Catástrofe en puerta si no baja nivel de gases de invernadero
¿Debemos espantarnos? Sí. Las actividades humanas y la quema de combustibles fósiles tienen al planeta con un calentamiento de 1.1 grados centígrados y fenómenos hidrometeorológicos devastadores.
El sistema climático es frágil. Los gases de efecto invernadero (GEI) deberán alcanzar, según estudios, el techo de emisiones en 2025 —sí, leyó bien, 2025, es decir, ya— y de ahí debe iniciar la reducción en 43%, a más tardar para 2030. Para que eso suceda, todos los sectores deben recortar las emisiones y, así, limitar el calentamiento del planeta a 1.5 grados centígrados a finales de siglo, de no hacerlo, irremediablemente la humanidad enfrentará mayores desastres. Esta es la advertencia del informe del Grupo de Trabajo III del IPCC de la ONU presentado ayer.
Los datos son reveladores. La ventana de oportunidad se cierra rápidamente y los tomadores de decisiones y la sociedad deben ver este informe como un ultimátum, la última llamada para eludir un calentamiento catastrófico.
Además, el IPCC advierte que depender de soluciones, como plantar árboles para resolver el problema, es una ilusión, porque generaría conflictos por la tierra y dañaría los sistemas de alimentos y ecosistemas.
¿Debemos espantarnos? Sí. Las actividades humanas y la quema de combustibles fósiles tienen al planeta con un calentamiento de 1.1 grados centígrados y fenómenos hidrometeorológicos devastadores.
Evitar que el peligro siga creciendo requiere que gobiernos nacionales y locales, empresas e industrias y la sociedad sumen voluntades para cambiar las economías, los estilos de vida, dejar los combustibles fósiles en los suelos, acelerar el financiamiento (para mitigación y adaptación) y la transición energética, transformar el sistema alimentario, así como restaurar y conservar los ecosistemas.
Si la sociedad es consciente de que las acciones colectivas inciden en la vida pública, habrá una oportunidad; en cambio, si se mantiene pasiva, como la rana en la olla con agua templada que se calienta poco a poco, estará destinada a vivir en un planeta hostil hasta cocinarse.
¿Aún hay oportunidad para limitar el calentamiento? Sí, ésa es la buena noticia, pero también significa un gran desafío, porque requiere voluntad política y vencer las inercias de los intereses destructivos en aras del desarrollo y crecimiento económicos en detrimento del clima y la riqueza natural.
En la presentación del informe Cambio climático 2022: mitigación del cambio climático, Hoesung Lee, presidente del IPCC, fue muy claro: “Estamos en una encrucijada. Las decisiones que adoptemos ahora pueden asegurar un futuro digno… Hay políticas, reglamentaciones e instrumentos de mercado que están resultando eficaces y que, si se amplían y se aplican de una manera más generalizada y equitativa, pueden respaldar una fuerte reducción de las emisiones y fomentar la innovación”.
El IPCC indicó que para limitar el calentamiento se requerirá una transición rápida e importante en el sector energético, como “recortar de forma contundente el uso de los combustibles fósiles, extender la electrificación, mejorar la eficiencia energética y utilizar combustibles alternativos (como el hidrógeno)”.
Esta referencia al hidrógeno debe ser un nuevo punto de partida al que se sume el terreno ganado por las energías solar y eólica, que no sólo han demostrado eficacia, sino también han reducido costos en 85% desde 2010 para hacerlas más asequibles.
Y como se dispone de políticas públicas, infraestructura y tecnologías para realizar cambios en los estilos de vida, Priyadarshi Shukla, del Grupo de Trabajo III del IPCC, aseguró que de aquí a 2050 sí podrán reducirse las emisiones de gases de efecto invernadero entre 40% y 70 por ciento.
El informe resalta el papel que las ciudades pueden jugar en la consecución de los objetivos, como hacerlas más compactas, caminables, disminuir el consumo de energía, electrificar el transporte con fuentes de energía de baja o cero emisión, y mayor absorción y almacenamiento de carbono a través de la naturaleza. Incluso esos cambios reducirían las sofocantes islas de calor.
Continuar a este ritmo de quema de combustibles fósiles acrecienta las amenazas, sin olvidar que se aleja del Acuerdo de París.
Desafortunadamente, la invasión rusa a Ucrania empujó a algunos gobiernos nacionales a regresar a los patrones del pasado. Y si no ha quedado claro, ni un solo país se salva ni se salvará de los impactos exacerbados de un planeta más caliente.
António Guterres, secretario general de la ONU, envió un mensaje después de la presentación del informe del IPCC: “Es una letanía de promesas climáticas incumplidas. Algunos líderes gubernamentales y empresariales dicen una cosa, pero hacen otra. Están mintiendo. Es hora de dejar de quemar nuestro planeta”.
Ponerle límites al calentamiento global y la transformación profunda de sectores a bajas o cero emisiones debe empezar hoy, dejarlo para mañana o no hacerlo sí será firmar una sentencia de muerte.
