México enfrenta con severidad los impactos de la triple crisis planetaria, así como de la bancarrota hídrica de manera diferenciada y cada año se registra una avalancha de récords, como la sequía más prolongada o lluvias e inundaciones extremas. Frenar o revertir estas problemáticas requiere una respuesta efectiva que la ciencia se ha encargado de señalar durante décadas.
Bosques que fabrican agua o ciudades que vuelven a respirar cuando la naturaleza recupera territorios que había perdido es una lógica que la ciencia llama soluciones basadas en la naturaleza (SbN).
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza define a las SbN como acciones para proteger, restaurar y gestionar de manera sostenible los ecosistemas con la finalidad de enfrentar desafíos sociales, económicos y ambientales.
Así, las SbN son uno de los consensos más amplios de la política ambiental a nivel global, porque contribuyen a mitigar el calentamiento global, construyen resiliencia en las comunidades, protegen la biodiversidad y son costo-efectivas, entre otros beneficios.
Y en el país las SbN son ejecutadas desde las esferas pública y privada por separado o en alianzas, pero aún son poco utilizadas; además, son varios desafíos, pues hay que mantenerlas, monitorearlas, medir resultados e impactos y replicarlas en más lugares.
En el manejo y gestión del agua hay algunos ejemplos.
En la esfera pública. Como sabemos, la Ciudad de México fue levantada sobre un lago; paradójicamente, hay zonas donde el agua falta la mayor parte del año, pero cuando llueve, calles se inundan y forman ríos de destrucción.
Para enfrentar lo anterior, el Gobierno de la CDMX, bajo el diseño y supervisión de la Secretaría de Gestión Integral del Agua, construyó un sistema que incluye un jardín de lluvia en las inmediaciones del estadio Azteca.
Se trata de una SbN que tiene como finalidad gestión del agua, infiltración pluvial y evitar inundaciones.
Es un pequeño ecosistema que cuenta con suelo permeable y un canal con piedras que permiten la infiltración. Incluye la construcción de dos tanques tormenta y la rehabilitación de ocho pozos.
Todo un sistema que puede captar 10 mil metros cúbicos de agua, equivalente a mil pipas de 10 mil litros al día, de acuerdo con José Mario Esparza, titular de la Segiagua.
Las autoridades presentaron el jardín de lluvia como uno de los más grandes de su tipo en el país y una pieza emblemática de la adaptación urbana rumbo al Mundial, ya que la CDMX es sede de la inauguración, a llevarse a cabo en el estadio Azteca, además de algunos encuentros. Y la Copa del Mundo llega en medio de la temporada de lluvias.
Lo más importante es que el proyecto tendrá beneficios para los habitantes de la zona, al mitigar el riesgo de inundaciones y no se presione de más el drenaje, como sucedió en 2025.
Todo este sistema ojalá sea el inicio de una nueva forma de pensar la infraestructura en la CDMX, porque sí se puede. La academia y el propio gobierno tienen detectados puntos de infiltración, como algunas barrancas.
Las SbN son procesos ecológicos que sirven para resolver problemas urbanos complejos. Y a la CDMX le urge.
En la esfera privada. En los últimos cinco años, Grupo Modelo movilizó más de 30 millones de dólares para proyectos ambientales bajo cuatro pilares: gestión del agua, agricultura inteligente, empaques circulares y acción climática. Y si hay un eje que engloba el desafío ambiental de México, ése es el agua.
Desde 2017, la empresa ha logrado reducir en 42% el consumo de agua por hectolitro de producción en sus operaciones. No es un dato menor para una industria que usa el agua como materia prima esencial. Además, todas sus plantas cuentan con sistemas de tratamiento que permiten devolver el recurso al entorno o reutilizarlo en procesos productivos.
En 2021 nació Aguas Firmes, un proyecto de seguridad hídrica con miras hacia 2027 desarrollado junto con la Agencia de Cooperación Alemana (GIZ, por sus siglas en alemán) y Coca-Cola. La iniciativa público-privada inició con una inversión de 14.4 millones de dólares que ha escalado hasta alcanzar 24.4 millones. El objetivo es restaurar acuíferos estratégicos mediante soluciones basadas en la naturaleza.
Los territorios para el proyecto no fueron elegidos por casualidad: Apan, en Hidalgo, y Calera, en Zacatecas, dos zonas clave para la recarga de los acuíferos y, a partir de 2024, el proyecto llegó a la CDMX, donde la presión sobre el agua subterránea es cada vez mayor.
Esta SbN ha logrado infiltrar 13.4 millones de metros cúbicos de agua o el equivalente a 5 mil 360 albercas olímpicas, gracias también a la agricultura sustentable en más de 14 mil 500 hectáreas.
Otro proyecto es Ameyalli, en Guanajuato, que ha demostrado que prácticas como el riego por goteo, la rotación de cultivos y la cobertura vegetal pueden aumentar la productividad agrícola en más de 20% mientras se ahorra agua, 1.2 millones de metros cúbicos hasta ahora.
En Guadalajara, la restauración socioambiental Charco Bendito ha logrado reforestar con más de 105 mil árboles en 250 hectáreas y alcanzar un potencial de infiltración cercano a 900 mil metros cúbicos de agua. Este proyecto reúne a 12 empresas que decidieron trabajar juntas en la misma cuenca del Río Santiago, una de las más presionadas.
Así, en este país donde el agua se agota, infiltrar millones de metros cúbicos de lluvia en los acuíferos, instalación de riego tecnificado, agricultura sustentable, reforestación son apuestas por el futuro y son costo-efectivas. Instrumentar SbN desde lo público y privado comienza con algo tan simple como permitir que la lluvia vuelva a tocar la tierra.
