Aranceles perpetuarán el viejo y contaminante parque vehicular

Bajar las emisiones de gases de efecto invernadero GEI del sector transporte es clave para cumplir los compromisos climáticos de México ante el Acuerdo de París, pero hay decisiones que, en vez de superar los obstáculos como el rezago en mitigación y adaptación, suman ...

Bajar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del sector transporte es clave para cumplir los compromisos climáticos de México ante el Acuerdo de París, pero hay decisiones que, en vez de superar los obstáculos —como el rezago en mitigación y adaptación—, suman nuevos.

La iniciativa de aumentar los aranceles a los autos chinos de 20% a 50%, el máximo permitido por la Organización Mundial de Comercio, podría descarrilar la Contribución Determinada a Nivel Nacional de reducir 35% las emisiones de GEI hacia 2030, no porque vaya a frenar la transición energética, pensarlo sería ingenuo, sino porque abonaría para mantener por más tiempo un parque vehicular obsoleto.

De los autos que se importan de marcas chinas, aproximadamente 30% son electrificados y 70% son de combustión interna, de acuerdo con cifras de la industria.

Ahora bien, de todos los coches que se venden, aproximadamente 20% son chinos, “pero de ese porcentaje, la mitad son de marcas chinas, y el otro 10% es de armadoras tradicionales que fabrican en China, como General Motors, Ford, Stellantis, Kia, entre otras”, dijo Luis Lozano, expresidente de Toyota México.

De aprobarse los aranceles, indicó que no habría impacto en la transición energética, porque hay otros factores que más afectan.

Explicó que, primero, no significa que no puedan venderse los eléctricos, va a ser más caro importarlos; y segundo, “si suben los precios sería lo natural, porque se dice que el gobierno chino subsidia la producción, por eso se impondrían las tarifas y, si son más caros, no quiere decir que no estén disponibles para el mercado”.

Si los vehículos chinos se encarecen, habrá gente que deje de adquirirlos sin importar la marca, incluidas las que ahora venden más electrificados.

Esto se traduce en autos más caros que perpetuarían un parque vehicular envejecido y altamente contaminante.

La edad promedio del parque vehicular mexicano a 2024 fue de 16.2 años, según datos de Integrate Data Facts, que lo ubicó entre los más viejos del planeta.

Y en el país circulan más de 38.4 millones de vehículos, que pertenecen al segmento de ligeros como los compactos, las SUV y otros que no excedan de 3.5 toneladas.

El problema es que aún hay muchas chimeneas rodantes de camiones pesados y de pasajeros foráneos y urbanos, coches y taxis viejos, además de los casi dos millones 560 mil autos chocolate regularizados en la administración pasada, política que sumó contaminantes atmosféricos y restó autos nuevos con tecnología cero emisiones y los que son más eficientes en el consumo de gasolinas.

Y si el parque vehicular es viejo, obsoleto y contaminante es porque no existen programas que incentiven la chatarrización y la compra de autos nuevos. Los créditos son caros y el poder adquisitivo se pulveriza.

Datos oficiales indican que los vehículos que circulan en las calles y carreteras son responsables de 90% de las emisiones de dióxido de carbono y en conjunto (más aéreo y marítimo), el sector transporte contribuye con 25% de las emisiones de GEI totales, causantes de la crisis climática de origen antropogénico.

Esto es un desafío climático significativo, porque los vehículos más antiguos carecen de sistemas de control de emisiones.

Lozano recordó que un auto viejo contamina 72 veces más que uno nuevo.

Así que la transición energética y la descarbonización del sector transporte va más allá de los autos chinos o de los eléctricos, sean de la marca que sea.

Para la electrificación del país, apuntó, primero es importante incrementar la capacidad de generación eléctrica vía fuentes limpias y así cambiar la matriz fósil y, segundo, es fundamental aumentar las estaciones de recarga para los vehículos puramente eléctricos.

De otra manera, sólo se cambia el CO2 de un lado a otro y si no hay estaciones de recarga, la gente no va a comprar vehículos eléctricos, como está pasando en muchas partes del mundo, sentenció.

Como especialista de la industria automotriz y conocedor de sus desafíos, está cierto de que el mundo no será ciento por ciento de vehículos eléctricos, “será de 30% o poco más, habrá otras opciones, y todas las tecnologías, incluidos los motores de combustión interna, van a tender a hacerse más eficientes, ésa es la buena noticia”.

En el caso de México, agregó, los vehículos híbridos son idóneos, pero lo más relevante sería una política pública integral enfocada en la reducción de gases de efecto invernadero, transición hacia las energías limpias de manera acelerada y priorizar acciones para renovar el parque vehicular total con incentivos fiscales para adquirir, por ejemplo, más híbridos.

Y esto tiene una razón: si aumentan los eléctricos y los híbridos conectables, no habría energía suficiente para sostener la demanda.

Los japoneses, recordó, hicieron un ejercicio: “Si el genio de la lámpara mágica cambiara todos los autos por eléctricos no habría manera de recargarlos; para hacerlo, Japón tendría que invertir 800 mil millones de dólares en 10 nuevas plantas nucleares para poder sostener la demanda de todos esos coches eléctricos… no es posible”.

La transición hacia una movilidad sustentable será posible con una política pública integral e inversiones tanto para energías limpias, como para renovar el transporte público; además de cambiar el parque vehicular viejo, incluido el pesado, y cerrar el paso a las unidades chocolate sucias y obsoletas. Pero lo más importante es la voluntad política.

El presente y futuro necesitan una visión innovadora y no una vista corta.

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