada.

La falta de transparencia y rendición de cuentas es un lastre para la acción climática.

Ojalá no se le olvide al gobierno que en la COP27 de Egipto se comprometió a recortar emisiones y en octubre de 2023 se informó al enviado especial para el Clima de Estados Unidos, John Kerry, que Pemex reduciría sus emisiones de metano en 98% para este 2024.

¿Será que cumplan los compromisos en año electoral?

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