¡Ayer hizo mucho calor! —¡Y hoy, mañana… siempre!

En un giro dramático de eventos, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, proclamó que la era del calentamiento global ha culminado. No, no fue un anuncio esperanzador, fue una alerta que marca un nuevo hito: la era de la ebullición, presente y ...

En un giro dramático de eventos, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, proclamó que la era del calentamiento global ha culminado. No, no fue un anuncio esperanzador, fue una alerta que marca un nuevo hito: la era de la ebullición, presente y futuro inminentes de incandescencia.

Las advertencias de científicos y expertos ya no deben ser ignoradas, es momento de enfrentar la cruda realidad.

Este cambio climático devastador no es un evento natural: “Los humanos son los responsables”, afirmó Guterres.

La humanidad está sumergida en una realidad en la que un día es más caliente que el anterior, cada mes más tórrido que el último, y cada año, sin excepción, establece un nuevo récord de calor.

Datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y de ERA5, del Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S), señalan que julio de este año se perfila a ser el más caliente jamás registrado debido a la quema de combustibles fósiles.

El científico del clima Ed Hawkins posteó en X, antes Twitter, que “cada nueva licencia de petróleo y gas dificulta que el mundo alcance emisiones netas cero y, por lo tanto, detenga el calentamiento global. Cada retraso en detener el calentamiento global significa peores impactos climáticos y más sufrimiento”.

Las olas de calor arrasan ciudades, campos de cultivo y bosques; los incendios forestales se multiplican y los océanos se calientan hasta niveles sin precedentes. Nuestro hogar, la Tierra, está en llamas y nosotros somos los pirómanos.

Ya no hay margen para la duda ni podemos negar la responsabilidad humana en este desastre.

No sólo la humanidad, causante del desequilibrio y caos climático, enfrentará las inminentes consecuencias.

Un cambio climático de esta magnitud se asemeja a una olla hirviendo con cada incremento de temperatura amplificando el caos atmosférico y oceanográfico. Es una analogía apropiada, que resalta la peligrosidad de la situación. No sólo es un calentamiento progresivo, sino una efervescencia global descontrolada que amenaza con desestabilizar los sistemas planetarios que dan vida.

La evidencia más alarmante de esta ebullición global se manifiesta en el reciente colapso de la corriente del Atlántico. Este fenómeno, crucial para la regulación del clima global, se encuentra en una situación sin precedentes, por lo cual los científicos atónitos.

La corriente del Atlántico, también conocida como la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés), actúa como una cinta transportadora termodinámica, que redistribuye el calor del ecuador hacia el norte, donde se enfría y se hunde, impulsando las corrientes del Atlántico. Un exceso de agua dulce proveniente del derretimiento de la capa de hielo de Groenlandia y otros hielos sofocan cada vez más las corrientes. El desequilibrio podría desatar cambios climáticos drásticos y rápidos.

Un estudio publicado en la revista Nature advierte que la AMOC podría colapsar entre 2025 y mediados de este siglo si las naciones desarrolladas y en desarrollo —y yo agrego aquellas que se niegan a abandonar los combustibles fósiles, pregonan tener gasolinas y diésel ecológicos y deforestan como si eso solucionara algo— continúan con actividades emisoras de gases de efecto invernadero.

La AMOC es una corriente que juega un papel crucial en la regulación del clima del Atlántico Norte y del mundo. Su colapso sería apocalíptico para los patrones climáticos globales, causando inviernos más extremos, aumento del nivel del mar y desplazamiento del monzón en los trópicos. Literalmente, nadie en el planeta estaría a salvo.

Uno de los científicos estudiosos de la AMOC, Stefan Rahmstorf, climatólogo y oceanógrafo alemán de la Universidad de Potsdam, indicó que aún existe gran incertidumbre sobre dónde está el punto de inflexión de la AMOC, pero el nuevo estudio de Nature se suma a la evidencia de que está mucho más cerca de lo que se había proyectado.

“Cuando múltiples enfoques han llevado a conclusiones similares, esto debe tomarse muy en serio, especialmente cuando estamos hablando de un riesgo que realmente queremos descartar con 99.9% de certeza. Ahora ni siquiera podemos descartar cruzar el punto de inflexión en la próxima década o dos”, dijo a The Guardian.

Por su parte, el climatólogo y geofísico Michael E. Mann, en su cuenta de X indicó que debemos estar preocupados, porque es uno de los puntos de inflexión, y si bien no se entraría a una nueva era de hielo, “probablemente disminuya la productividad de los océanos (y las poblaciones de peces), una de las pesquerías naturales clave del mundo, y aumente más y más rápido el nivel del mar a lo largo de la costa este de Estados Unidos”.

Así, estamos presenciando un giro muy, pero muy peligroso en la trama de la narrativa climática de la Tierra.

No es un asunto de si pasará, sino de cuándo. Y el cuándo es ahora.

A pesar de que las señales de advertencia están ahí, y cada vez son más fuertes, aún hay quienes se resisten a tomar las medidas necesarias para mitigar esta crisis. No obstante, no podemos darnos el lujo de ignorar los hechos. Si no actuamos de inmediato, los efectos de la ebullición global se intensificarán, convirtiendo nuestro planeta en un lugar inhóspito.

Imaginemos un mundo donde los océanos ya no pueden amortiguar el calor y los desastres naturales se vuelven la norma, no la excepción.

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