Bajemos la cortina, el mensaje cínico desde Azerbaiyán
Cuando en la inauguración de la cumbre más importante para acordar acciones contra la crisis climática se escucha decir en el discurso de apertura, como el que dio el presidente de Azerbaiyán sede de la COP29 de Bakú, Ilham Aliyev, que “petróleo, gas… oro, plata, ...
Cuando en la inauguración de la cumbre más importante para acordar acciones contra la crisis climática se escucha decir en el discurso de apertura, como el que dio el presidente de Azerbaiyán —sede de la COP29 de Bakú—, Ilham Aliyev, que “petróleo, gas… oro, plata, cobre… son recursos naturales y no debe culparse a los países por tenerlos ni por llevarlos al mercado, porque el mercado los necesita”, no queda más que pensar si estos encuentros ya no funcionan o si el cinismo salió del armario.
Además, Aliyev criticó a las naciones occidentales que cuestionan la industria petrolera y gasera de su país y remató: “Pueden citarme, cuando digo que es un regalo de Dios. Quiero repetirlo aquí hoy, ante esta audiencia”.
No es la primera cumbre en la que surge una polémica y declaración fuera de lugar, recordemos que la elección de Sultán Ahmed Al-Jaber como presidente de la COP28, fue criticada al ser director general de la petrolera ADNOC y, no conforme con ello, afirmó que “no existe ninguna ciencia ni ningún escenario que digan que la eliminación progresiva de los combustibles fósiles es lo que va a permitir alcanzar 1.5 grados centígrados”.
Quiso desdecirse, pero el daño estaba hecho y registrado en los medios de comunicación internacionales y redes sociales.
Las palabras dicen tanto como los hechos, pues los datos basados en la ciencia indican que las actividades humanas y la quema de combustibles fósiles no dejan de enviar a la atmósfera emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) causantes del calentamiento del planeta.
Se ha olvidado que el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) había dicho que 2024-2025 debería ser el periodo para que la humanidad alcance el pico de emisiones de GEI y, así, limitar el calentamiento de 1.5 grados centígrados. Después, deberían bajar.
Pero las emisiones han alcanzado un nuevo máximo histórico y esto es un indicio de que la industria de los combustibles fósiles no disminuye producción ni distribución, el dilema central es que, aunque en las negociaciones climáticas se promueve la transición hacia energías renovables, muchas naciones desarrolladas y emergentes aún son altamente dependientes del petróleo y del gas.
La organización Climate Action Tracker trabaja en el monitoreo de las políticas climáticas de los países y ha encontrado que, sin contribuciones determinadas a nivel nacional ambiciosas ni acciones para llegar a emisiones netas cero en este 2024, el camino se enfila hacia un calentamiento de 2.7 grados centígrados para 2100.
Los lentos avances en las negociaciones registrados en las ediciones más recientes de la Conferencia de las Partes y el hecho de que países productores de combustibles fósiles sean anfitriones, como Emiratos Árabes y Azerbaiyán, entre otros temas, motivaron a un grupo de prominentes líderes mundiales y científicos climáticos a señalar la urgencia de reformar el proceso de la COP.
En una contundente carta abierta dirigida a todos los Estados miembros, a Simon Stiell, secretario ejecutivo de la Secretaría de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), y a António Guterres, secretario general de la ONU, se asegura la urgencia de reformar la estructura y los procesos de la COP, pues ya no pueden ofrecer la velocidad y la escala exponenciales necesarias para garantizar un futuro seguro.
Los firmantes, entre ellos Ban Ki-moon, exsecretario general de la ONU; Christiana Figueres, exsecretaria ejecutiva de la CMNUCC, y el científico Johan Rockström, director del Instituto Potsdam, destacaron la creciente desconexión entre los ambiciosos objetivos establecidos por el Acuerdo de París, el lento ritmo de su implementación y la influencia de los lobbystas de los combustibles fósiles.
A la COP28 de Dubái asistieron casi dos mil 500 cabilderos de combustibles fósiles, mientras que en esta COP29, que ayer inició su segunda semana de negociaciones —por cierto, con más peros que avances—, hay mil 773 lobbystas, que superan a las delegaciones de los países más vulnerables y al personal de casi todos los Estados presentes.
Además, dicen, se necesita pasar de la negociación a la implementación, “lo cual permitirá cumplir con los compromisos acordados y garantizar la urgente transición energética y la eliminación gradual de la energía fósil”.
Así, son siete propuestas de los firmantes: 1) Mejorar el proceso de selección de las presidencias de la COP. 2) Agilizar la labor para lograr mayor velocidad y escala. 3) Mejorar la implementación y la rendición de cuentas. 4) Garantizar un seguimiento sólido del financiamiento climático. 5) Amplificar la voz de la ciencia autorizada. 6) Reconocer las interdependencias entre la pobreza, la desigualdad y la inestabilidad planetaria. 7) Mejorar la representación equitativa.
No se ve el fin de las cumbres climáticas, que si bien han tenido logros importantes como el histórico Acuerdo de París, persisten procesos de negociación climática poco eficaces, opacos y de ambición insuficiente.
Aún es temprano para realizar un balance de la COP29, pero mantener viva la esperanza de un mundo más sostenible y resiliente es frágil.
No sólo el elefante está en la sala, también el cinismo y la hipocresía.
